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Necesitamos más esperanza

Llamado de la Iglesia latinoamericana hacia una misión continental evangelizadora

Carlos Alberto Vélez Venegas
Especial para La Voz Católica

 Un grupo de cardenales y obispos católicos entran en la Catedral de La Habana el 13 de julio de 2007, para participar en la misa por la XXXI Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).  EFE/Stringer

“La Fe se fortifica dándola y es preciso que en nuestro continente entremos en una nueva primavera de la misión”, precisa el documento conclusivo de la V Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), realizada el pasado mes de mayo en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, en Brasil.

La actividad misionera no se reduce a las consideraciones geográficas o jurídicas, sino que, como afirma el Papa Benedicto XVI, “los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones”.

El propósito de los 160 obispos de 21 conferencias episcopales, y 105 delegados entre sacerdotes, diáconos y observadores de la conferencia, está en redimensionar la evangelización desde la “otra orilla”, creando centros misioneros nacionales que actúen en relación con obras misionales pontificias e instancias locales cooperantes.

“No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte, no tienen la última palabra, y que el amor es más fuerte”, sostiene el documento de 10 capítulos y 140 páginas, que propone custodiar la fe del pueblo de Dios ante las innumerables ofertas religiosas y las turbulencias políticas y sociales por las que atraviesa América Latina.

Voces firmes

El evento latinoamericano permitió poner en común las preocupaciones de los obispos y la manera como se ve actualmente a la América latina, catalogada como el continente de la esperanza. Algunos señalamientos relevantes de los prelados latinoamericanos en sus exposiciones fueron los siguientes.

El divorcio entre la Fe y la Vida lleva a muchos católicos a una débil conciencia del pecado y de los valores como la honestidad, la veracidad, el respeto al prójimo, a sus bienes y a su vida.

–Mons. Ignacio Gogosta Izaguirre. Obispo de Encarnación. Paraguay.

La pastoral del futuro tendrá que abordar, desde la defensa de los derechos fundamentales del emigrante, sobre todo de los indocumentados, hasta una emigración del clero y de los religiosos. En la medida en que caminemos con lentitud o nos durmamos, las denominaciones evangélicas pentecostales y neopentecostales, ocuparan rápidamente los espacios.

–Cardenal Oscar Andrés Rodríguez. Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras.

Debemos optar también por la evangelización del mundo político, del mundo empresarial, del mundo de los capitales, para que en estos mundos penetre el sentido ético como solidaridad con el otro.

–Mons. Luis Augusto Castro, Arzobispo de Tunja, Colombia.

Hacemos nuestra toda obra que defienda y beneficie a la dignidad del hombre, aun a costa de las incomprensiones que siempre provoca el evangelio de Jesús; lo haremos dando testimonio de nuestra Fe con valentía, denunciando proféticamente todo lo que atente contra la vida y la persona humana.

–Cardenal Julio Terrazas Sandoval, Arzobispo de Santacruz, Bolivia.

Los jóvenes nos preocupan, nos hacen sufrir, nos alientan y nos animan, a ellos los amamos. Nuestro plan quiere ofrecerles una formación que les ayude a ser protagonistas de su propia historia, comprometidos con Jesucristo y con una clara identidad como laicos católicos.

–Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, Cuba.

La iglesia debe aparecer fuertemente comprometida, al servicio de la vida y de la esperanza, y comprometida con la justicia, con la liberación.

–Mons. Carlos María Collazi. Obispo de Mercedes, Uruguay.