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“Porque estuve desamparado…”
Cuatro parroquias de Broward ofrecen albergue
a familias sin hogar.
Jim Seminara
The Florida Catholic
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Giovanni,
nieto de un feligrés de St. Henry, juega con Angalyse López, de
tres años, quien reside en el albergue con su madre, Tania
Serrano, al fondo. Jim Seminara/TFC |
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Tania Serrano, una madre soltera, se encontró desamparada el
mismo día del cumpleaños de su hija.
Junto con Angalyse, su hija de tres años, fue echada de su hogar
por su compañero, con quien había vivido durante unos cinco
años.
Sin familia alguna a la que recurrir, Serrano permaneció con
unas amistades hasta que pudo encontrar ayuda. El pasado mes de
mayo, pasó una semana en la parroquia St. Henry, en Pompano
Beach, gracias a la participación de la parroquia en un programa
comunitario de albergue dirigido por la Coalition to End
Homelessnes (Coalición para Poner Fin a la Falta de Hogar).
“La gente de St. Henry me ha ayudado mucho, y es tan agradable
sentarse a la mesa y cenar como una familia”, dijo Serrano, de
21 años, que anhela regresar a la escuela.
“Trabajaba en un bufete de abogados, pero mi novio me obligó a
renunciar”, explicó. “Quisiera regresar a la escuela y
convertirme en investigadora”, añadió.
La Coalition to End Homelessness es una organización “sombrilla”
de servicio a los desamparados en el condado de Broward, donde
existe una gran concentración de personas en esa situación.
St. Henry es la cuarta parroquia católica en unirse al programa
comunitario de la coalición. St. Anthony, en Fort Lauderdale; St.
Gabriel, en Pompano Beach, y St. Gregory, en Plantation, también
forman parte de la gestión interreligiosa, que ha aumentado de
cuatro iglesias en sus inicios, a 40 este año.
“A nivel parroquial, el apoyo se brinda al albergar a las
familias desamparadas durante una semana en la propiedad de la
parroquia”, explicó Patricia Mantis, directora de los programas
familiares de la coalición.
“Cuando una familia llama a la línea de auxilio y no hay
albergues disponibles, las parroquias nos ayudan, al acoger a
dos familias a la vez”.
Evaluaciones
Las familias son evaluadas para determinar si son compatibles
con el ambiente parroquial. Las personas que padecen problemas
de salud mental o adicciones, no son aptas para este programa.
“Tenemos un sistema central donde podemos adquirir el historial
de un caso, o saber si una familia ha tenido algún problema con
otra de las agencias participantes”, dijo Mantis. “Estas
familias han llegado a esta situación”, explicó, “por el aumento
en los impuestos a la propiedad o a las primas de los seguros
tras el paso de las tormentas, o simplemente por mala suerte”.
Cada semana, las enfermeras visitan los albergues para contestar
las preguntas de las jóvenes madres y ofrecerles sugerencias
sobre los servicios de salud. La Junta Escolar del Condado
Broward también ofrece servicios.
“Sabemos que no vamos a resolver el problema de la falta de
hogar en una sola semana, pero es un primer paso que se debe dar
para ayudarles a recuperarse”, añadió Mantis.
A las iglesias que participan sólo se les pide que ofrezcan tres
cosas: alimento, albergue y compañerismo.
“Algunas iglesias, como St.Gregory, en Plantation, han ido más
allá y han provisto un televisor, recreación, sala, comedor y un
cuarto, además de voluntarios en cada área, pero cuentan con los
recursos para hacerlo”, dijo Mantis.
St. Gregory acogerá a algunas familias por tercera vez este año.
“Lo que más me conmovió fue la dedicación y el cariño de
nuestros voluntarios, y cómo ellos también se han beneficiado al
servir a estas familias”, dijo Gary Eyen, integrante de la junta
y tesorero de la coalición, que es miembro de la parroquia de
St. Gregory.
“Tenemos entre 50 y 60 voluntarios, incluyendo a algunos
jóvenes”, indicó Eyen. “Como parroquia, continuamos con nuestras
familias, les acompañamos hasta que encuentran un hogar
permanente, y les ofrecemos artículos para el hogar y muebles, o
lo que necesiten”, precisó.
“En uno de los casos, un miembro de nuestra parroquia pudo
conseguirle empleo a una persona”, añadió.
Golpecitos en el hombro
St. Henry se unió al programa comunitario cuando Mantis hizo una
presentación durante una reunión del Concilio de Damas Católicas
de St. Henry.
“Alguien me dio unos golpecitos en el hombro, y no fue
otro ser humano”, relató Teresa Cherup, al recordar su reacción
ante la presentación de Mantis.
Se volvió a Joanne Bonczek, religiosa de Notre Dame y presidenta
del concilio de St. Henry, y le dijo: “Tenemos que hacerlo”.
“El párroco había recibido información sobre esto, pero no
quería preguntar si alguien deseaba hacerlo”, dijo la Hna.
Bonczek.
“Dios mío, cuando leí sobre esto, me alegré tanto de que alguien
quisiera hacerlo”, expresó el párroco de St. Henry, el P.
Francis Akwue, quien, como muchos párrocos de la Arquidiócesis,
no cuenta con el tiempo necesario para coordinar un proyecto de
esta magnitud.
“Queremos hacerlo dos veces al año, pero no somos una parroquia
grande”, dijo Cherup, al notar que la comunidad de 600 familias
se reduce a unas 400 durante el verano, porque hay personas que
residen en el área sólo la mitad del año.
“Se necesita un compromiso para realizar esto, porque hay que
buscar voluntarios. Pregunté y la gente respondió. Dieron
donativos y trajeron suministros, pero en realidad no es un gran
gasto. La generosidad de la gente de esta parroquia es
impresionante”, comentó Cherup.
“Nos encontramos en situaciones donde las familias no quieren
marcharse, y los niños comienzan a llorar”, dijo Pat Herlihy,
asistente del director de la coalición. “Hago muchas
presentaciones sobre el programa, y hay que perseverar al
pedirle a la gente que participe. En nuestra parroquia de St.
Anthony, en Fort Lauderdale, unas 200 personas se han ofrecido
como voluntarias”.
“En estos momentos, tenemos unas 65 familias en la calle en
espera de albergue. Hay muchas que no llaman a la línea de
auxilio, estoy segura”, dijo Mantis. “Sólo podemos colocar dos
familias a la vez. Lo que impide que hagamos más es que, si no
encontramos un albergue permanente para estas dos familias, y no
tenemos otra parroquia para ellas la próxima semana, debemos
albergarlas en un hotel, y eso conlleva el uso de fondos”.
Añadió que hay muchas cosas que la gente puede hacer sin tener
que albergar a las familias, como donar colchones de aire,
almohadas y otros artículos.
“Fue como si alguien nos dijera que teníamos que hacer esto”,
dijo la Hna. Bonczek. “Creo que, como parroquia, debemos
concentrarnos en atender al hambriento y al desamparado”.
Cómo ayudar
• El programa comunitario de albergue necesita donaciones de
colchones y artículos de cama y de baño, pañales, tarjetas de
regalo y patrocinadores para los gastos de lavandería, gasolina
y el mantenimiento de la furgoneta (van).
• Para información o para coordinar las donaciones,
comunicarse con: Coalition to End Homelessness, P.O. Box 030177,
Fort Lauderdale, FL 33303-0177. Teléfono: 954-792-4000.
• Las familias que necesiten albergue deben llamar a la línea
de auxilio de la coalición: 954-792-BEDS.
¿Quiénes son los desamparados?
De acuerdo con el sondeo demográfico realizado por la coalición
en el condado Broward en 2005:
• En un día determinado, hay al menos 57,400 hombres, mujeres
y niños desamparados en la Florida.
• En una noche determinada, hay 10,000 hombres, mujeres y
niños desamparados en el condado Broward.
• En Broward, cerca del 33 por ciento de los desamparados son
familias, 46 por ciento son hombres solteros, y 21 por ciento
son mujeres solteras.
• 3 por ciento son menores de 18 años, 87 por ciento tienen
entre 19 y 59 años, y 10 por ciento tienen 60 años o más.
• 50 por ciento son blancos no hispanos, 37 por ciento
afroamericanos, 9 por ciento hispanos, 2 por ciento
nativoamericanos, y 2 por ciento pertenece a otros grupos
étnicos.
• Más del 50 por ciento de los desamparados tiene empleo, pero
no puede pagar su vivienda con el sueldo que devenga.
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