México y el drama de La Otra Conquista

 Soledad Rothstein.

Los sucesos en este drama histórico toman lugar después de la conquista y caída del imperio azteca a manos de los españoles. La otra conquista se refiere a la conquista no del imperio, sino del espíritu y la cultura del pueblo mexicano, con el fin de “civilizarlos” y convertirlos al cristianismo.

El personaje principal, Topiltzin (Damián Delgado), un indígena azteca, hijo del emperador Moctezuma con una de sus concubinas y cronista de las creencias religiosas de su pueblo, logra sobrevivir a la matanza de su comunidad; sin embargo, es salvajemente torturado por los conquistadores mientras se le obliga a contemplar una imagen de la Virgen María. La historia se desarrolla en forma de alegorías y con la utilización de un rico simbolismo, lo cual, por momentos, impide el claro entendimiento de los sucesos. Por ejemplo: durante la tortura de Topiltzin, la estatua de la Virgen, que contempla lo que sucede, derrama lágrimas, lo cual puede tener muchos significados dentro del contexto de la película. Para los cristianos, el significado sería el dolor de la Virgen al ver las atrocidades cometidas por los conquistadores en el nombre de Dios. Para los indígenas, en cambio, sería el dolor de Tonantzin, la diosa madre que contempla la humillación y el sufrimiento de sus hijos a través de la imagen de María. La voluntad y el espíritu del pueblo indígena de México fueron quebrantados, su lengua y su cultura fueron abolidas, pero la síntesis entre los valores espirituales más altos de los conquistadores y los conquistados no se lograría hasta la aparición de María como la Virgen de Guadalupe, con el poderoso simbolismo indígena de su imagen.

 El drama de Topiltzin es el del pueblo conquistado, que se debate entre la fidelidad a sus dioses y la irresistible atracción maternal de la imagen de María, traída por los conquistadores.

La trama principal se desarrolla entre Topiltzin y el misionero cristiano (José Carlos Rodríguez). Los dos realizaban el mismo trabajo dentro de sus respectivas comunidades, y ahora, aunque viven en el mismo monasterio y Topiltzin ha sido aparentemente convertido, se enfrascan en un debate teológico y filosófico a lo largo de la cinta. El punto flojo es que este debate se muestra a través de símbolos y de frases esporádicas, mas no directamente. Estos dos personajes, en el transcurso de la historia, no cambian ni se desarrollan. Es decir, no llegan a nada. Pero también es esto mismo lo que demuestra la fuerza y la determinación del espíritu indígena.

Una de las presencias más fuertes en este filme es la estatua de la Virgen María. Dada la importancia de la Virgen en la cultura mexicana, es fácil entender por qué se le ha dedicado tanta presencia escénica. Además, la imagen de María se asocia siempre en la película con el dolor y la fascinación de Topiltzin, que aunque no parece haberse convertido totalmente al cristianismo, ve en la Virgen una presencia maternal que es capaz de comprenderlo y de compadecerlo.

Los puntos principales de la cinta son: la brutal conquista del pueblo indígena mexicano, que es imposible olvidar; la conversión de este pueblo al cristianismo en virtud, sobre todo, de la presencia mediática de la Virgen María, y el hecho de que el espíritu de la raza autóctona de México trascendió a su sometimiento por parte de los conquistadores.

El filme es eficaz al transmitir estas ideas. Aunque el final no es feliz, percibimos el triunfo del espíritu humano y se entiende que el sacrificio de Topiltzin –quien muere para apoderarse de la imagen de la Virgen– era lo único que podía aliviar su alma.

Es una pena que esta cinta no haya alcanzado una gran audiencia en el mercado estadounidense, tan poco acostumbrado a las películas llenas de simbolismo, con actuaciones sombrías y escenas lentas y, por momentos, tediosas. En este sentido, Apocalipto logró su cometido y llegó a las grandes masas con su narrativa tan “a lo Hollywood”, pero, en cuanto a la expresión de la lucha del espíritu humano por sobrevivir, La otra conquista es un filme mucho más inspirado, que logra transmitir lo que Apocalipto apenas alcanzó a insinuar. Como se afirma en una crítica del diario La Opinión, “no ha sido desde Schindler’s List o Braveheart que una película ha hablado tan elocuentemente del triunfo del espíritu humano”.

En México esta cinta fue todo un éxito. El director Salvador Carrasco, quien demoró diez años en finalizarla, es un talentoso cineasta, que esperamos ofrezca más filmes con un contenido tan inspirador. Cabe agregar que muchas escenas fueron filmadas en locaciones de alto valor arqueológico y en monasterios coloniales. El vestuario, la escenografía y la utilización de la lengua española y la náhuatl logran una reproducción de la época bastante verosímil.

Reportera y crítica independiente
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