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Que millones de seres humanos caminen por la paz
Todo se inició en una reunión donde difusores del evangelio
recordaban cómo se conmemoró el año anterior el 9/11 con un
concierto por la paz, en la parroquia del Padre Alberto.
Alguien propuso: “¿Por qué no hacemos una vigilia ecuménica por
la paz?” Después, otro de los presentes amplió la idea: “Y ¿por
qué no hacemos una caminata-vigilia ecuménica por la paz?”
Caminar es el mejor de los ejercicios, pero, cuando se piensa en
una caminata de 4 millas, con 80 grados de temperatura más la
humedad de Miami, no es extraño que alguien diga: “¡Yo paso!”
Pero hubo, en la caminata por la paz, un hombre que nos hizo
caminar sólo con su ejemplo: Mons. Agustín Román, que dijo sí a
la caminata y sí a la vigilia, con sus 80 años de vida, su
camisa gris y ese Cristo color plata que, sobre su pecho, nos
recuerda al auténtico apóstol. Mons. Román caminó durante hora y
media, dio entrevistas y ánimo, pero, sobre todo, marcó el paso
a seguir con su presencia. A su lado, el P. Paguaga, un poco
menor en edad, le seguía el paso firme.
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El
P. Alberto Cutié inicia la caminata por la paz en la Iglesia de
Todos los Santos (Episcopal), después de un acto ecuménico.
Fotos: Armando Terrón |
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Desde las torres subía al cielo una columna de almas, con sus
manos en alto y cartelones con expresiones de paz; a cientos de
millas del Ground Zero, los caminantes por la paz
coreaban God Bless América.
Nuestro dolor por las víctimas nunca se apagará. Cada vez que un
ser humano muera por causa de la violencia, en cualquier lugar
del mundo, la paz morirá un poco.
El primer día de cada año, el Santo Padre le habla al mundo
sobre la paz, cuyo símbolo, la paloma, es el mismo del Espíritu
Santo.
En realidad, casi todos hablan de la paz, pero son muy pocos los
que se comprometen con ella.
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Mons.
Román (izq.) y el Pastor Revueltas durante
la
caminata. |
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Nosotros mismos, ya nos sentíamos cansados de caminar por la paz
antes de haber empezado la caminata. Pero Mons. Román –un hombre
de paz, uno del que dicen que nunca habla mal de nadie, nacido
en la paz de un campo, junto a una vereda cubana–, nos dio el
ánimo necesario para caminar por la paz hasta el final del
recorrido, con sólo hacernos pensar: “Si Mons. Román camina, yo
no me puedo sentar a la llegada sólo a esperar”.
En la caminata nos confundimos todos: éramos cristianos de
varias denominaciones, pastores, presbíteros, monjas, bebés en
sus cochecitos, gordos y gordas, flacos y flacas, personas
ancianas y hasta en sillas de ruedas… Gentes que, al ver el
carro de la emisora Radio Paz, se interesaban en saber el porqué
de esta caminata, en medio del tráfico de Coral Way, un martes a
la 6 de la tarde.
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momento de la caminata, presidida por la cruz y la bandera.
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Es posible que algunos lectores ni siquiera hayan sabido de esta
caminata, pero, quienes la vivimos, cargamos en nuestras mentes,
a lo largo de esas cuatro millas, a los muertos de las Torres
Gemelas; llevamos a los soldados caídos en los varios frentes de
batalla. Y no se gritaron consignas contra nadie. No. El único
lenguaje era la cruz vacía, la preciosa bandera con las barras y
las estrellas, y los himnos que a todo norteamericano, por más
inmigrante que sea, le tocan el corazón.
Al salir en la Iglesia Episcopal de Todos los Santos, el pastor
nos hizo el envío; y al arribar al ansiado punto de llegada, en
la Ermita de la Caridad, personas emocionadas nos recibían con
lágrimas en los ojos.
Signo de los tiempos, un soldado recién llegado de Irak, que no
habla nada de español, se nos unió con su novia cuando supo de
qué se trataba.
Ese soldado nos hizo ver que las mismas manos que portaron el
fusil, llevaban ahora la cruz de ocho metros que se levantaba
por encima de nuestras cabezas.
Ese joven, que entró con la cruz en sus manos en los terrenos de
la Ermita, no pudo imaginar esta escena mientras combatía en
Irak, ni nosotros la esperábamos. Pero así es la voluntad
divina, que nos dejó un signo de los tiempos en este combatiente
recién llegado de la guerra, y armado ya no con un fusil, sino
solo con la cruz de Cristo para elevar una plegaria por la paz.
Acto
ecuménico
“La casa de la Madre es la casa de sus hijos”, fue el saludo de
Mons. Román, quien, pronunciando una oración por la construcción
de la civilización del amor, abrió el acto ecuménico en los
jardines de la Ermita. Seguidamente, el Pastor Añorga, haciendo
gala de su cálida afectuosidad, enfatizó: “Hay un montón de
gente mala, que se ha arropado en una creencia falsa para
confundir al mundo”; y, al referirse a los resultados del 9/11,
aseveró: “Esta sociedad sumida en el secularismo encuentra un
resurgir religioso como consecuencia del 9/11”.
El diácono Jorge González disertó sobre la paz en la familia y,
para cerrar el acto ecuménico, el presidente y director general
de Radio Paz, el P. Alberto Cutié, agradeció la participación de
todos, mencionando especialmente a Mons. Román; al Obispo Soto,
por sus reflexiones sobre noticias de actualidad; al P. Juan
Carlos Paguaga; al Rev. Cabrera, de Miami Beach; al Rev.
Revueltas; al P. Hernández Mesa, de la Iglesia Episcopal desde
donde salió la caminata.
Pidiendo que la luz de Cristo penetre la oscuridad del
terrorismo, para que se acaben el odio y la envidia, el Padre
Alberto inició el encendido de cientos de luces que, teniendo
como fondo el tema musical Hazme un instrumento de Tu Paz,
cerraron la vigilia ecuménica en el más profundo recogimiento.
Necesitamos que millones de seres humanos caminen por la paz.
Director de operaciones de Paxnet-Radio Paz Satelital
mailto:penagos@paxcc.org
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