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El obispo maestro asigna “tareas” a los sacerdotes y a los
estudiantes
Durante la Misa Crismal anual, el Arzobispo John C. Favalora
pidió a los niños que oren todas las noches por las vocaciones,
y urgió a los sacerdotes a “dirigir con su ejemplo”
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
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El Arzobispo Favalora vierte el crisma en el óleo que será
utilizado para las confirmaciones y las ordenaciones. A la
derecha, el óleo de los catecúmenos, utilizado durante los
bautismos, y a la izquierda el óleo utilizado para la unción de
los enfermos.
Fotos: Ana Rodríguez-Soto/TFC |
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Al ejercer su papel como maestro, el Arzobispo John C. Favalora
asignó una tarea vitalicia a todos los niños de la Arquidiócesis
que asistieron a la Misa Crismal anual en la Catedral St. Mary.
Luego se dirigió a los sacerdotes, a quienes también dio un año
de tareas como preparación para la celebración del 50º
aniversario de la Arquidiócesis de Miami.
“Cada noche, antes de dormir, quiero que ustedes recen un Padre
Nuestro, un Ave María y un Gloria por todos los sacerdotes, los
religiosos y las religiosas”, dijo el arzobispo a los cientos de
niños que llenaron la catedral el 3 de abril.
“Por el resto de sus vidas”, enfatizó. “Ustedes se lo deben a
los hombres y las mujeres que dedican sus vidas a la Iglesia, a
servirles”.
Los estudiantes, acompañados por sus maestros, representaban 15
escuelas elementales arquidiocesanas, y seis escuelas superiores.
Provenían desde ciudades tan al sur como Homestead, y tan al
norte como Fort Lauderdale.
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Estudiantes
del octavo grado de la escuela Sts. Peter and Paul, en Miami,
oran durante la comunión. |
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El arzobispo les explicó el significado de la Misa Crismal,
durante la cual son bendecidos los óleos utilizados en las
parroquias a lo largo del año: el óleo para la unción de los
enfermos; el óleo de los catecúmenos, para ungir a los
bautizados; y el óleo del crisma, para ungir a quienes son
confirmados y ordenados.
“Todos hemos sido ungidos con estos óleos en alguna ocasión”,
indicó el arzobispo al recordar a los estudiantes su bautismo.
“Ustedes han sido consagrados, de la misma manera que los óleos
son consagrados. Ustedes son muy especiales para el Señor”.
Al dirigirse a los sacerdotes, el arzobispo les urgió a “dar el
ejemplo de la renovación espiritual que deseamos y a la que
llamamos a nuestro pueblo durante el año jubilar”.
El arzobispo se refería a la celebración del jubileo de oro de
la Arquidiócesis, que dará inicio el próximo mes de octubre y
continuará con un año de preparativos que culminará con la
celebración del aniversario en octubre de 2008. La diócesis de
Miami fue establecida el 7 de octubre de 1958, y fue elevada a
arquidiócesis 10 años después.
Les llamó a pasar el año “en la renovación de los elementos
esenciales de su sacerdocio, su vida personal, y su ministerio
pastoral”. Citó cuatro áreas específicas en las que deben
concentrar sus esfuerzos: la celebración de la eucaristía
dominical; la confesión personal; la interacción con sus
hermanos sacerdotes, y la participación en los retiros anuales.
También les urgió a repasar la carta pastoral del Papa Benedicto
XVI sobre la eucaristía, Sacramentum Caritatis (“El
sacramento de la caridad”). Dijo que, aunque no contiene nuevas
enseñanzas, “cuenta con muchas aplicaciones que ilustran las
normas para los músicos de la parroquia, y para el sentido de
reverencia que siempre debe predominar en nuestras celebraciones”.
Sobre el tema de la confesión, el arzobispo hizo un llamado “a
todos nuestros sacerdotes a que prediquen sobre el sacramento de
la penitencia, y a promover que sea recibido frecuentemente”.
Observó que muchas parroquias han revivido la práctica de
ofrecer confesiones antes de todas las misas durante los fines
de semana.
“Aplaudo esa práctica”, expresó el Arzobispo Favalora. “Cuando
la confesión está disponible fácilmente, el pueblo responde”.
Añadió que los mismos sacerdotes deben frecuentar la confesión.
“Estoy convencido de que si la confesión regular, sincera e
íntegra no es parte de sus ejercicios regulares espirituales, su
ministerio puede convertirse –y se convertirá– en farisaico. Les
exhorto a ver la maravillosa gracia de la reconciliación como
una oportunidad para liberarles de las muchas tensiones,
tentaciones y pecados a los que es propensa nuestra naturaleza
humana”, dijo el arzobispo.
También les llamó a que “saquen tiempo para asistir a las
actividades del clero, no sólo para su propio crecimiento
personal sino porque, por su ordenación, ustedes son parte del
presbiterado. Cuando no estamos presentes los unos para los
otros, el presbiterado sufre”.
La asistencia a las actividades del clero también recuerda a los
sacerdotes que “no somos llaneros solitarios”, expresó el
arzobispo. “Teológicamente, nunca podemos decir ‘mi misa, mi
parroquia, mi ministerio’. Todo pertenece a la Iglesia”.
Por último, indicó que todos los sacerdotes arquidiocesanos
deben asistir al menos a un retiro espiritual anualmente.
“Las preocupaciones pastorales pueden devorarnos, así como a
nuestras energías espirituales. Las leyes de la Iglesia y el
sentido común nos indican la importancia de apartarnos de los
demás y retirarnos a un lugar tranquilo para orar, como lo hizo
Jesús”, dijo el arzobispo. “Si motivamos a nuestros feligreses a
apreciar y a asistir a los retiros con regularidad, es más
importante que nosotros demos el ejemplo”.
“Me pareció una ceremonia increíble”, expresó Caroline Spitzer,
estudiante de 11º grado en la escuela superior St. Thomas
Aquinas, de Fort Lauderdale, quien visitaba la catedral por
primera vez. “Fue una hermosa experiencia”.
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