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Desde Italia, con fe

Siete adolescentes de Milán pasarán un año de estudios en las escuelas católicas del Sur de la Florida, como parte de un programa de intercambio patrocinado por la Arquidiócesis.

 

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

 

 De izquierda a derecha, desde arriba, los estudiantes italianos Pietro di Masi, Michele Invernizzi, Simone Brussa, Michele Grassi, Sara Fare, Paolo Cazzoletti y Agnese Miani, durante una visita al Centro Pastoral.Ana Rodríguez-Soto

Vinieron a cambiar el latín y el griego por el spanglish y el creole; el cappuccino por el café con leche, y la pasta por los frijoles negros y las hamburguesas.

A sólo unos días de su llegada, siete adolescentes de la Fondazione Sacro Cuore, la Escuela del Sagrado Corazón, en Milán, Italia, se dieron cuenta de que la vida en el Sur de la Florida sería algo diferente a la vida en Europa.

Tras echar un vistazo a South Beach y admirar el horizonte de Miami, “fuimos a los Everglades. Vimos cocodrilos”, dijo Michele Grassi, uno de los dos varones que asisten este año a la escuela superior St. Thomas Aquinas, en Fort Lauderdale.

Michele y Simone Brusa residen con familias de sus compañeros de St. Thomas. Las dos jovencitas del grupo, Sara Fare y Agnese Miani, asisten a la escuela superior de St. Brendan, en Miami, y residen con compañeras cubanoamericanas.

Los otros jóvenes, Paolo Cazzoletti, Michele Invernizzi y Pietro di Masi, asisten a la escuela superior de Christopher Columbus, para varones, vecina de St. Brendan, y también residen con las familias de sus compañeros cubanoamericanos.

Los estudiantes italianos se encuentran aquí gracias a un programa educativo internacional iniciado por el Departamento de Escuelas de la Arquidiócesis.

“Éste es el principio”, dijo José Rodelgo-Bueno, director ejecutivo del programa. “Este [plan] es el piloto de algo muy grande”.

Rodelgo-Bueno explicó que la meta del programa de intercambio es “ampliar la identidad católica de nuestras escuelas y relacionarlas con escuelas católicas sobresalientes en Europa. En la actualidad, ésta es una de las mejores escuelas católicas de Europa”, señaló.

La presencia de los italianos no sólo enriquece su educación cultural, sino que sirve como un recordatorio, para ellos y sus compañeros en el Sur de la Florida, de que la Iglesia es universal.

“La misma hermosa experiencia que tienen allá (en Milán), la pueden vivir aquí, al acoger a sus compañeros y a sus familias”, dijo Rodelgo-Bueno, que es nativo de España. “Ellos ofrecerán a la gente del Sur de la Florida la oportunidad de saber que somos la Iglesia universal. También podrán vivir su fe con jóvenes de un continente diferente”.

Las diferencias entre las prácticas educativas estadounidenses y europeas se encuentran entre lo que aprenderán los adolescentes de ambos lados del Atlántico. Aunque todos los italianos tienen 17 años y estudiarán el cuarto año de la escuela superior en el Sur de la Florida, tendrán un año más de estudios cuando regresen a Milán.

En Europa, la escuela superior dura cinco años, y al inicio los estudiantes deben decidir en cuál de estas tres áreas se especializarán: la científica, que enfatiza las matemáticas y la física; la clásica, que enfatiza las humanidades y el estudio de idiomas como el latín y el griego; o la artística, con énfasis en la escultura y la pintura.

Las muchachas, Sara y Agnese, estudian arte; los varones que asisten a St. Thomas, Michele y Simone, se concentran en el aspecto científico; el resto, en lo clásico. Todos hablan inglés, y confían en perfeccionarlo mientras residan aquí, y todos han sido ubicados en clases de honor.