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 Ésta puede ser la hora...

El legado de la revista Vitral

 Emilio de Armas

Durante más de trece años, y de manera constante y lúcida, Vitral, "revista sociocultural del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río" ha sido un "espacio para la transparencia, la reflexión pluralista y la luz multicolor desde Cuba", y sobre Cuba. Un espacio intelectual, cívico, moral y espiritual que ha emprendido y fomentado el rescate de una de las más nobles tradiciones de la cultura nacional: la de reflexionar con voluntad activa acerca de la historia y el "alma" de un país que, por circunstancias que tal vez vayan más allá de las meramente económicas y políticas, ha padecido y enfrentado el aislamiento (a-Islamiento) como signo casi permanente de su existencia.

 Con el Valle de Viñales como fondo, Dagoberto Valdés muestra una de las enormes "yaguas" que recoge para ganarse la vida, después de habérsele impedido ejercer su profesión de ingeniero.
Foto Archivo de La Voz Católica

Y hoy este país le debe a Vitral nada menos que un legado intelectual de reflexión serena y esperanzadora, de claro y valeroso ejercicio ético, de pensamiento generoso y crítico, y, sobre todo, de ejemplar testimonio de cristiandad y de catolicidad, entendidas y practicadas ambas en el más claro sentido evangélico. Un legado que, por sí sólo, basta para demostrar que la coralidad del temor y el oportunismo nunca será capaz de ahogar totalmente la luz del pensamiento humano, cuando este pensamiento se levanta sobre las raíces de una cultura nacional que, antes de Vitral, se ha expresado a través de publicaciones de tanta significación como El Habanero, de Félix Varela; la Revista Cubana, de Enrique José Varona; el periódico Patria, de José Martí; la Revista de La Habana, de Cosme de la Torriente; la revista Orígenes, de José Lezama Lima...

 Portada del número 78 de la revista Vitral, donde se anuncia que no es posible seguir garantizando su publicación debido a "falta de recursos".

Y hoy, en una de las épocas más dolorosas y cruciales en la historia de Cuba, la revista Vitral, de Dagoberto Valdés Hernández, resplandece como la más cabal demostración de que esta familia espiritual no ha muerto ni se ha marchado de la Isla. Basta con recorrer sus páginas –que son su formidable legado– para reconocer allí lo que tal vez más necesitamos los cubanos: la preservación y la continuidad de nuestra historia espiritual, el ejercicio de un pensamiento crítico creador que busca no sólo la reconciliación –o la simple conciliación– de todos los factores sanos que integran el drama del país, sino la regeneración de una conciencia nacional sumida en el letargo cívico, moral y espiritual más peligroso que haya padecido un pueblo de nuestra América.

Vitral no sólo ha honrado al Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río y a la Iglesia de Cuba: Vitral ha honrado a Cuba toda hasta el momento mismo de despedirse, con un editorial donde la frase ésta puede ser la hora resuena como un aldabonazo hondo y persistente. Un editorial que es un verdadero programa para lograr la regeneración nacional.

A sus páginas habrá que volver en busca de la libertad de la luz.

 

 Vitral, mayo-junio de 2003,
Año X # 55.

 Vitral, julio-agosto de 2004,
Año XI # 62.

 Vitral. noviembre-diciembre de 2005, Año XII # 70.

Vitral, mayo-junio de 2005,
Año XII # 69.