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Una historia de amor

Para que una historia sea buena, no necesariamente tiene que ser
cierta, pero tiene que ser creíble. Por eso las novelas son tan
interesantes: quizás no sean un relato de la vida real, pero
cuentan una realidad de la vida.
Me contó una amiga que fue a una boda de ésas que son de
verdad, no porque los padres de la novia se lucieran para
que los invitados se sintieran bien atendidos, sino porque se
veía a todas luces que los novios se amaban y que el matrimonio
no era un evento, sino de verdad el comienzo de una nueva
familia. Yo le pregunté a mi amiga: “¿Cómo sabes eso?”, y me
contestó: “Porque se veía en los ojos de la novia”. ¿Y el novio?
“Sólo la miraba a ella”. Todo está muy bien, pero ¿qué tiene
esto de extraordinario? Si bien hay muchas bodas que terminan en
divorcio y muchas veces la parejas no lo piensan mucho, también
es cierto que hay muchos que se casan para toda la vida de
verdad, sin reservas, a plena responsabilidad de lo que
pueda pasar.
Mi amiga me dijo: “Es que no te he contado el principio de esta
historia de amor”.
Hace muchos años, una muchacha se dejó llevar por sus
sentimientos sin usar la cabeza ni pensar en las consecuencias y
de esa relación salió en estado. No sabemos cuántas personas la
habrán aconsejado que resolviera el problema. Pero ella,
sabiendo que había cometido un error, tuvo el valor de enfrentar
la realidad y dio a luz su bebé. Sabiendo que no lo podía criar
como se debía hacer, tuvo el valor, simplemente por amor a ese
bebé, de entregarlo en adopción.
Como el amor se multiplica, otra madre que, sin conocerla y sin
poder engendrar un hijo por razones biológicas, adoptó a este
bebé y lo amó entrañablemente, criándolo y formándolo hasta
hacerlo un adulto (en este cuento, mi amiga no me dijo si el
bebé era el novio o la novia de la boda, y en realidad no tiene
importancia), y ahora ese adulto nacido del amor, entregado por
amor y criado con amor, podía pararse ante un altar para dar un
sí con amor y por amor, y así proclamar que el amor todo
lo puede.
Mi amiga sólo conoce a la madre de crianza. Ella me contaba que,
durante la misa, en su corazón y en sus oraciones estaba también
la madre de nacimiento. Posiblemente otros, que también conocen
la historia, en ese momento tenían pensamientos similares.
¿Por qué cuento esta historia? Porque me conmovió profundamente.
Ésta es la historia del gran amor de dos madres que quizás no se
conocían, pero que, en lo cotidiano de sus vidas, han compartido
una gran historia de amor por aquel hijo –o aquella hija– que
estaba por nacer.
Así de simple y así de maravilloso.
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