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Eran los tiempos del linotipo...

Entrevista a Gustavo Pena, primer editor hispano de La Voz.

Yédica Leal
La Voz Católica

¿Cómo llegó usted a ser parte de La Voz?

Yo era corresponsal en Cuba de NC y NCNS, el servicio de noticias de la Conferencia Católica de Estados Unidos. Un costarricense, Jaime Fondesa, era el director en Washington del servicio en español y de las corresponsalías en Latinoamérica. Después de varios problemas y arrestos por parte de la policía política en Cuba, tomé el camino del exilio en julio de 1961. Al llegar a Miami llamé a Fonseca, y me dijo que en el periódico diocesano de Miami estaban buscando un periodista que hiciera las páginas en español del semanario The Voice. Tuve una entrevista con Mons. John Fitzpatrick, que era el editor en jefe, y así comencé en La Voz, donde trabajé 14 años.

 

¿Cuales eran sus responsabilidades?

Redactaba las noticias locales y editaba las noticias internacionales, traducía los textos en inglés, como los mensajes del Obispo Carroll. Gestionaba colaboraciones de escritores, tanto sacerdotes como seglares, para las secciones de opiniones.

 

¿Por qué cree usted que Mons. Carroll promovía tanto la comunicación en español, dada la época?

En aquella época la población hispana de Miami era de poco más de cien mil habitantes, poco más de 10 por ciento de la población total de Miami-Dade, de más o menos un millón, pero crecía por días con la llegada de refugiados cubanos por mar y aire. Era la época en que llegaban decenas de niños “Pedro Pan” cada día.

Los cubanos se colocaron rápidamente como mayoría absoluta de la población hispana, auque había grandes grupos de puertorriqueños y colombianos. La diócesis cubría todo el Sur de la Florida, incluyendo Palm Beach, St.Lucie, Collier. En esos condados, igual que en el sur de Dade, había muchos trabajadores agrícolas, de origen mexicano en su mayoría. El periódico llegaba a ellos con algunos suplementos especiales. En esa época también había el apostolado de la radio en español, y yo ayudaba al P. Ángel Villaronga en la producción de algunos de los programas de entonces.

 

¿Como describiría su experiencia como editor de La Voz?

Inolvidable y muy gratificante en lo espiritual. La voz fue vital en el impulso a los movimientos apostólicos hispanos que comenzaban a germinar en Miami, como el Movimiento Familiar Cristiano y los Cursillos de Cristiandad, entre otros.

 

¿Cómo fueron esos primeros tiempos?

Eran los tiempos del linotipo y las páginas de plomo. No existían las computadoras y mucho menos la Internet. La parte en inglés, The Voice, se confeccionaba en los talleres de The Miami News, diario ya desaparecido; la sección en español se componía en los talleres de Diario Las Américas, de donde se llevaban las matrices de cartón para hacer la plancha de plomo e imprimir todo el periódico en el News. Era un proceso mucho más lento y engorroso que el de hoy.

 

¿Que anécdotas o experiencias recuerda?

Recuerdo con cariño inolvidable al personal de The Voice y de toda la Cancillería, entoces mucho más pequeña de lo que es el Centro Pastoral donde ustedes trabajan. Del Obispo Carroll para abajo, casi todos eran irlandeses o de origen irlandés.

Yo fui el primer hispano en trabajar en ese grupo. La secretaria del Obispo Carroll era de origen cubano, pero criada acá y sabía poco español. Todos me recibieron con mucho cariño y me ayudaban con mi pobre inglés. El director de The Voice era John Ward, quien al retirarse dejó en el cargo a George Monaham. Ambos traían gran experiencia de la prensa secular, y con ellos aprendí buen periodismo, que más tarde me sirvió para trabajar en otros medios.