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Alfred Brendel y sus setenta y seis años de música
Históricamente, el nombre del pianista y musicólogo Alfred
Brendel en la cartelera de cualquier programa de conciertos, en
América o Europa, ha sido sinónimo de sala llena,
independientemente de que se trate de recitales solísticos o de
presentaciones con acompañamiento orquestal. Por supuesto,
también solía disfrutar de enormes audiencias en Asia, pero ya
con setenta y seis años el artista ha desistido de los viajes
demasiado extensos, limitándose a giras continentales y en
algunos casos a Norteamérica, dedicando el tiempo restante a
permanecer en Londres, donde reside desde 1972.
Brendel es el representante más prominente de una tradición
establecida por un grupo de pianistas centroeuropeos del siglo
XX, admirados por su rectitud estética, como Artur Schabel,
Walter Giesekind, Wilhelm Bauhaus y Edwin Fischer, quien fuera
el maestro que más influyó en la trayectoria y el estilo de
Brendel, además de integrar, junto al eminente intérprete alemán
Wilhelm Kempff y el no menos prestigioso pianista galo Alfred
Cortot, un trío de eminencias del teclado.
El maestro, que nació en Moravia el 5 de enero de 1931, comenzó
sus estudios de piano a los seis años, luego que su familia se
trasladara a Yugoslavia. En 1948, a los 17 años, llevó a cabo su
debut en público, logrando una notable interpretación que sería
el preludio de una exitosa carrera. En 1950 se radicó
definitivamente en Viena, donde se hizo ciudadano austriaco, y
comenzó a ganarse un merecido prestigio. Sin embargo, el momento
que lo propulsó a la fama mundial fue un impresionante concierto
que ofreció en el Queen Elizabeth Hall londinense.
“Hay dos tipos de pianistas. El primero aprende una pieza, la
toca y luego la desecha; luego toca otra y sigue haciendo lo
mismo gran parte de su vida. El segundo repite el mismo
repertorio relativamente pequeño una y otra vez, obsesionándose
con cada nota y cada pieza”, explica Brendel en una reciente
entrevista concedida al periodista David Melmerstein (*). Sin
embargo, afirma que no está en ninguna de esas dos categorías,
sino en un punto intermedio, pues, a pesar de que en otro tiempo
interpretó una gama musical proveniente del repertorio
convencional, hace más de una década que se ha limitado a un
repertorio reducido, aunque intenso, lo cual atribuye a
limitaciones por una lesión en el brazo izquierdo. Por supuesto,
si tenemos en cuenta que se acerca a los ochenta años, la
ejecución de determinadas obras de marcada exigencia técnica
complementa su concentración en ciertos compositores. “Me siento
feliz de que a mi edad pueda concentrarme en lo que realmente
vale la pena tocar”, añade en la entrevista citada.
Y ¿cuáles son esas piezas “que vale la pena tocar”? Brendel
sigue siendo el único pianista de renombre que ha grabado tres
veces las treinta y dos sonatas para piano de Beethoven. Además,
su incursión en la obra para piano de Schubert no se queda
atrás, especialmente si se incluyen los conciertos en vivo que
luego se transfirieron a disco compacto. Por su parte, Mozart
también ocupa un sitio preferente en su repertorio, grabando
repetidamente varios de sus conciertos, primeramente en su
totalidad con Neville Marriner, entre 1970 y 1984, y luego con
Charles Mackerras, además de su entusiasmo posterior por las
sonatas mozartianas, que reprodujera no hace mucho para la casa
discográfica Philips, de la que Brendel es artista exclusivo
desde 1970.
Sin embargo, hay un vacío en su trayectoria pianística en el que
han insistido varios críticos musicales: la ausencia casi total
de interpretaciones de obras de Bach. Según Brendel, hay varias
razones para ello: la primera es la abrumadora influencia de
Edwin Fischer, su maestro, cuyas ejecuciones de piezas de Bach
fueron siempre un paradigma imposible de imitar. La segunda, la
necesidad de la práctica de obras más recientes en el período en
que Brendel se hacía de un nombre como virtuoso. La tercera, los
enormes prejuicios con respecto a la interpretación pianística
de Bach que caracterizaron el final de la década de los años
cincuenta.
No obstante, Brendel dejó una impronta de Bach en su trayectoria
discográfica: una grabación realizada en 1976, donde ejecuta,
entre otras piezas, el Concierto Italiano, que acaba de
ser reeditada por Deutsche Grammophon.
A sus 76 años de edad, este gran ejecutante, siguiendo el
ejemplo de Arthur Rubinstein –que se retiró del escenario a los
90–, o de Mieczyslaw Horsowski, jubilado del piano casi a los
100 años, es testimonio de que aún le queda mucho tiempo ante el
teclado.
*NOTA: Entrevista con David Mermelstein. The Walt Street
Journal, martes 3 de abril, 2007.
Crítico indepentiente
djvega@bellsouth.net
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