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Luciano Pavarotti: Una voz para la eternidad
Este 12 de octubre, Luciano Pavarotti, el tenor de los tenores,
cumpliría 72 años. Sin embargo, en medio de las glorias de su
retiro a medias, que transcurría entre Nueva York y su villa en
Módena, su ciudad natal, la vida no lo dejó llegar a esa fecha,
pues falleció el 6 de septiembre pasado, víctima de un cáncer de
páncreas.
Su carrera se inició “oficialmente” el 29 de abril de 1961 (sus
primeras apariciones se remontan al coro del Teatro de la Comuna
en Módena, y luego a la Coral Gioacchino Rossini), en el Palacio
de la Ópera de Reggio Emilia, con su interpretación del Rodolfo
de La Bohème de Puccini; culminó, también de manera
oficial, en marzo del 2004, con sus últimas representaciones en
la Ópera Metropolitana de Nueva York, donde encarnó el papel del
pintor Mario Cavaradossi en otra obra de Puccini, Tosca.
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Luciano
Pavarotti en un momento de su etapa de mayor esplendor
artístico.
Foto de archivo |
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Dos meses después, Pavarotti anunció, en vísperas de su
septuagésimo cumpleaños, que pensaba llevar a cabo una empresa
ambiciosa: el “Tour del adiós”, una serie de cuarenta
conciertos en todo el mundo, como digna despedida al público que
tanto lo amaba. Pero el destino le jugó una mala pasada, pues la
ansiada gira se suspendió a causa de una operación en la espalda
en 2006. Ese mismo año, cuando se disponía a iniciarla desde
Nueva York, se le descubrió el cáncer, y se le sometió a otra
intervención en julio. Pavarotti no volvió a los escenarios, y
puede decirse que su “canto del cisne” tuvo lugar en febrero del
2006, cuando interpretó impecablemente, como sólo él podía, el
aria “Nessun dorma”, de la ópera Turandot, en un
digno cierre a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de
Invierno de 2006, en el Estadio Olímpico de Turín.
Su fallecimiento cierra una página inolvidable en la historia de
la ópera universal. Cuando se apaguen los ecos de sus más que
concurridas honras fúnebres, de su reposo final en el cementerio
de Montale Rangote, de los rumores y especulaciones acerca de su
testamento, su herencia y las disputas entre su viuda y sus
hijos mayores, seguramente se hablará, al referirse a cinco
décadas de carrera entre 1961 y 2004, como “la era Pavarotti”.
La extensa discografía del tenor de tenores, que abarca las más
disímiles y monumentales obras del repertorio operístico,
acompañado por las figuras más reconocidas del mismo, como Joan
Sutherland (con quien llevó a cabo su debut en los Estados
Unidos, en una producción de Lucia di Lammermoor de la
Gran Ópera de Miami, en febrero de 1965), y cantantes de música
pop como Eros Ramazotti, Sting, Andrea Bocelli, Frank
Sinatra, Mercedes Sosa y U2, logró su momento cumbre con la
serie de conciertos y grabaciones de “Los tres tenores”, el trío
estelar conformado por Pavarotti, Plácido Domingo y José
Carreras. Su primera presentación, el 7 de julio de 1990, en las
antiguas Termas de Caracalla, fue el inicio de una empresa
exitosa y tal vez irrepetible.
Ahora que se ha apagado para siempre la voz, en el mundo
de los amantes y estudiosos de la ópera se barajan múltiples
nombres de tenores jóvenes y destacados. El propio Pavarotti
dejó entrever un posible sucesor, cuando, en una entrevista
concedida al periódico El País Semanal, en octubre
del 2003, dijo del tenor peruano Juan Diego Flórez: “Hace
mucho tiempo que no oía a nadie cantar con tanta inteligencia;
pero no es sólo técnica lo que tiene, es una voz bellísima y las
dos cosas son lo más importante”.También se habla, y
merecidamente, del mexicano Rolando Villazón (apadrinado nada
menos que por Plácido Domingo), del argentino Marcelo Álvarez,
del venezolano Aquiles Machado y del uruguayo Carlos Ventre.
Curiosamente, todos hispanos.
El tiempo dirá. Pero no hay dudas de que tendrán un arduo camino
por delante. Porque, para reemplazar la tesitura de Luciano
Pavarotti, hacen falta cinco décadas de dedicación y trabajo y,
sobre todo, contar con una voz destinada a la eternidad.
Crítico independiente
mailto:djvega@bellsouth.net
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