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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

2 de septiembre de 2007
22o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 14:1.7-14 Una vez, Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes. Era sábado, y ellos lo estaban espiando. Al notar cómo los invitados buscaban los primeros lugares, les dio esta lección: “Si alguien te invita a una comida de bodas, no ocupes el primer lugar. Porque puede ser que haya sido invitado alguien más importante que tú. Entonces el que invitó a los dos vendrá a decirte: ‘Deja tu lugar a esta persona’. Y tú, rojo de vergüenza, tendrás que ir a ocupar el último asiento. Al contrario, cuando te invite, ponte en el último lugar, de modo que cuando llegue el que invitó diga: ‘Amigo acércate más’. Y será un honor para ti en presencia de todos los que estén contigo a la mesa. Porque el que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado”. Jesús decía también al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una comida, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, porque ellos también te invitarán a su vez y recibirás de ellos lo mismo que diste. Al contrario, cuando ofrezcas un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos, a los ciegos, y serás feliz porque ellos no tienen con qué pagarte. Pero tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos”.

Comentario breve:
El Evangelio de Lucas es el único que relata la escena de este banquete. Lucas quiere enseñarnos la actitud de Jesús hacia los pobres y hacia los ricos. En la antigüedad era costumbre prestar gran atención al rango social de los invitados y a la estima que el anfitrión les tenía. Aun la calidad de la comida y la bebida dependía del status social y de la amistad entre anfitriones e invitados. Según este Evangelio, esta fue la tercera vez que Jesús visitó la casa de un líder religioso (fariseo) y aprovechó la oportunidad para hablarle a su anfitrión y a sus huéspedes del discipulado. Con frecuencia, Jesús usaba la analogía de un banquete de bodas para hablar del reino de Dios, y, en este texto, nos recuerda que hemos sido invitados a este banquete por la gracia de Dios y no por nuestros méritos o clase social. Por lo tanto, si todo es gracia, sería ridículo pelearnos por ocupar los primeros puestos.

El mensaje de la segunda parte de esta lectura nos dice que, cuando hagamos el bien y sirvamos, debemos hacerlo generosamente, sin esperar recompensa alguna; de la misma forma que Dios nos ama gratuitamente.

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • Lucas nos enseña que Jesús se preocupaba de un modo especial por los pobres y los enfermos.

  • Jesús no muestra favoritismo. Trata a todos con respeto y amor, porque todos merecen un lugar de honor en el banquete del reino.

  • Dios dará la recompensa a todos los que son generosos sin esperar nada a cambio.

Para la reflexión:

  1. ¿Cuándo fue la última vez que cediste a otros los primeros lugares? Explica.

  2. ¿Cómo te sientes cuando tratas a los pobres con dignidad y respeto? Da ejemplos.

 

9 de septiembre de 2007
23er. Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)
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Lectura del Evangelio según san Lucas 14:25-33 En aquel tiempo, caminaban con Jesús grandes multitudes y, dirigiéndose a ellos, les dijo: “Si alguno quiere venir a mí y no deja a un lado a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, o aun a su propia persona, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz para seguirme, no puede ser mi discípulo. En efecto, cuando uno de ustedes quiere construir una casa en el campo, ¿acaso no comienza por sentarse a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminar? Porque si pone los cimientos y después no puede acabar la casa, todos los que lo vean se burlarán de él y dirán: ‘Ahí tienen a un hombre que comenzó a construir y fue incapaz de concluir’. Cuando un rey parte a pelear contra otro rey, ¿no comienza por sentarse a examinar si puede con diez mil hombres hacerle frente al otro que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, envía mensajeros, cuando el otro está lejos todavía y trata de lograr la paz. Del mismo modo, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío”.

Comentario breve:

Este es otro pasaje Lucano que enfatiza el costo del discipulado. Aquí Jesús no habla solamente a sus discípulos, sino a las multitudes, y de una manera dramática les explica el precio que han de pagar si quieren seguirle. Con este fin usa una “exageración semítica” muy común entre los maestros para acentuar un punto. En este caso, Jesús dice que cualquier persona o cosa que interfiera con su seguimiento, debe ser abandonada. Nada debe estar por encima del reino de Dios. La idea de dejar a un lado a padres, hijos, etc. debe ser tomada en su contexto histórico. El Libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito también por Lucas, describe las primeras comunidades como cristianos que ponían todos sus bienes en común, nadie guardaba nada para sí… (ver Hechos 2:44-45) El “dejarlo todo a un lado” tenía un gran significado para estos hombres y mujeres que esperaban la llegada inminente del reino de Dios.

Las dos comparaciones del constructor y del rey ilustran la necesidad de estar bien preparados antes de emprender un proyecto. Del mismo modo, seguir a Jesús es un proyecto de vida para el cual debemos estar preparados si queremos ser fieles.

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • El seguimiento auténtico de Cristo exige un compromiso radical de la persona.

  • Vivir el evangelio nos hace reevaluar nuestras relaciones y posesiones. ¡Nada debe interponerse entre nosotros y Dios!

  • “Abandonarlo todo” incluye dejar también el deseo exagerado de poder y control y el de querer ser más importantes que los demás.

Para la reflexión:

  1. ¿Cómo muestro con mi estilo de vida que soy un seguidor de Cristo? Explica.

  2. ¿Hay algo que se interpone entre Dios y yo? ¿Algo que tengo que dejar atrás o poner en manos de Dios hoy?

 

16 de septiembre de 2007 24o
Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 15:1-32 En aquel tiempo, muchos publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Y por eso los fariseos y maestros de la Ley murmuraban y criticaban: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Entonces, Jesús les dijo esta parábola: “Si uno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el campo para ir en busca de la perdida hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, muy feliz, la pone sobre los hombros, y al llegar a su casa, reúne amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les declaro que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse. Cuando una mujer pierde una moneda de las diez que tiene, ¿no enciende una luz, no barre la casa y la busca cuidadosamente, hasta hallarla? Y apenas la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque hallé la moneda que había perdido’. Les declaro que de la misma manera hay gozo entre los ángeles de Dios por un solo pecador que cambie su corazón y su vida”. Jesús puso otro ejemplo: “Un hombre tenía dos hijos…” (Sigue la parábola del hijo pródigo que termina con el versículo 32)

Comentario breve:
En este capítulo, que sólo Lucas narra, los líderes religiosos critican a Jesús porque se asocia con pecadores y cobradores de impuestos. Esta crítica sirve de introducción a las tres parábolas conocidas como las parábolas de la misericordia. Lo que une las tres historias es la alegría que se experimenta cuando encontramos lo que estaba perdido, en este caso, los pecadores y los marginados. Jesús destaca la diferencia entre el pensar humano y el de Dios cuando dice: “Si uno de ustedes pierde una de las cien….” Tal vez nosotros no dejemos lo que tenemos para buscar lo perdido, pero Dios sí. A través de estas tres parábolas, Jesús revela la compasión y el amor de Dios que no puede compararse con el amor humano. La tercera parábola es la más famosa por su contenido y su belleza literaria. En realidad, la historia no es sobre “el hijo pródigo”, sino sobre el amor incondicional y extravagante del padre por sus dos hijos. Después de despilfarrar su fortuna, la miseria forzó al hijo menor a regresar a la casa paterna, donde fue recibido por el padre con los brazos abiertos. No hay reproches, solamente la alegría de haber recobrado lo que estaba perdido. La parábola continúa narrando la reacción del hijo mayor que hasta se niega a entrar a la casa si su hermano está allí. El padre sale también a buscar a este hijo y le reafirma que todas sus riquezas son suyas, pero a la vez lo anima a que se alegre con él porque su hermano ha sido encontrado.

Lo que le importa a Lucas al narrar estas tres parábolas es la alegría de encontrar aquello que estaba perdido, no si era justo o no que el padre diera una fiesta o que el pastor dejara a las noventa y nueve ovejas.

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • Los fariseos y los escribas excluían a los pecadores. Jesús los incluía en su plan amoroso.

  • Todo lo que el padre posee le pertenece al hijo mayor quien lo ha estado disfrutando toda su vida. El no pierde nada al recibir a su hermano.

  • Dios “derrocha” su perdón y misericordia con nosotros y está siempre esperando a que regresemos a casa.

Para la reflexión:

  1. ¿Me es difícil aceptar que Dios es bueno y misericordioso con los pecadores? Explica.

  2. ¿Cuándo fue la primera vez que necesité ser “encontrado y perdonado”?

 

23 de septiembre de 2007 25o
Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 16:1-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Había un hombre rico que tenía un mayordomo y vinieron a acusarlo de que estaba malgastando sus bienes. Lo mandó a llamar y le dijo: ‘¿Qué es lo que me dicen de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir en tu puesto’. El mayordomo pensó entonces: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi patrón me quita mi puesto? Trabajar la tierra es superior a mis fuerzas, y pedir limosnas me daría vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, tenga gente que me reciba en su casa’. Llamó uno por uno a los que le debían a su patrón y dijo al primero: ‘¿Cuánto le debes a mi patrón?’ Le contestó: ‘Cien barriles de aceite’. Dijo el mayordomo: ‘Toma tu recibo y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Contestó: ‘Cuatrocientos quintales de trigo’. El mayordomo le dijo: ‘Toma tu recibo y escribe trescientos’. El patrón admiró la manera de obrar tan inteligente de su mayordomo ladrón: en verdad los de este mundo son más astutos que los hijos de la luz para tratar a sus semejantes. Yo también les digo: Aprovechen el maldito dinero para hacerse de amigos, para que cuando se les acabe, los reciban a ustedes en las viviendas eternas. El que se mostró digno de confianza en cosas sin importancia, será digno de confianza también en las importantes, y el que no se mostró digno de confianza en cosas mínimas, tampoco será digno de confianza en lo importante. Por lo tanto, si ustedes han administrado mal el maldito dinero, ¿quién va a confiarles los bienes verdaderos? Y si no se han mostrado dignos de confianza en cosas ajenas ¿quién les confiará los bienes que son realmente nuestros? Ningún sirviente puede quedarse con dos patrones: verá con malos ojos al primero y despreciará al segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dios dinero”.

Comentario breve:
En esta parábola Jesús destaca la inteligencia del mayordomo para asegurar su porvenir; este hombre supo descubrir a tiempo que los amigos duran más que el dinero. No somos propietarios, sino mayordomos de nuestros bienes, y los debemos administrar para bien de todos. El dinero no es algo malo, siempre que lo usemos como un medio que facilita los intercambios. Sin embargo, Jesús lo llama “maldito” porque el dinero no es el bien verdadero, el que nos hace justos, o sea, tales como Dios nos quiere. Aunque Jesús parece elogiar el astuto proceder del mayordomo ladrón, en realidad, lo que el Señor está haciendo, es contrastando la astucia de los “hijos de este mundo” con la tibieza de los “hijos de la luz”. La inmoralidad de las acciones del mayordomo no son el punto de la historia. En aquella época, la mayoría de los mayordomos imponían impuestos exorbitantes en nombre del patrón, pero eran ellos los que se quedaban con el dinero. Es probable, que en esta historia, la cantidad de barriles de aceite deducidas haya sido el interés ilegal que el mayordomo se robaría de todas maneras. Jesús puede también comendar al mayordomo por cambiar su vida y comenzar a practicar la justicia aunque fuera motivado por salvar su empleo. Finalmente, el evangelio nos presenta una disyuntiva excluyente: o Dios o el dinero. El cristiano no puede subordinar a Dios a las posesiones.

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • Debemos aprovechar nuestro dinero para ayudar a los necesitados y así conseguir de Dios la recompensa eterna.

  • Lucas hace resaltar, más que los otros evangelistas, la incompatibilidad entre la religión verdadera y el apego al dinero.

  • Si nos afanamos ciegamente por conseguir el dinero, éste terminará esclavizándonos y se convertirá en nuestro dios.

Para la reflexión:

  1. ¿Estoy comprometido(a) al seguimiento de Jesús tanto como a ganar dinero? Explique.

  2. ¿Qué estoy haciendo para que los bienes de mi comunidad sean usados para el bien común?

 

30 de septiembre de 2007
26o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 16:1-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: “Había un hombre rico que se vestía con ropa finísima y que cada día comía regiamente. Había también un pobre, llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que se tendía a la puerta del rico, y que sentía ganas de llenarse con lo que caía de la mesa del rico, y hasta los perros venían a lamerle las llagas. Pues bien, murió el pobre y fue llevado por los ángeles hasta el cielo cerca de Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron. Estando en el infierno, en medio de tormentos, el rico levanta los ojos y ve de lejos a Abrahán y a Lázaro cerca de él. Entonces grita: ‘Padre Abrahán, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que se moje la punta de un dedo para que me refresque la lengua, porque estas llamas me atormentan’. Abrahán respondió ‘Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes durante la vida, lo mismo que Lázaro recibió males. Ahora él aquí encuentra consuelo y tú, en cambio, tormentos. Y además, por estos lados se ha establecido un abismo entre ustedes y nosotros, para que los que quieran pasar de aquí para allá no puedan hacerlo, y que no atraviesen tampoco de allá hacia nosotros’. Contestó el rico: ‘Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a mis familiares, donde están mis cinco hermanos, para que les advierta, y no vengan ellos también a este lugar de tormento’. Y Abrahán contestó: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. ‘No, padre Abrahán’, dijo el rico. ‘Si uno de entre los muertos los va a visitar, se arrepentirán’. Pero Abrahán le dijo: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite uno de entre los muertos, no le creerán’”.

Comentario breve:
Jesús da un nombre (Lázaro) al pobre, pero no al rico, trastocando así el orden de la sociedad presente, que trata como persona al «señor X», pero no al trabajador común y corriente. También vemos que Lázaro, al morir, encuentra a muchos amigos: los ángeles y Abrahán, padre de los creyentes. El rico, en cambio, ya no tiene amigos o abogados para arreglar su situación; el infierno es soledad. Algunos desearían saber cuál fue el pecado del rico para que fuera condenado al infierno. ¿Acaso negaba a Lázaro las migajas de su mesa? Pero eso no lo dice el Evangelio: sencillamente el rico no veía a Lázaro echado a su puerta. El Lázaro actual constituye toda una legión y está a nuestra puerta; se llama tercer o cuarto mundo, “desamparados”, ancianos, enfermos de SIDA, etc. La parábola no sólo nos recuerda las exigencias del amor al prójimo, sino que también nos habla de la importancia única de la palabra de Dios. Muchos cristianos corren tras visiones, apariciones o milagros, y durante ese tiempo dejan de lado la palabra de Dios. Únicamente esta palabra podría convertir a los hermanos del rico y salvarlos. Obviamente la intención de Lucas no es ofrecer un falso consuelo a los pobres y pedirles resignación, sino recordarle a los ricos que cuando la riqueza no es administrada con sabiduría y generosidad, traerá ruina y no felicidad.

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • Desafortunadamente, las oportunidades de hacer el bien que desaprovechamos no pueden ser recuperadas.

  • Ni los milagros ablandarán el corazón de los que están cegados por su avaricia y egoísmo.

  • La manera en que la suerte del rico y del pobre se invirtieron ilustra las enseñanzas de Jesús en el Sermón de las Bienaventuranzas (6:20-21, 24-25).

Para la reflexión:

  1. ¿Cuándo te has sentido como el hombre rico o como Lázaro? ¿Qué pasó?

  2. ¿Veo la diferencia entre trabajar para tener una vida mejor y trabajar dominado por una ambición desmedida? Explica.