Medio siglo de fidelidad al Señor

Dos religiosas claretianas celebran
50 años de vida consagrada

Yédica Leal
La Voz Católica

 Las Hermanas Carmen Álvarez (izq.) y Regina Tutzó, misioneras claretianas, entraron juntas al noviciado en Barcelona, y juntas acaban de celebrar sus cincuenta años de vida religiosa. Yédica Leal

Juntas entraron al noviciado y juntas celebraron cincuenta años de vida religiosa. Las Hermanas Regina Tutzó y Carmen Álvarez, religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas, entraron al mismo noviciado en Barcelona en 1956, y juntas celebraron su compromiso con el Señor, el 24 de septiembre, con una Misa de acción de gracias en la iglesia Corpus Christi, de Miami.

“Yo no escogí la vida religiosa, Dios me escogió a mi”, expresa la Hna. Carmen, que ha servido como directora de educación religiosa en Corpus Christi durante 30 años. “Yo sentí que el Señor pedía algo de mí y que debía seguirle”, agrega la Hna. Regina, antigua secretaria y tercera consultora del gobierno general de su congregación, en Roma. En la homilía, el P. José Luis Menéndez, párroco de Corpus Christi, habló del don que poseen las religiosas, el don de ser un símbolo viviente del amor de Cristo. “Hoy en día tenemos miedo al compromiso, nos cansamos de las responsabilidades y la fidelidad nos cuesta”, dijo el P. Menéndez, agregando: “Le damos gracias a Dios por estas vidas, que nos han mostrado en estos 50 años el reino de los cielos”.

 

Regina Tutzó: “Me tienes tatuada en la palma de tu mano, Señor”

“Siempre he tenido el deseo de compartir lo que sé, para que las personas se entusiasmen con el Señor y vivan la fe sin miedo”, señala la Hna. Regina. A lo largo de cincuenta años de vida religiosa, la Hna. Regina ha evangelizado a niños, jóvenes y adultos. La menor de dos hijas de Generoso Tutzó y Paulet Cabau, Regina nació en 1936 en Toulouse, Francia. A la edad de 9 años, su familia se trasladó a Barcelona, España, donde permaneció durante su adolescencia. Desde muy joven sintió que el Señor la llamaba. “No había nada en mi vida que pudiera predecir que yo fuese religiosa”, explica la Hna. Regina, agregando: “Mis padres no eran practicantes y yo aprendí a rezar con mi hermana, que me enseñaba lo que ella aprendía en el colegio”. Regina desarrolló un amor muy especial por San Antonio María Claret (fundador de las claretianas) cuando visitaba el Santuario del Corazón de Maria, en Barcelona. “Los claretianos que llevaban el Santuario nos hablaban con frecuencia y con gran entusiasmo de Claret”, explica. Así fue que el 2 de febrero de 1956, a la edad de 19 años, Regina entró al Convento de Sarriá, en Barcelona. Un año más tarde hace su primera profesión, el 24 de septiembre de 1957. “Me fui enamorando de la congregación: es mi familia y la amo con todo mi corazón”, señala la Hna. Regina. Dos años después fue destinada a Tremp, España, donde enseñaba en un colegio para niñas. “Descubrí la capacidad de llegar al corazón de las personas a través de la enseñanza”, explica. Después estuvo en Venezuela, donde hizo su profesión perpetua el 23 de septiembre de 1962. Su próxima misión vino en 1963, con destino a los Estados Unidos. Durante su estancia en Washington, D.C., se graduó con una maestría en ciencias (1970-1971) de Catholic University of America. Su ministerio en Washington, D.C., se le acortó al ser invitada a participar en el Capítulo General Especial de su congregación, en 1969, en Madrid.

En 1971 regresó a los Estados Unidos y fue acogida junto a un grupo de Hermanas por Mons. Coleman F. Carroll, Obispo de Miami. Fueron asignadas a la Misión de Nuestra Señora Reina de la Paz, en Delray Beach. “Vivir en comunidad y poder llevar el Evangelio fuera de ella me ha hecho muy feliz”, comenta.

En 1975 surge la necesidad de establecer una comunidad en Miami, y la Hna. Regina se muda a la casa de Miami-Norte y comienza a dar clases de biología en el colegio de la parroquia de Visitation. Pero su ministerio se le acortó nuevamente, al ser llamada a servir en el Capítulo de 1975 en Roma, participación que la lleva a quedarse como secretaria y tercera consultora del gobierno general de su congregación por doce años. Después regresa a la Florida, pero esta vez a la diócesis de Palm Beach, donde comienza su trabajo en la pastoral hispana, participando en programas de radio y como fundadora de la escuela de Formación Cristiana.

“A través de mi vocación descubrí mi capacidad de enseñar a personas adultas y de formarlas en la fe”, señala la Hna. Regina, agregando: “Disfruto mucho al poder ver a las personas ser libres en su fe”. Su actual ministerio incluye la formación de adultos en las parroquias de Corpus Christi y Visitation.

 

Carmen Álvarez: “Guárdame, Señor, como a la niña de tus ojos”
“Dios dijo que sembráramos sin esperar cosechas y que sembráramos con fe”, señala la Hna. Carmen, refiriéndose a la labor de su comunidad. Y sembrar es lo que ha hecho desde que comenzó su vida como claretiana.

La menor entre los diez hijos de Alfredo Álvarez y Joaquina Iglesias, Carmen nació en 1932, en Pola de Laviana, Asturias. Su amor por las claretianas surgió desde muy niña, cuando asistía al colegio claretiano Maria Inmaculada. “Siempre recibí un buen ejemplo de las monjas de mi colegio”, explica. Carmen era miembro de Acción Católica, pero sentía que no era suficiente, que quería seguir al Señor de otra manera “Tenía la duda de irme con las seglares; entonces me fui a la iglesia a hablar con Dios, y me dije a mí misma: me voy claretiana”.

El 13 de marzo de 1956, a los 25 años de edad, entró al Convento de Sarriá, Barcelona. “Fue la primera vez que vi llorar a mi padre, y mi madre me pedía que me quedara”, cuenta la Hna. Carmen. Su primera profesión fue el 24 de septiembre de 1957. Permanece en el noviciado por seis años, enseñando música y tocando en la liturgia. Su primer destino fue Puerto de Sagunto, y luego Abárcuza, Navarra (ambos en España). Su profesión perpetua tuvo lugar el 24 de septiembre de 1962 en Sarriá, Barcelona. “Por qué religiosa, no lo sé: yo pienso que la vocación es un misterio”, dice la Hna. Carmen.

En 1964 es enviada como maestra al colegio de Zafra, España. Ocho años más tarde regresa a Sarriá; de ahí parte a Madrid y después a Miami. “Dejar España no fue fácil, pero cuando el Señor invita a una nueva misión es difícil decir no”, señala. En 1975, un grupo de tres hermanas (Carmen, Regina y Soledad) se establecen en la casa de Miami-Norte, y la Hna. Carmen comienza su ministerio en St. Benedict. “En St. Benedict impartíamos catequesis y clases de Biblia en las casas de los vecinos”, recuerda.

En 1977 es enviada a la parroquia de Corpus Christi como encargada de los ministerios de la catequesis, el coro, la liturgia, el grupo de matrimonios y asistencia social, cargos que hoy siguen vigentes. “La comunidad de Corpus Christi es maravillosa; su fidelidad y entusiasmo es algo muy especial”, expresa la Hna. Carmen.

En 1978 comienza el apostolado de visita a los presos. “He recibido tanto de Dios que le pido que me alargue la vida para poder pagarle todo lo que le debo”, dice la Hna. Carmen. En 1981 participa en el equipo de liturgia hispana de la Arquidiócesis de Miami, y luego en el equipo nacional de la liturgia Hispana. En 1993 toma parte en el XIII Capítulo General, en Roma. De 1995 a 1998 es enviada a la comunidad de Miami-Sur, y hace año y medio que reside en Miami-Norte.

El Arzobispo de Miami, Jonh C. Favalora, finalizó la misa dirigiéndose a las Hermanas para felicitarlas por su compromiso y fidelidad al Señor. “Espero que su fidelidad sirva de inspiración a la juventud y que vean las maravillas de la vida religiosa. Ustedes son símbolos visibles de Dios en un mundo que tanto lo necesita”, concluyó.