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Morir para vivir
El tema del tráfico humano fue discutido por las Damas Católicas
durante su 49ª convención anual
Minette Alvarez
The Florida Catholic
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Wanda
Fritz, de la escuela de la Catedral St. Mary, en Miami;
Widlyne Coles, de la escuela St. James, en North Miami, y
Jessica Merisier, de la escuela Annunciation, en Hollywood,
junto con el Arzobispo John C. Favalora, después de recibir sus
respectivas becas por $5,000.
Foto: cortesía de jeff McNally/MACCW |
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Entre los premios y la camaradería que caracterizaron su 49ª
convención anual, las integrantes del Concilio de Damas
Católicas de la Arquidiócesis de Miami también discutieron el
grave asunto del tráfico humano.
“Más de 3 mil millones de personas se encuentran desesperadas
por escapar de la pobreza, la desigualdad social, la guerra y la
violencia”, dijo Rachel Ramjattan, quien trabaja para la Oficina
de Apoyo Social de Caridades Católicas. “Para buscar una vida
mejor, se arriesgan a convertirse en víctimas del tráfico. En
realidad, estas hermanas y hermanos mueren para vivir”.
La presentación de Ramjattan, el 5 de mayo, precedió a una
discusión en la que se hicieron sugerencias sobre lo que la
gente común y corriente puede hacer para prevenir el tráfico
humano.
“Las víctimas del tráfico humano que están dispuestas a morir
para vivir, nos llevan a preguntarnos: ¿cuán dispuestas estamos
a vivir para que otras personas también tengan vida?”, expresó
Ramjattan, al enfatizar la importancia de las opciones.
“Cuando compramos café en una tienda o en una cafetería, el
agricultor que lo cultiva obtiene 3 centavos por cada dólar que
gastamos, pero asume todos los riesgos de la pérdida de la
cosecha y de los cambios ambientales asociados con la
agricultura”, explicó Ramjattan. “Actuar como un buen prójimo
implica pagar más por el café y por cualquier otro artículo que
compremos, al saber que la persona que lo produjo recibe una
compensación justa”.
Ana Isabel Vallejo, una abogada que trabaja con el Centro de
Apoyo de Inmigrantes de la Florida, inició la discusión del
panel al presentar una definición abarcadora del tráfico humano,
las leyes y lo que la gente puede hacer a través del mundo para
prevenirlo. Otra panelista, Myrna Wong, que dirige la comisión
sobre tráfico humano del Concilio de Damas Católicas de la
Florida, orientó a las asistentes sobre un folleto con ideas y
sugerencias que pueden ponerse en práctica en las parroquias
para crear conciencia sobre el tráfico humano dentro y fuera de
los Estados Unidos.
Durante la convención, las damas reconocieron a las integrantes
que realizaron una labor destacada en el área espiritual, la
social, la educativa y la caritativa.
Al concilio arquidiocesano están afiliadas 39 parroquias en los
condados Miami-Dade, Broward y Monroe, con más de 1,500
integrantes que aportan miles de horas anualmente para servir,
incluso más allá de sus parroquias y la comunidad.
El galardón principal, Nuestra Señora del Buen Consejo, fue
compartido este año por Alice Riddel, de la parroquia de St.
Andrew, en Coral Springs, y Paula Phillips, de la parroquia de
St. Peter, en Big Pine Key. La Integrante del Año fue Marie
Mohammed, de Christ the King, en Perrine.
La convención concluyó el 6 de mayo con una misa y un banquete
presidido por el Arzobispo John C. Favalora. En el banquete se
encontraban presentes tres jóvenes a las que el Concilio otorgó
becas individuales por la cantidad de $5,000: Wanda Fritz, de la
escuela de la Catedral St. Mary, en Miami; Jessica Merisier, de
la escuela de Annunciation, en Hollywood; y Widlyne Coles, de la
escuela de St. James, en North Miami. El fondo de becas del
Concilio fue creado en 1996, con el propósito de ayudar a niñas
del octavo grado necesitadas de ayuda económica para continuar
su educación en una escuela superior católica.
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