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Octubre: Mes del Rosario
Unos jóvenes muy comprometidos de la iglesia de San Lázaro, me
pidieron que escribiera sobre el rezo del Rosario como
experiencia propia.
La historia de los milagros obtenidos por muchos a través del
Rosario, es bien conocida.
Teniendo yo alrededor de 13 años (1950), repartieron en la
iglesia de San José (Holguín, Cuba), unas estampas de la Virgen
de Fátima. El ver a la Virgen con el Rosario en sus manos, y a
los pastorcitos (Lucía, Francisco y Jacinta), rezando el Rosario
de rodillas, delante de Ella, me impactó. Aprendí a rezar el
Rosario ayudado por la catequista Alicia Velázquez.
El rezo del Rosario me ha apoyado mucho en los momentos de
enfermedad (los misterios dolorosos), identificándome con los
dolores de Cristo. Los misterios gloriosos me han ayudado a
sentir alegría cuando he estado triste. Los gozosos y los
luminosos me confortan y alientan.
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El
Papa Juan Pablo II obsequia a la imagen de la Virgen de la
Caridad con un Rosario, durante la visita que realizó a Cuba
entre el 21 y el 25 de enero de 1998. Al fondo aparece el Padre
Francisco Villaverde, OP, quien fue uno de los cuatro sacerdotes
que le presentaron la imagen de la Virgen al Papa. Conferencia
de Obispos Católicos de Cuba |
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Me gusta rezar el Rosario solo, o, a lo más, con una o dos
personas, para tener la libertad de que, si al pasar las cuentas
me viene el recuerdo de alguna persona o de algún hecho, ofrecer
un Ave María por lo que viene a mi mente, y así darles sentido a
mis distracciones.
Rezo el Rosario en comunión con la Iglesia, y tengo presentes
desde el papa hasta el último monaguillo. Caigo en la cuenta de
decir, una y repetidas veces, “ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte”.
El Rosario me ha confortado en los muchos momentos que paso
solo. Es un modo de hablar con Alguien. Llevo el Rosario en el
bolsillo, y siempre que, de modo discreto, pueda rezarlo, lo
rezo. Y si no, me sirvo de mis diez dedos. Esto lo aprendí de
Mons. Enrique Pérez Serantes, que llevaba el Rosario en el
bolsillo de su sotana, y lo rezaba privada o públicamente.
Recomiendo a los jóvenes que lleven un Rosario en uno de sus
bolsillos, y a las muchachas en la cartera, pero no como un
amuleto. Les recomiendo que desde ahora recen el Rosario, que,
como dijo Juan XXIII, “es la oración de los pobres”, porque
conforta al desvalido, al enfermo, al triste. Da alegría y
serenidad al alma; nos da confianza en la “espera” y en el
“retorno” del Señor.
Cuando el Papa Juan Pablo II coronó a la Virgen de la Caridad
como Reina de Cuba, el 24 de enero de 1998, poniendo un Rosario
de oro entre sus manos, me dije: “El Papa completó los atributos
de la Virgen de la Caridad, dándole el Rosario que, cuando yo
era niño, veía entre las manos de la Virgen de Fátima. Así veo
en Ella todas las imágenes de la Virgen que llevan el Santo
Rosario.
Ya que este 14 de octubre cumplí 45 años de vida sacerdotal,
pido a mis amigos y conocidos que recen un Ave María para que el
Señor me conceda llegar a las bodas de oro sacerdotales: ¡Fiat
Voluntas Tua!
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