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EN COMUNIÓN

 

Conflicto cristológico:
P. Jon Sobrino, S.J. y Santa Sede

 P. Eduardo M. Barrios, SJ

Hay un dicasterio vaticano encargado de promover y tutelar la doctrina sobre la fe y costumbres, la “Congregación para la Doctrina de la Fe”. Con fecha 26 de noviembre de 2006 emitió una notificación sobre errores cristológicos contenidos en dos obras del teólogo jesuita P. Jon Sobrino, aclarando que no se juzgan las intenciones subjetivas del escritor, sino esos escritos.

En sus Ejercicios Espirituales dice San Ignacio que “todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla” (No. 22). Aquí “prójimo” es el P. Sobrino, que se presenta como teólogo católico. Y también “prójimos” son el papa, el cardenal prefecto de la Congregación y demás consultores de la misma, que tienen el deber de pronunciarse en materias de doctrina cristiana.

Esta dimensión apostólica del servicio petrino hunde sus raíces en las preocupaciones doctrinales de los primeros apóstoles. Ya San Juan tuvo que lidiar con las primeras desviaciones cristológica, las docetistas, que negaban la realidad de la humanidad de Jesús: “Ahora han surgido en el mundo muchos seductores, los cuales no reconocen que Jesucristo es verdaderamente hombre” (2Jn. 7). Por su parte, San Pablo exhorta a los primeros líderes eclesiales a custodiar la “sana doctrina” y el “depósito de la fe”: “Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta; hazlo con mucha paciencia y conforme a la enseñanza. Porque vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina…” (2Tim. 4,2-3).

En veintiún siglos de cristianismo, el depósito doctrinal no ha crecido ni un centímetro ni una onza. Sólo crece la teología o reflexión sobre la fe, mediante la cual se expresa la doctrina en categorías correspondientes a los diferentes tiempos y culturas. Misión de la teología es explicar mejor, no cambiar la doctrina.

Imposible exagerar la importancia que la Iglesia concede a la doctrina cristológica. No es lo mismo que la Iglesia cambie un rito litúrgico, como por ejemplo el lavatorio de manos antes de la plegaria eucarística, a que cambie enseñanzas sobre Jesucristo. Un gran profeta del siglo XX, el ítalo-germano Romano Guardini, escribió: “La fe cristiana no es una religión de ideas o de organización eficiente. El cristianismo es Jesús. Podemos conocer a Dios porque ha venido a nosotros en una realidad corporal llamada Jesús. Dios se ha hecho carne. El mismo Jesús lo declara a un apóstol: ‘Felipe, quien me ha visto a mí ha visto al Padre’” (Jn. 14,9).

No siempre hay que atribuir los errores en cristología a la mala voluntad de sus exponentes. Con frecuencia suceden por tratar de subrayar una verdad con menoscabo de otras. Los autores heterodoxos suelen multiplicar lo simple o simplificar lo complejo.

Nestorio, por ejemplo, cayó en herejía por multiplicar las personas en Cristo, siendo así que la Iglesia siempre ha enseñado que en Jesús sólo se encuentra una persona, la del Hijo Eterno.

Las primeras simplificaciones negaron la naturaleza humana de Jesús; según variantes, esas heterodoxias se conocen como docetismo, monofisismo, monotelismo, etc. En el origen de otro reduccionismo, el de negar la divinidad de Jesús, se encuentra Arrio, el cual afirmaba que el Hijo era criatura. De modo que su herejía comenzó por la Santísima Trinidad, y luego desembocó en error cristológico: si el Hijo no es divino, tampoco el Hijo encarnado lo sería.

De ningún modo hemos de ver las doctrinas sobre Jesucristo como ejercicios mentales. No. Afectan la vida de los fieles. Si Jesús no fuera hombre, sería incapaz de comprendernos; no sería nuestro hermano mayor; no habría asumido lo que vino a salvar. Y si Él no fuese divino, no podría salvarnos, pues estaría a nuestro nivel de insuficiencia humana.

No es primera vez que hay desencuentros entre teólogos católicos y la Sede Apostólica. Esperemos que la crisis “P. Sobrino-Congregación para la Doctrina de la Fe” se resuelva mediante el ejercicio de las sólidas virtudes cristianas de caridad, abnegación, humildad, comprensión y obediencia, y que salgan ganando todos, sobre todo el pueblo llano que tiene derecho a que se le predique a Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

Sacerdote jesuita
Ebarriossj@aol.com