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Busquemos
el Reino de Dios
A veces se nos olvida caminar en pos de la santidad. Dios no nos
ha llamado a la mediocridad de espíritu, sino que nos ha elegido
para levantarnos en medio de las dolencias y las situaciones
precarias de la vida. Debemos olvidar las gratificaciones que
nos llevan a ser personas dependientes de las distracciones
externas.
Tenemos que expulsar los perennes deseos de poseer más y más,
sin importarnos de qué manera lo vamos a lograr. Sin embargo, si
tuviéramos la oportunidad de pedir tres deseos a Dios,
encontraríamos muy natural que cumpliera con nuestros caprichos
sin tener en cuenta la importancia de buscar Su Gracia.
Pero los anhelos que persigue la mente, no siempre cumplen con
los deseos del alma.
La mayoría de las veces preferimos recompensar nuestra vida, con
las cosas que producen un contento superficial. Abandonamos
entonces las necesidades inmediatas, las cuales transitan sin
rumbo por la mente y no por el corazón.
No obstante, y a pesar de todo, Dios nos dice en el Salmo 37:4
“Ama al Señor, con ternura, y Él cumplirá tus deseos más
profundos”.
Lo que mantiene salvo a nuestro espíritu, es poder escoger lo
verdadero y real. La falsa alegría que divierte al espíritu, se
desvanece de inmediato; pues el satisfacer nuestros deseos
mundanos con trivialidades que no tienen valor espiritual, hace
que al final quedemos vacíos.
Vivimos en esa lucha constante, y nos desgastamos por subsistir
por encima de nuestras posibilidades monetarias. El consumismo
nos derriba, nos atropella y nos lleva a tener deudas.
Sin embargo, el Reino de Dios nos ofrece todo lo contrario. El
Señor desea que nos unamos a Él, para que nuestros sueños se
realicen de una manera sana y fructífera. Su intención para con
nosotros, es que vivamos una vida plena, con aspiraciones
verdaderas y un corazón abierto a las necesidades de otros.
Dios desea que destruyamos nuestra condición de ser esclavos del
dinero, de la avaricia y de la envidia, para que preparemos
nuestro corazón a estar atento a las bendiciones que Él nos
brinda.
Dice la Palabra del Señor: “por eso debemos acercarnos a Dios
con corazón sincero y con una fe completamente segura, limpios
nuestros corazones de mala conciencia y lavados nuestros cuerpos
con agua pura” (Hebreos 10:22).
Hay algo que nos protege de la superficialidad y que nos dicta
el corazón, y es Su Palabra.
Busquemos, pues, el Reino de Dios, antes que el reino del mundo.
Busquemos las recompensas de Dios, antes de buscar las
recompensas del hombre. Vayamos por la Gloria de Dios, en vez de
glorificarnos por nuestros alcances y éxitos personales.
Pidamos al Señor tres deseos: Salud, amor y caridad. Salud para
el cuerpo, amor para el espíritu y caridad para nuestros
semejantes.
“Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que
profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho” (Hebreos
10:23).
Autora del libro
¡Mujer, levántate!
Mujernueva00@aol.com
http://www.brisauniversal.com/
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