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ESTADOS UNIDOS
Congreso y Casa Blanca anuncian marco para debate de reforma
migratoria
María Peña
EFE
El Congreso y la Casa Blanca acordaron el 17 de mayo el marco de
una reforma migratoria integral que fortalece la seguridad
fronteriza y abre una vía para la legalización de quienes
entraron ilegalmente a los Estados Unidos antes de enero de
2007.
El acuerdo, anunciado luego de tres meses de negociaciones entre
demócratas, republicanos y la Casa Blanca, será la base del
debate sobre el plan de reforma que comenzará en el Senado.
El plan cuenta con la venia del presidente George W. Bush, quien
dijo, desde los jardines de la Casa Blanca, que está “ansioso”
de firmar una reforma lo antes posible. En su opinión, el plan
“crearía un sistema de inmigración seguro, productivo, ordenado
y justo”.
Durante una rueda de prensa, los principales negociadores del
pacto, de más de 300 páginas, insistieron en que no se trata de
una “amnistía” y que el debate permitirá la discusión de
enmiendas.
El Senado prevé dedicarse casi exclusivamente al asunto durante
al menos dos semanas. Cualquier versión que salga del Senado
tendrá que ser armonizada con la que apruebe la Cámara de
Representantes.
Los legisladores dejaron claro que quieren evitar los errores de
la reforma de 1986, que no frenó la inmigración ilegal hacia
Estados Unidos.
“Este plan no es perfecto, pero es un proyecto de ley sólido y
una solución que vale la pena”, dijo el senador Edward Kennedy,
demócrata por Massachusetts.
Por su parte, el senador Arlen Specter, republicano por
Pensilvania, señaló que además de permitir que los
indocumentados “se ganen el derecho” de la residencia
permanente, el plan “restablecerá el imperio de la ley” en la
frontera sur.
El senador republicano (Arizona) y aspirante presidencial John
McCain afirmó que, con este acuerdo, el mensaje para los
empleadores es que el gobierno no tolerará más la contratación
de inmigrantes clandestinos.
Otro republicano, Lindsey Graham (Carolina del Sur), afirmó que
el pacto contribuirá a la competitividad del mercado laboral
estadounidense y permitirá que “tanto el que tiene un doctorado
como un jardinero tengan la oportunidad de convertirse en
americanos”.
Demócratas y republicanos, así como los secretarios de Comercio,
Carlos Gutiérrez, y de Seguridad Nacional, Michael Chertoff,
coincidieron en que aunque será un proyecto muy difícil de
negociar, 2007 es el año del “ahora o nunca” para la reforma, ya
que el próximo año se realizarán elecciones presidenciales.
Entre los principales elementos del acuerdo bipartidista, los
doce millones de inmigrantes indocumentados que se calcula viven
en Estados Unidos recibirán un permiso de trabajo y podrán
solicitar una visa “Z”.
Pero tendrán que cumplir con una serie de requisitos, como pagar
una multa de $5,000, dominar el inglés y carecer de antecedentes
penales. Además, el cabeza de hogar tendría que regresar a su
país de origen en un plazo de ocho años antes de continuar los
trámites.
Como concesión al ala conservadora del Partido Republicano, el
plan también prevé la duplicación del número de inspectores y
agentes de la Patrulla Fronteriza, y la construcción de más
cercas en la zona.
Además, se establecería un programa de trabajadores temporales
en el que se concederían 400,000 visas “Y” por año, pero con
esos documentos los beneficiarios sólo podrían vivir en Estados
Unidos por tres períodos separados de dos años cada uno.
Este programa temporal entraría en vigor siempre y cuando el
Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ponga en marcha los
nuevos perímetros de seguridad en las fronteras.
Los demócratas lograron mantener los principios de reunificación
familiar, con el objetivo de que se reduzcan las demoras para
unos cuatro millones de familias que iniciaron sus trámites
migratorios antes de mayo de 2005.
Las autoridades también otorgarían visados especiales para
trabajadores agrícolas.
Los estudiantes indocumentados que llegaron pequeños a Estados
Unidos y aspiran a una educación universitaria también podrían
solicitar una visa “Z” de tres años, para después pedir la
residencia permanente.
Entre los puntos más controversiales figura un sistema de
puntos, aún en ciernes, que, con base en los niveles educativos
y salariales y nexos familiares de los inmigrantes, determinaría
si éstos son dignos o no de una tarjeta verde.
Aunque se trata únicamente de un marco general para el debate
–para convertirse en ley tiene que ser aprobado por ambas
cámaras del Congreso–, el plan ya suscitó críticas de
legisladores conservadores de la Cámara de Representantes.
La aprobación de esta reforma beneficiaría tanto al Presidente
Bush, que quiere dejar un legado en este campo, como a los
demócratas que ahora controlan el Congreso.
Reacciones contradictorias
El acuerdo pactado entre el Congreso y la Casa Blanca para el
debate de una reforma migratoria integral ya generó descontento
entre grupos de todo el espectro político en Estados Unidos.
Dentro y fuera del Congreso, el acuerdo-marco (que tiene que ser
aprobado por ambas cámaras del Legislativo para convertirse en
ley) renovó las viejas disputas sobre la respuesta más adecuada
a la presencia de los doce millones de indocumentados en Estados
Unidos, y cómo regular los futuros flujos migratorios.
Muchos legisladores moderados y grupos pro-inmigrantes lo
acogieron como un buen punto de partida, pero recomendaron
modificaciones.
Los legisladores hispanos, junto a la presidenta de la Cámara de
Representantes, Nancy Pelosi (D-California), instaron al
Congreso a que apruebe este año una iniciativa migratoria “dura
pero justa, que trate a los inmigrantes de forma digna”.
El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid
(Nevada), manifestó “graves preocupaciones” sobre algunos
aspectos del acuerdo, entre ellos el plan de trabajadores
temporales, y anotó que “tenemos que mejorar este proyecto
durante el proceso legislativo”.
Los congresistas de corte conservador –incluido el senador
demócrata Robert Byrd (West Virginia), y grupos afines–
inmediatamente lo rechazaron como una “amnistía” disfrazada de
reforma que, a su juicio, no merecen los inmigrantes
indocumentados.
El senador republicano Charles Grassley (Iowa) criticó que el
plan se hubiera pactado sin audiencias y sin ofrecer datos sobre
el impacto y los costos de varios de sus elementos.
Algunos aspirantes presidenciales, como el senador republicano
John McCain (Arizona) y la senadora demócrata Hillary Clinton
(Nueva York), también reaccionaron al acuerdo.
Durante una rueda de prensa en la que se anunció el acuerdo,
McCain dijo que apoya el convenio porque castigará la
contratación de indocumentados y evitará los errores de la
amnistía de 1986, que no frenó la inmigración ilegal.
Hillary Clinton, que no estuvo en la rueda de prensa, afirmó en
un comunicado que hará un “escrutinio cuidadoso” del compromiso
bipartidista, “para ver si honra nuestros principios y herencia
de inmigrantes, a la vez que respeta el imperio de la ley”.
El grupo NumbersUSA tachó el pacto de “desastroso”, por
considerar que sólo premiará a quienes violan las leyes
migratorias y alentará “otra inundación de inmigrantes ilegales”
en Estados Unidos.
Grupos como el Consejo Nacional de la Raza, el Foro Nacional de
Inmigración y el Fondo Mexicoamericano para la Educación y la
Defensa Legal (MALDEF) señalaron en sus respectivos comunicados
que se trata, después de todo, de un “punto de partida”, y
quieren ver mejoras al proyecto final.
Eliseo Medina, vicepresidente ejecutivo del Sindicato
Internacional de Empleados de Servicio (SEIU), se quejó de que
el programa de trabajadores temporales, por naturaleza, sólo da
una solución a corto plazo para cientos de indocumentados y
creará “una fuerza laboral de segunda clase”.
“El SEIU no apoyará una repetición de fallidos programas
temporales que minan las protecciones laborales, deprimen los
salarios de los trabajadores estadounidenses y aumentan el caos
de nuestro maltrecho sistema de inmigración”, dijo Medina.
Mientras, el presidente de la federación sindical AFL-CIO, John
Sweeney, lamentó que el pacto “no responde a las raíces de la
crisis de inmigración” y que el programa de trabajadores
temporales, tal como está concebido, creará dos categorías de
trabajadores sin las debidas protecciones.
Ali Noorani, director ejecutivo de la Coalición de Inmigración
de Massachusetts, comentó que el acuerdo allana el camino para
el debate migratorio en el Congreso, aunque “falta comprobar
cuán práctico y realista es el pacto alcanzado”.
José Lagos, presidente de la Unidad Hondureña, señaló que el
convenio “no es absoluto” y sirve de base para negociar una
reforma que “ponga fin a las redadas, detenciones y
deportaciones” que han sembrado el miedo en la población
inmigrante.
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