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El espíritu de Columbus

El Hno. Kevin Handibode cumple 35 años en la enseñanza superior de Miami, y 50 de vida religiosa.

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

 Hno. Kevin Handibode.

Le llaman “Mr. Columbus”, y lo describen como “pegamento cósmico”. Los maestros y sus Hermanos Maristas se maravillan por la facilidad con la que puede obtener donativos de los ex alumnos.

Ese trabajo se le hace fácil porque, durante 35 años, el Hno. Kevin Handibode se ha hecho amigo de los graduandos de la escuela superior Christopher Columbus, una escuela de varones que pertenece y es administrada por los Hermanos Maristas en la Arquidiócesis de Miami.

En la actualidad, el Hno. Handibode es su presidente y el principal responsable de las finanzas y el desarrollo de Columbus, que tiene una matrícula de 1,370 estudiantes.

Su trabajo en la escuela comenzó como maestro en 1966. En 1968 fue ascendido a decano de disciplina; en 1970 se convirtió en el entrenador del equipo de baloncesto; en 1975 fue nombrado director atlético; en 1980 fue designado como director para el desarrollo de la escuela, y en 1988 fue nombrado su director.

En 1993 se marchó para dirigir la escuela superior marista en Nueva York, pero en 1999 regresó a Columbus como director de desarrollo, y desde 2001 ha sido su director. Aunque ya no da clases, permanece como entrenador del equipo de baloncesto de noveno grado.

 El Hno. Kevin Handibode entrenó el equipo de baloncesto de Christopher Columbus de 1970 a 1988. Esta foto fue tomada en 1979. Foto de archivo por cortesía de Columbus High

En total, el Hno. Handibode ha permanecido en Columbus durante 35 de sus 50 años como marista.

“Yo llamo al Hno. Kevin pegamento cósmico”, dijo el Hno. Eugene Trzecieski, que lo conoce desde 1961, cuando ambos daban clases en la escuela superior Archbishop Molloy, de los Hermanos Maristas en Nueva York.

“Tiene la habilidad de unir a la escuela entera, desde cualquier aspecto que uno pueda imaginar”, dijo el Hno. Trzecieski al comentar la actitud de “manos a la obra” que tiene el Hno. Handibode en todo lo relacionado a la institución, desde el mantenimiento de los terrenos y las finanzas, hasta el aspecto académico y el atlético.

El propio Hno. Trzecieski ha estado en Columbus desde hace 39 años, más de la mitad de sus 60 años como religioso marista.

Pero “soy sólo un maestro”, dijo. El Hno. Handibode, con su personalidad “dinámica”, es el “espíritu de Columbus”.

“Él representa lo que Columbus representa: las cosas bien hechas, el trabajo arduo, y una gran educación”, dijo Chris McKeon, quien sustituyó al Hno. Handibode como decano de disciplina y director atlético, y lo ha conocido durante 18 años.

“Él es quizás uno de los mejores entrenadores en el condado de Dade”, dijo Butch Staiano, entrenador de baloncesto de Columbus, quien se inició como asistente del Hno. Handibode.

“La ironía es que ahora él es quien entrena el equipo de novatos”, dijo Staiano, al describir al Hno. Handibode como “muy estructurado, muy organizado y un gran maestro” dentro y fuera de la cancha.

“Le debo bastante, de muchas, muchas maneras”, añadió Staiano. “Asistió a mi boda, y ha ayudado enormemente a mi familia”.

“He sido muy bendecido al permanecer aquí por 35 años”, expresó el Hno. Handibode, que comenzó en Columbus cuando la escuela tenía una matrícula de 600 estudiantes.

En la actualidad se encuentra recaudando fondos para finalizar un edificio tecnológico cuyo costo es de $12 millones, y que llevará el nombre de la familia Mas, la de Jorge Mas Canosa, quien estableció la Fundación Nacional Cubano Americana y cuyos tres hijos asistieron a Columbus.

El Hno. Handibode indicó que “el trabajo más difícil, pero el más satisfactorio”, fue el de ser decano de disciplina. “Te da la oportunidad de conocer a muchas personas”.

Señaló que hasta los ex alumnos que tuvieron que sentarse en su oficina por hacer lo que no debían, responden generosamente cuando los llama. “Ellos recuerdan cómo los Hermanos y los miembros laicos de la facultad les ayudaron a llevar sus vidas”.

El Hno. Handibode se sintió atraído hacia la vida religiosa cuando lo matricularon, a la edad de 14 años, en la preparatoria Marista de su Nueva York nativo. Entró a la comunidad cuando tenía 18 años.

“Sencillamente, me encantaba lo que hacían y cómo trabajaban con los niños”, expresó.

Le gusta citar a San Marcelino de Champagnat, fundador de la orden, quien siempre decía: “Deben querer a sus niños, y quererlos a todos por igual”.

Es por esto que los maristas tienen un interés especial en la juventud que atraviesa dificultades económicas o académicas.

“En todas nuestras escuelas tratamos de ayudar a todos los que podemos”, dijo el religioso.

Sobre su permanencia en Columbus, señaló que ha visto “el crecimiento de la escuela. He visto la construcción de nuevos edificios, y sus mejoras. Me alegra saber que pude contribuir a ello. Pero los niños son lo más importante. Si no quieres a los niños, no puedes ser maestro. Los niños te mantienen joven”.