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La Ermita de la Caridad: 40 años cultivando la fe
Yédica Leal
Especial para La Voz Católica
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Como
se veía la Ermita el día en que orgullosamente celebró su
cuadragésimo aniversario. |
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Ver la Ermita de la Caridad desde lejos es como ver a la Virgen
extendiendo su manto sobre sus hijos. Durante cuatro décadas,
este manto ha sido refugio para miles de personas que vienen a
este santuario en busca de una luz de esperanza y de un lugar
donde sentirse más cerca de la Virgen de la Caridad.
Al celebrar 40 años de su fundación, la Ermita de la Caridad
sigue teniendo el mismo significado espiritual y emocional que
tuvo desde sus comienzos. Durante los primeros años del exilio
cubano, Miami acogió a miles de personas y, junto con los
exiliados, llegó la fe por nuestra Madre Celestial, bajo el
nombre de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.
A medida que el exilio fue creciendo y la estancia se volvió
permanente, nació la necesidad espiritual de tener un santuario
dedicado a la Virgen. Con el apoyo del Arzobispo Coleman F.
Carroll, miles de devotos reunieron, centavo a centavo, el
dinero necesario para que la obra soñada se materializara. Mons.
Carroll siempre supo que los cubanos necesitaban un santuario en
la diáspora dedicado a su patrona.
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La
Virgen con el Niño en el mural de Teok Carrasco, que
preside sobre el altar de la Ermita. |
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En septiembre de 1967, el entonces sacerdote Agustín A. Román
fue nombrado por Mons. Carroll como director espiritual del
santuario. Al principio, quienes peregrinaban eran grupos de los
126 municipios de Cuba que oraban por la libertad de la isla,
pero, como cuenta Mons. Román: “Un río humano comenzó a pasar,
río humano que hasta hoy en día no ha parado”.
En cuatro décadas de existencia, la Ermita no sólo ha acogido al
pueblo cubano, sino que son muchos los hispanos que consideran a
ésta su nueva casa espiritual, creciendo así su devoción a
nuestra Virgen morena. Para muchos, la Ermita es la primera
visita que hacen al tocar suelo miamense. Todos dan gracias por
haber llegado a tierras de libertad, y algunos rezan por la
reunificación familiar y por la paz en sus países.
Por eso cada año, en el mes de octubre, durante las fiestas del
mes de la Hispanidad, la Ermita dedica un día a cada país de
Latinoamérica, honrándolo en su Virgen patrona. Tras haberse
celebrado las fiestas eucarísticas según las tradiciones del
país en cuestión, da comienzo la romería, donde se venden
artículos y comidas típicas para recaudar fondos a beneficio de
la Ermita.
En el año 2000 la Ermita fue designada Santuario Nacional de la
Iglesia en los Estados Unidos. Este santuario no es sólo un
símbolo de libertad y esperanza, sino también un centro de
evangelización y de ayuda al crecimiento de la fe cristiana.
Miles de católicos han sido preparados en la Ermita para recibir
los santos sacramentos. También ha sido un centro de apoyo
espiritual para quienes luchan por la paz, la libertad y los
derechos humanos.
Si las paredes de la Ermita pudieran hablar, nos contarían
anécdotas de un pueblo inmigrante con una fe infinita. Cuántas
oraciones se han recitado delante de la Virgen, cuántas suplicas
por la libertad se han hecho, cuánto consuelo y apoyo han dado
sacerdotes y religiosas, que durante todo este tiempo han
trabajado tenazmente por ayudar a los más necesitados.
Ya no podemos concebir a Miami sin su Ermita de la Caridad, que,
junto a su pueblo, ha visto desde un mar en calma hasta
enfurecidos huracanes. Y ella siempre, como un faro, guía a este
pueblo suyo con una luz de esperanza.
Reportera
independiente.
yleal001@fiu.edu
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