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R E F L E X I O N E S C A T Ó L I
C A S
S O B R E L A B I B L I A
Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana
1ro
de julio de 2007
13er. Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo
C)
Lectura del Evangelio según san Lucas 9:51-62
Como ya se acercaba el tiempo en que
debía salir del mundo, Jesús emprendió
resueltamente el camino a Jerusalén.
Había mandado mensajeros delante de él,
los cuales, caminando, entraron en un
pueblo samaritano* para prepararle
alojamiento. Pero los samaritanos no lo
quisieron recibir, porque iba a
Jerusalén. Al ver esto los discípulos
Santiago y Juan le dijeron: “Señor;
quieres que mandemos bajar fuego del
cielo que los consuma?” Pero Jesús los
reprendió, y pasaron a otra aldea.
Cuando iban de camino, alguien le dijo:
“Te seguiré a dondequiera que vayas”.
Jesús le respondió: “Los zorros tienen
madrigueras y las aves del cielo tienen
sus nidos, pero el Hijo del Hombre no
tiene dónde descansar la cabeza”. A otro
le dijo: “Sígueme”. Este le contestó:
“Permíteme ir primero a enterrar a mi
padre”. Pero Jesús le dijo: “Deja que
los muertos entierren a sus muertos; tú
anda a anunciar el Reino de Dios”. Otro
le dijo: “Te seguiré, Señor, pero
permíteme que me despida de los míos”.
Jesús entonces le contestó: “Todo el que
pone la mano al arado y mira para atrás,
no sirve para el Reino de Dios”.
*Samaria era el territorio entre Judea y
Galilea al oeste del río Jordán. Por
razones étnicas y religiosas, los
samaritanos y los judíos no se
relacionaban entre ellos.
Comentario breve:
El pasaje que precede al de hoy en el
Evangelio de Lucas concluye el
ministerio de Jesús en Galilea y el que
leemos hoy comienza una nueva etapa: el
camino hacia Jerusalén, la ciudad en la
cual su sufrimiento, pasión, muerte,
resurrección y ascensión tendrán lugar.
Es también de esta ciudad que la palabra
de Dios saldrá proclamada. Durante la
caminata, Jesús preparaba a sus elegidos
para el rol que tendrían después de su
partida: ser testigos de su resurrección
y del evangelio a todos los pueblos. Al
igual que su ministerio en Galilea
comenzó con el rechazo de sus paisanos,
la historia del camino a Jerusalén
comienza con el rechazo de los
samaritanos. Ante estas humillaciones,
vemos como Jesús se niega a tomar
medidas de venganza o castigo con
aquellos que lo oponen. Esta lectura nos
presenta las condiciones del discipulado,
y cuáles son las prioridades para los
que buscan el Reino de Dios. Tendremos
menos seguridad que las zorras y los
pájaros, y todo el que no le de
prioridad al llamado evangélico está
muerto espiritualmente. Con estas
exigencias, Jesús no nos dice que no
cumplamos los deberes familiares, sino
que como creyentes, debemos colocar el
discipulado por encima de los vínculos
familiares o preocupaciones económicas.
Tres ideas importantes: de la lectura:
-
Jesús se opone a la violencia
sugerida por Juan y Santiago y
simplemente pasa a otra aldea.
-
Los discípulos deben dejar atrás
todo lo que les ate y no les de vida.
-
El Señor quiere asegurarse que todos
entendemos lo que cuesta ser sus
seguidores.
Para la reflexión:
-
¿Estoy, al igual que Santiago y
Juan, listo(a) para atacar a todos
los que no me acepten?
-
¿Entiendo que algunas veces mi
decisión de seguir a Jesús eliminará
otras opciones en mi
vida? Da ejemplos.
8 de julio de 2007
14o Domingo del Tiempo
Ordinario (Ciclo C)
Lectura del Evangelio según san Lucas 10:1-12,17-20
En aquel tiempo, el Señor eligió a otros
setenta y dos discípulos y los envió de
dos en dos, delante de él, a todas las
ciudades y lugares a donde él debía ir.
Les dijo: “Hay mucho que cosechar, pero
los obreros son pocos; por eso, rueguen
al dueño de la cosecha que envíe obreros
a su cosecha. Vayan, pero sepan que los
envío como corderos en medio de lobos.
No lleven bolsa, ni saco, ni sandalias.
Y no se paren a conversar con alguien
por el camino. En la casa que entren
digan como saludo: ‘Paz para esta casa’.
Si hay en ella alguien que merece la paz,
recibirá la paz que ustedes le traen;
pero si no la merece, la bendición
volverá a ustedes. Quédense en esa casa,
comiendo y bebiendo lo que les den;
porque el obrero merece su salario. No
vayan de casa en casa. En toda ciudad
que entren y los acojan, coman lo que
les sirvan, sanen sus enfermos y díganle
a la gente; ‘El reino de Dios ha llegado
a ustedes’”.
Comentario breve:
Lucas es el único evangelista que narra
el envío de los setenta y dos. El número
es simbólico porque de acuerdo a las
enseñanzas rabínicas, existían 72
naciones en el mundo. Esta información
la basaban en su interpretación del
capítulo 10 del libro del Génesis.
También es posible que los 70 discípulos
guarden un paralelo con los 70 ancianos
que Dios pidió a Moisés que escogiera (Éxodo
24:1). Jesús envió a los 72 “delante de
él”, para destacar que no eran ellos el
centro de la proclamación, sino los que
anunciaban al que venía detrás. Esto nos
recuerda las palabras del Bautista
cuando anunciaba la venida del Señor.
Este texto destaca lo que cuesta seguir
a Cristo. Los discípulos son enviados a
un ambiente hostil, “como corderos en
medio de lobos”, confiando
exclusivamente en la ayuda de Dios.
Deben asegurarle a los incrédulos, que
el Reino de Dios ha llegado. Su rechazo
no va a impedir su manifestación.
Tres ideas importantes: de la lectura:
-
Los discípulos no deben poner su
confianza en “lo que llevan” con
ellos para la misión, sino en el
Señor a “quien” proclaman. Deben ir
“ligeros de equipaje”.
-
El don de la paz es más que un deseo
de buena voluntad, es la oferta del
don de Dios, Shalom, paz, la
unidad y la armonía de todo en Dios.
-
Lucas propone la misión con urgencia.
No perdamos tiempo en convencer a
los que no aceptan el mensaje ni de
tomar represalias contra los reacios
a escucharnos. La misión es urgente
y los evangelizadores deben seguir
su camino.
Para la reflexión:
-
¿Has tratado alguna vez de “obligar”
a alguien a aceptar a Cristo? ¿Te
has sentido intimidado por algún
evangelizador? Explica.
-
¿Crees que la paz de Cristo reina en
tu hogar y centro de trabajo? ¿Puedes
hacer algo concreto para que haya
más paz?
15 de julio de 2007
15o Domingo del Tiempo
Ordinario (Ciclo C)
Lectura del Evangelio según san Lucas 10:25-37
En aquel tiempo, se presentó un maestro
de la Ley, y para poner a Jesús en
apuros le dijo: “Maestro, ¿qué debo
hacer para conseguir la vida eterna?”
Jesús le dijo: “¿Qué dice la Ley, qué
lees en ella?” Contestó: “Amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma, con toda tu fuerza y con
todo tu espíritu, y a tu prójimo como a
ti mismo”. Jesús le dijo: “Tu respuesta
es exacta; haz eso y vivirás”. Pero él
quiso dar motivo de su pregunta y dijo a
Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús
empezó a decir: “Bajó un hombre de
Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de
bandidos, que después de haberlo
despojado de todo y de haberlo molido a
golpes se fueron dejándolo medio muerto.
Por casualidad bajaba por ese camino un
sacerdote, quien al verlo pasó por el
otro lado de la carretera y siguió de
largo. Lo mismo hizo un levita al llegar
a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado
del camino y pasó de largo. Pero llegó
cerca de él un samaritano que iba de
viaje, lo vio y se compadeció. Se le
acercó, curó sus heridas con aceite y
vino y se las vendó. Después lo puso en
el mismo animal que él montaba, lo
condujo a un hotel y se encargó de
cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos
monedas y se las dio al hotelero,
diciéndole: ‘Cuídalo. Lo que gastes de
más, yo te lo pagaré a mi vuelta’”.
Jesús entonces preguntó: “Según tu
parecer, ¿cuál de estos tres se portó
como prójimo del hombre que cayó en
manos de los salteadores?” El contestó:
“El que se mostró compasivo con él”. Y
Jesús le dijo: “Vete y haz tú lo mismo”.
Comentario breve:
Los escribas y fariseos trataban con
frecuencia de atrapar a Jesús con sus
preguntas sobre la ley mosaica. En el
texto de hoy un experto en la ley le
pregunta qué había que hacer para
ganarse la vida eterna. Jesús le
contestó con otra pregunta, la cual el
escriba contestó correctamente: el amor
a Dios y al prójimo conduce a la vida
eterna. Siguiendo la conversación, el
“experto” hizo otra pregunta difícil: ¿quién
es mi prójimo?, y Jesús le respondió con
la parábola del Buen Samaritano. Esta
parábola destacaba la superioridad del
amor sobre el legalismo. ¡Esta enseñanza
es difícil de aceptar! Hubiera sido
suficiente si Jesús hubiera enseñado que
prójimo es todo aquel que ayuda al que
sufre. Sin embargo, la parábola va más
allá e inserta la figura de un
samaritano. En los tiempos bíblicos, los
samaritanos eran odiados por los judíos.
Sin embargo, es este samaritano
marginado el que presta la ayuda que el
sacerdote y el levita negaron.
Tres ideas importantes: de la lectura:
-
En esta parábola, el que más ama no
es el que sabe más de Dios (el
sacerdote), sino el que es
considerado como “no creyente” (el
samaritano). Jesús expande el
concepto de prójimo hasta incluir a
los que no son de “mi grupo, clase,
clan”.
-
No debemos juzgar a las personas por
sus títulos religiosos o apariencias,
sino por sus obras.
-
El conocimiento académico o
intelectual de Dios y de su voluntad
no es suficiente para alcanzar la
vida eterna.
Para la reflexión:
-
¿Cómo tratas a los más necesitados?
¿Qué motiva tus acciones? ¿La
compasión? ¿La ley?
-
¿Qué podemos aprender de esta
parábola?¿Estás llamado(a)a ser un
buen samaritano con alguien que no
pertenece a tu “grupo?”
22 de julio de 2007
16o Domingo del Tiempo
Ordinario (Ciclo C)
Lectura del Evangelio según san Lucas 10:38-42
En aquel tiempo, yendo de camino, entró
Jesús en un pueblo y una mujer llamada
Marta lo recibió en su casa. Tenía ésta
una hermana de nombre María, que se
sentó a los pies del Señor para escuchar
su palabra. Marta, en cambio, estaba muy
ocupada con los muchos quehaceres. En
cierto momento se acercó a Jesús y le
preguntó: “Señor, ¿no se te da nada que
mi hermana me deje sola para atender?
Dile que me ayude”. Pero el Señor le
respondió: “Marta, Marta, tú te
inquietas y te preocupas por muchas
cosas. Sin embargo, pocas cosas son
necesarias, o más bien una sola cosa es
necesaria. María escogió la parte mejor,
la que no le será quitada”.
Comentario breve:
Según el relato (ver versículo 30),
Marta es la anfitriona principal y
probablemente la dueña de la casa. Al
llegar Jesús, Marta desea ofrecerle lo
mejor de la hospitalidad judía
tradicional, pero se afana tanto que
olvida prestar atención a las palabras
de su invitado. Muchas veces no
comprendemos este pasaje. Jesús no está
criticando a Marta por servir y alabando
a María por no hacer nada. El no condena
los esfuerzos de Marta, sino que la
invita a revisar sus prioridades.
Seguir a Cristo es sobre todo una
relación íntima con él que implica
“estar” en su presencia “escuchando” su
palabra. Esta relación de amor es la
“sola cosa que es necesaria”, y es la
fuente de todo servicio. Marta hubiera
podido escuchar a Jesús desde la cocina
si su mente no hubiera estado tan
ocupada criticando a su hermana y
quejándose con su invitado de honor.
Tres ideas importantes: de la lectura:
-
María es alabada por “escuchar
atentamente”, no por estar “sentada
sin hacer nada”.
-
Esta escena rompe con todas la
costumbres judías del siglo 1ro. Es
típico de Lucas presentar a una
mujer tomando la posición de
discípula a los pies del maestro,
cosa reservada sólo para los
hombres. Esta es la actitud
característica de Jesús hacia las
mujeres en el Evangelio de Lucas.
-
Jesús le advierte a Marta que se
cuide de tanta ansiedad y
preocupación. Marta no es maliciosa,
sino que no ha sabido captar el
sentido de la visita del Señor.
Para la reflexión:
-
Muchas veces nos preocupamos tanto
por cosas insignificantes que
ignoramos la más importante. Ofrecer
un emparedado con amor es mejor que
dar un banquete con ansiedad y
resentimiento. ¿Te has encontrado
alguna vez en una situación parecida?
-
En tu opinión, ¿cuáles son algunas
cosas que realmente deben
preocuparnos?
29 de julio de 2007
17o Domingo del Tiempo
Ordinario (Ciclo C)
Lectura del Evangelio según san Lucas 11:1-13
Un día estaba Jesús orando en cierto
lugar. Cuando terminaba su oración, uno
de sus discípulos le pidió: “Señor,
enséñanos a orar así como Juan enseñó a
sus discípulos”. El les dijo: “Cuando
recen, digan: ‘Padre, que tu nombre sea
santificado, que venga tu Reino. Danos
cada día el pan que debemos esperar.
Perdónanos nuestros pecados, pues
nosotros mismos perdonamos al que nos
debe. Y no nos sometas a alguna
prueba’”. Les dijo también: “Supongan
que uno de ustedes va a medianoche donde
un amigo para decirle” ‘Amigo, préstame,
por favor, tres panes, porque me llegó
un amigo de viaje y no tengo nada que
ofrecerle’. Pero el otro responde desde
adentro: ‘No me molestes; la puerta está
cerrada y mis hijos y yo estamos
acostados; no puedo levantarme a
dártelos’. Yo les digo que si el de
afuera sigue golpeando, por fin se
levantará a dárselos. Si no lo hace por
ser amigo suyo, lo hará para que no lo
siga molestando, y le dará todo lo que
necesita. Pues bien, yo les digo: pidan
y les darán, busquen y hallarán, toquen
a la puerta y les abrirán. Porque todo
el que pide recibe, y el que busca
halla, y el que llame a una puerta se le
abrirá. ¿Qué padre de entre ustedes, si
su hijo le pide pan, le da una piedra, o
si le pide pescado, en vez de pescado le
da una serpiente, o si le pide un huevo,
le pasa un escorpión? Por lo tanto, si
ustedes que son malos saben dar cosas
buenas a sus hijos, cuánto más el Padre
del cielo dará el Espíritu Santo a los
que se lo pidan”.
Comentario breve:
Los rabinos de la época tenían como
costumbre enseñar a sus seguidores a
orar. Por lo tanto, los discípulos, que
eran testigos de la comunión íntima de
Jesús con su Padre, le piden que les
revele la manera más apropiada de
dirigirse a Dios. Jesús accede a sus
peticiones enseñándoles la oración
fundamental, el Padre Nuestro. Esta
oración aparece también en el Evangelio
de San Mateo en una forma más amplia y
más conocida por nosotros, sin embargo,
los expertos consideran que la de Lucas
refleja mejor las palabras originales de
Jesús. La oración comienza con una
palabra extraordinaria para referirse a
Dios: “Padre” (en hebreo: Abba),
una manera íntima de dirigirse a Dios
que se traduce como “papito, papá”. Al
invocar a Dios como Padre, la oración
nos hermana a todos los que la rezamos,
mientras pedimos que la voluntad de Dios
reine en la historia humana. Las tres
peticiones finales giran alrededor de
nuestras necesidades: el pan cotidiano,
el perdón de los pecados, y la
protección de Dios ante la tentación. El
Padre Nuestro también relaciona el
perdón de Dios con el perdón entre
nosotros. Las dos parábolas posteriores
nos invitan a perseverar en la oración
aún cuando ésta no sea respondida de la
manera que queremos, y nos recuerda que
un buen padre siempre quiere lo mejor
para sus hijos.
Tres ideas importantes: de la lectura:
-
El Espíritu Santo es el don más
importante que podemos pedirle a
Dios.
-
Cuando llamamos a Dios “Abba”
afirmamos nuestra comunión con Dios
y con todos.
-
El perdón que damos es la respuesta
al perdón que recibimos de Dios.
Para la reflexión:
-
¿Qué importancia tiene la
oración en tu vida? Explica.
-
¿Cómo vives la relación que
existe entre todos los que llamamos
a Dios “Padre”?
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