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EN COMUNIÓN

 

 Niños de “segunda comunión”

 P. Eduardo M. Barrios, SJ

Cuando llega mayo, en muchas parroquias se nota un ajetreo especial en torno a un gran evento infantil, el de las Primeras Comuniones.

Después de un programa catequético más o menos largo y riguroso, según variantes, llega el momento de las confesiones para los niños y niñas que recibirán al Señor en la Sagrada Comunión por primera vez. Y poco después llega el gran día de su Primera Comunión.

En torno al Sacramento confluyen toda una serie de detalles exigentes, desde tarjetas de invitación, estampitas recordatorias, trajes blancos de ocasión (donde los permiten) y ensayos, hasta gran recepción después de la misa.

Concluida jornada tan significativa, quedan los pequeños a la espera de otra gran convocatoria de la Iglesia, la preparación para el Sacramento de la Confirmación. Como esa espera demora unos años, podríamos decir que los menores quedan en una etapa que, por falta de mejor palabra, vamos a llamar de “segunda comunión”.

Esos pequeños presentan un reto grande a la creatividad pastoral de los párrocos. ¿Cómo seguirles la pista? ¿Cómo embullarlos y ocuparlos en algunos grupos como de oración, estudio bíblico y servicio?

No basta que la Iglesia les ofrezca seguimiento a los que comulgaron por primera vez. Hace falta la cooperación de los padres de familia.

En el mejor de los casos, habría interés por parte de los padres en continuar la formación en la fe de sus hijos.

Pero seamos realistas. Con frecuencia muchos niños hacen la Primera Comunión por tradición familiar o por no ser menos que otros compañeritos. En esas circunstancias, más que ante una experiencia espiritual, los menores se encontrarían ante un acto social que brinda a la familia ocasión para festejo.

Cuando los padres de los comulgantes no practican regularmente la fe católica, y cuando ni siquiera están casados por la Iglesia, a los niños se les dificulta entrar en clima de “segunda comunión”. Difícilmente podrán confesarse con regularidad, participar fielmente en la eucaristía dominical y otros días de guardar, e involucrarse en la vida parroquial, sea en calidad de monaguillos (altar servers), cantores u otras funciones, según sus talentos o capacidades.

Entre la Primera Comunión y la Confirmación, los pequeños hacen la transición de la infancia hacia la pubertad y adolescencia. En esos años de cambio nada les hace tanta falta como el apoyo espiritual de una vida eucarísica intensa.

Oremos para que los niños y niñas que han comulgado por primera vez en este mes de mayo, experimenten el gozo de muchas “segundas comuniones” para bien de sus almas, salud de toda la Iglesia y bien de la humanidad. De los niños de hoy depende el mundo de mañana.

Sacerdote jesuita
mailto:Ebarriossj@aol.com