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Una historia de amor

 Sammy Díaz

Para que una historia sea buena, no necesariamente tiene que ser cierta, pero tiene que ser creíble. Por eso las novelas son tan interesantes: quizás no sean un relato de la vida real, pero cuentan una realidad de la vida.

Me contó una amiga que fue a una boda de ésas que son de verdad, no porque los padres de la novia se lucieran para que los invitados se sintieran bien atendidos, sino porque se veía a todas luces que los novios se amaban y que el matrimonio no era un evento, sino de verdad el comienzo de una nueva familia. Yo le pregunté a mi amiga: “¿Cómo sabes eso?”, y me contestó: “Porque se veía en los ojos de la novia”. ¿Y el novio? “Sólo la miraba a ella”. Todo está muy bien, pero ¿qué tiene esto de extraordinario? Si bien hay muchas bodas que terminan en divorcio y muchas veces la parejas no lo piensan mucho, también es cierto que hay muchos que se casan para toda la vida de verdad, sin reservas, a plena responsabilidad de lo que pueda pasar.

Mi amiga me dijo: “Es que no te he contado el principio de esta historia de amor”.

Hace muchos años, una muchacha se dejó llevar por sus sentimientos sin usar la cabeza ni pensar en las consecuencias y de esa relación salió en estado. No sabemos cuántas personas la habrán aconsejado que resolviera el problema. Pero ella, sabiendo que había cometido un error, tuvo el valor de enfrentar la realidad y dio a luz su bebé. Sabiendo que no lo podía criar como se debía hacer, tuvo el valor, simplemente por amor a ese bebé, de entregarlo en adopción.

Como el amor se multiplica, otra madre que, sin conocerla y sin poder engendrar un hijo por razones biológicas, adoptó a este bebé y lo amó entrañablemente, criándolo y formándolo hasta hacerlo un adulto (en este cuento, mi amiga no me dijo si el bebé era el novio o la novia de la boda, y en realidad no tiene importancia), y ahora ese adulto nacido del amor, entregado por amor y criado con amor, podía pararse ante un altar para dar un con amor y por amor, y así proclamar que el amor todo lo puede.

Mi amiga sólo conoce a la madre de crianza. Ella me contaba que, durante la misa, en su corazón y en sus oraciones estaba también la madre de nacimiento. Posiblemente otros, que también conocen la historia, en ese momento tenían pensamientos similares.

¿Por qué cuento esta historia? Porque me conmovió profundamente. Ésta es la historia del gran amor de dos madres que quizás no se conocían, pero que, en lo cotidiano de sus vidas, han compartido una gran historia de amor por aquel hijo –o aquella hija– que estaba por nacer.

Así de simple y así de maravilloso.