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Para celebrar el 25º aniversario de La Voz Católica
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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El salmista le ora a Dios pidiéndole que le ayude a contar los
años para adquirir sabiduría. Mientras en la Arquidiócesis nos
disponemos a celebrar los 50 años de su fundación, hoy me
detengo a celebrar con ustedes el 25 aniversario de nuestro
periódico La Voz Católica.
Felicito a los editores, periodistas, técnicos y bienhechores
que han hecho posible con tanto sacrificio, esmero y
profesionalismo, esta obra de cultura y de formación en la fe.
Gracias a La Voz Católica, la comunidad hispana se ha
sentido en casa en la Iglesia por una veraz información y, a la
vez, la Arquidiócesis ha tratado de evangelizar por este medio a
la inmensa oleada de inmigrantes y exiliados provenientes del
Caribe, Centro y Sur América. La Voz Católica es en sí
misma un espejo de la presencia hispana en el Sur de la Florida,
y del esfuerzo de nuestra Iglesia, tan rica en el apostolado
seglar, de acoger a este numeroso pueblo como una bendición, y
no como una carga.
La Voz Católica
ha recibido muchos reconocimientos de la prensa católica
nacional. Se ha distinguido como un medio serio de comunicación
por su objetividad al tratar los temas del momento, tanto en la
sociedad como en la Iglesia. Estoy orgulloso de esta
contribución a la cultura y a la obra educativa de la Iglesia en
el Sur de la Florida. Como decía Su Santidad Juan Pablo II,
“evangelizar es también el encuentro con la cultura de cada
época”.
La Voz Católica
no sólo nos ha llegado a nosotros. En mi participación en el
Sínodo Internacional de la Iglesia en América, y en mis visitas
a otras diócesis en el Caribe y América Latina, me he dado
cuenta de que es leída en muchos lugares; aun más: estas
numerosas iglesias han podido comunicarse con sus hijos en la
diáspora a través de La Voz Católica, que les ha dado
espacio y acogida para mantener vivos sus lazos de comunión y
solidaridad. En los últimos años, la Internet ha proyectado este
servicio a escala global, multiplicando el bien a niveles
insospechados por nuestra imaginación.
En 1987, los obispos de nuestra Conferencia adoptaron una
importante opción, al escoger el principio de integración
eclesial en vez del de asimilación cultural. Se trató de esta
forma, en la medida de lo posible, de promover una pastoral en
el idioma de cada pueblo, respetando los valores de cada uno de
ellos, para lograr el enriquecimiento mutuo y una activa
participación con todos en una única Iglesia. La Voz Católica
ha sido un valioso testimonio de este empeño del apostolado
hispano en nuestra Iglesia local.
Entre tantos “bienhechores” que podría nombrar, sobresale Mons.
Agustín Román. A lo largo de tantas etapas y momentos difíciles
–especialmente económicos–, él ha sido un ardiente defensor de
esta obra, llevándola en la mano en sus visitas pastorales a las
parroquias, mencionándola en las estaciones de radio y en su
prédica en la Ermita de la Caridad. La Voz Católica y
Radio Paz han sido como sus dos manos evangelizadoras. Su
estímulo incansable ha contagiado a muchos.
Cuando leo La Voz Católica me doy cuenta de la vitalidad
de la Iglesia entre nosotros, al acoger la diversidad de su
pueblo en la unidad de la fe.
¡Deo gratias!
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