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Tres deseos para La Voz Católica
La vida de Araceli Cantero se entreteje con la del periódico.
Recordar los inicios de la Diócesis y de La Voz, que así
se llamaba entonces, es para mí recordar mi propia vida,
porque lo que soy es fruto de esa misma historia. Mi vida adulta
está entretejida con las fechas, los eventos, el palpitar de esa
diócesis y de este periódico. Es ahí en donde, durante casi tres
décadas, he madurado como persona y como creyente.
Celebrar este doble aniversario es, por tanto, dar gracias por
mi historia y por las personas y acontecimientos que han hecho
de mí lo que soy.
Y aunque dejé La Voz Católica por motivos familiares y
escribo desde la distancia, sé que la Arquidiócesis de Miami
sigue siendo mi lugar en la Iglesia. Ahora soy una lectora más,
aunque en Madrid. Pero muy pronto podré recoger el periódico en
mi parroquia de St. Peter and Paul.
Mientras llega ese momento, y ya que se me ha invitado a ser
parte de esta celebración, me atrevo a expresar tres deseos para
La Voz Católica, que también se pueden aplicar a la
Arquidiócesis:
No queremos ser un ghetto
Mi primer deseo es que La Voz Católica nunca se convierta
en un ghetto. Deseo que en sus páginas se reflejen buenas
noticias de todos los colores y culturas. Que sea un lugar de
encuentro y de solidaridad. Que la lengua común sea instrumento
que transmita valores, cultura, costumbres, pero sin olvidar que
las buenas noticias tienen rostros de otros colores y hablan
otras lenguas. Estoy convencida de que cuando aceptamos esto y
lo celebramos, seguimos creciendo juntos como comunidad plural
pero católica, universal.
Recordamos nuestra raíces
Deseo también que La Voz Católica no olvide sus raíces.
Porque podemos pensar que este periódico existió siempre como
está hoy y podemos olvidarnos de que se ha ido construyendo día
a día con el trabajo de muchos, con los sudores y la sangre de
muchos.
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De
izquierda a derecha, de La Voz Católica: Manuel
Villaverde, jefe de producción; Araceli Cantero, antigua
directora; Maritza Álvarez, directora de circulación; Emilio de
Armas, actual director, y Ana Rodríguez-Soto (editora de The
Florida Catholic-Miami), antigua editora y actual
colaboradora, durante la convención anual de la CPA celebrada en
Orlando en 2005. Angelique Ruhi-López |
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Si me fijo en las personas que han colaborado en las páginas de
La Voz Católica, cuento cerca de 150. Algunas en la
plantilla, y muchas más como colaboradores o columnistas. Y si
además me pongo contar a quienes han sido protagonistas de las
noticias publicadas, la lista se hace interminable.
Con sus testimonios y sus palabras, estas personas nos han
evangelizado. El contacto con inmigrantes o exiliados de Cuba y
Haití, de India, Bosnia o México, nos ha abierto los ojos a
otras realidades y otras maneras de ser y de hacer. El trabajo
con angloparlantes, nos ha ayudado a relativizar posturas, a
valorar la diferencia y buscar lo esencial.
Recordar las raíces es saber que el año 1982 es importante para
La Voz Católica porque marca un hito: el de su
“independencia” del periódico en inglés The Voice, pero
no es la fecha de su nacimiento. La semilla se había plantado en
1958 con la fundación de la Diócesis. En la primera edición del
periódico The Voice, ya había un recuerdo para la
población católica de habla hispana. En un rinconcito de la
portada se nos daba la bienvenida en nuestra lengua. Y en su
interior se ofrecían noticias traducidas del inglés y algunas
reflexiones pastorales escritas por los sacerdotes pioneros del
trabajo pastoral con los hispanos: Antonio Navarrete, Javier
Morras, entre otros, sacerdotes de “La Obra” (OCSHA –Obra de
Cooperación Sacerdotal Hispano Americana), a los que han
seguido muchos otros, de países iberoamericanos y de Cuba.
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Desde arriba: Mons. Agustín A. Román, Dora Amador, Brenda Tirado,
Rogelio Zelada y Angelique Ruhi-López. |
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Aún estudiante de comunicaciones en la Universidad de Miami,
participé con el P. José Luis Hernando en un curso de
comunicaciones católicas en la Universidad de los jesuitas en
Nueva Orleáns. Era 1971 y el P. Hernando ya colaboraba con
varias emisoras de radio hispanas. Reconozco que aquella
experiencia me deslumbró. Descubrí que la Iglesia de Estados
Unidos estaba muy implicada en los medios de comunicación.
Descubrí, también, que no había gente bilingüe comprometida en
este campo de las comunicaciones católicas, y se me abrió un
gran horizonte. Desde mi trabajo en la Oficina de Radio y
Televisión de la Diócesis colaboré en la programación religiosa
del naciente Canal 23, pero la televisión me resultaba
complicada y muy competitiva, y a la hora de hacer estudios
graduados opté por una maestría en periodismo escrito y
fotoperiodismo. Es así como en 1974, después de varios rechazos
laborales por el norte del país y de varios meses sin trabajo,
“aterricé” como reportera bilingüe en The Voice.
A mi llegada encontré a Gustavo Pena Monte al frente de las
páginas en español. Yo venía con el empuje y energía de la
juventud y con muchas ganas de poner en práctica lo aprendido.
Lo mío no era traducir lo que se publicaba en inglés.
Después de siete años inmersa en la cultura anglosajona, tuve
que ir descubriendo lo que les ocurría a los hispanos, en gran
parte los cubanos que habían estado llegando por miles desde
1957, acogidos generosamente por la Diócesis. Pero en los años
70 ya no eran los exiliados desvalidos, necesitados sólo de
programas sociales. En muchos de ellos se palpaba la inquietud
espiritual y la necesidad de una atención pastoral en su propia
lengua. El movimiento de Cursillos de Cristiandad crecía en la
Diócesis y hablaba en español, llenando el vacío que los
hispanos sentían en parroquias “americanas” en donde, a pesar
del Concilio Vaticano II, se seguía celebrando el culto sólo en
inglés, con algunas excepciones.
En las dos páginas en español de The Voice, empezaron a
aparecer reportajes originales, no traducidos, sobre la
comunidad hispana, sobre la labor de los Cursillos y la creación
de otros movimientos, como Encuentros Familiares, Encuentros
Juveniles, Impacto, Camino del Matrimonio. Se publicaron
estadísticas sobre la población católica hispana y también sobre
el flujo de los católicos hispanos hacia las iglesias
protestantes, un tema que ya preocupaba entonces.
A nivel nacional, hasta 1970 no se nombró un obispo hispano. Fue
Mons. Patricio Flórez, como obispo auxiliar de San Antonio. En
1972 se celebró un Primer Encuentro de Pastoral Hispana en el
que unas 200 personas se comprometen a buscar cómo servir mejor
a los hispanos.
La Conferencia Episcopal también empezó a cambiar, y lo que
hasta el momento había sido una estructura de asuntos sociales,
en San Antonio, se transforma en un Secretariado de Asuntos
Hispanos que promoverá la pastoral hispana a nivel nacional,
desde Washington.
Quienes hemos vivido esa etapa no podremos olvidar lo que ha
significado el trabajo y el tesón por descubrir a los católicos
hispanos de todas las procedencias, en pueblos y ciudades, para
reunirlos, presentarlos a su obispo, darles sentido de Pueblo de
Dios y sacar adelante un modelo de Iglesia propio. La Voz
Católica fue reflejando este proceso. Todo está descrito en
sus páginas con los rostros y las voces de sus protagonistas. Y
no sólo está lo que ocurrió en la Arquidiócesis de Miami.
El Congreso Eucarístico de 1976, en Filadelfia, deja patente la
existencia y la gran participación de los católicos hispanos.
Las páginas de La Voz Católica se hacen eco de ello y de
los primeros pasos de lo que será la Oficina Regional del
Sureste y el SEPI. Recogen también los reportajes del Segundo
Encuentro Nacional de Pastoral Hispana en 1977 y publican, en
1983 la Carta Pastoral de los obispos de Estados Unidos
sobre los hispanos reconociendo que “no son un problema sino una
bendición”, al tiempo que convocan un Tercer Encuentro en 1985,
del que surge un Plan Pastoral Nacional para el Ministerio
Hispano que hoy sigue dando frutos, y que subyace en todo
lo que ha ido surgiendo después y en lo que se vive en el
momento presente.
La Voz Católica
se sitúa en este proceso y es parte de él. Y también se sitúa en
el proceso de la Iglesia en Cuba y en su “despertar” ante el
mundo, en 1986, con el Encuentro Nacional Eclesial Cubano, en el
que estuvo presente, y al cual apoyó y sigue apoyando desde sus
páginas.
Quizás Mons. Coleman F. Carroll no fue muy consciente de aquella
semilla que plantó en un rinconcito del periódico en inglés. Es
una semilla que ha regado mucha gente y que ha contado con el
apoyo de Mons. Eward McCarthy y, ahora, con el de Mons. John C.
Favalora.
No lo podemos olvidar. Son nuestras raíces.
Ser “buena noticia”
El tercer deseo tiene que ver con nosotros y exige un
compromiso: el de ser “buena noticia” allí en donde nos toque
vivir. Y que sea tan vibrante nuestra vida, tan llena de alegría
y esperanza, y de ganas de mejorar las cosas, que no falten
buenas noticias que publicar.
Araceli M. Cantero (araceli44@gmail.com)
Fue reportera bilingüe de The Voice, 1974-1979 y
Directora Ejecutiva de La Voz Católica, 1984-2001
PERSONAS QUE HAN SIDO PARTE DE LA VOZ CATÓLICA
A lo largo de los años, unas 130 personas han sido parte de
su historia, trabajando en la plantilla o como columnistas y
colaboradores. Mencionar fechas exactas sería tarea difícil.
DIRECTORES O EDITORES EJECUTIVOS
Mons. John Fitzpatrick, Gustavo Pena Monte, Araceli Cantero,
Ana Rodríguez Soto, Mons. Agustin Román, P. Jorge García,
José Alonso, Araceli Cantero, Dora Amador, Emilio de Armas.
REPORTEROS
Manolo Reyes, Gustavo Pena Monte, Araceli Cantero, Ana
Rodríguez Soto, José Alonso, Ligia Guillén, María Negrín,
Guillermo Fernández, Marcia Rodríguez, Lina Bryon, Edith
García, Ana La Llave, Brenda Tirado-Torres, Angelique Ruhí-López,
Yédica Leal.
SECRETARIA:
Maria Elena Fernández.
WEBMASTER
Modesto Arocha
PUBLICIDAD y CIRCULACIÓN
(The Voice y La Voz unidos)
Don R. Dugan, Victor M. Rejón, Guido Inguanzu, Inés
Expósito, Frank González, Ivette Mendizábal, Maritza C.
Álvarez.
CIRCULACIÓN
(Un
equipo sólo para La Voz, después de que cierra The
Voice)
Olga Alonso, Maritza C. Álvarez.
PUBLICIDAD
(Sólo para La Voz, después del cierre de The
Voice)
Anna Figueroa, Gloria Sorí, Maritza C. Álvarez, Jorge
Ferreiro, Ernesto Cabrera.
PRODUCCIÓN Y DISEÑO:
Manuel Villaverde.
COLUMNISTAS (colaboraciones)
Manolo Reyes, Antonio Navarrete, P. Javier
Morras, P. Luis María Oráa, SJ, P. Juan Sosa, P. José P
Nickse, P. Oscar González Quevedo SJ, Salvador García
Doreste, Janet Vega, P. Daniel Kubala, P. Isidoro Vicente
O.P., Mons. Eduardo Boza Masvidal, P. Arnaldo Bazán, Mons.
Eduardo Pironio, P. Jorge García, Hna. María Soledad
Galerón, Mercedes García-Tudurí, P. Sergio Carrillo, P.
Florentino Azcoitia, SJ, María V. de Paucar, Inés Hunt,
Hilda Puente, P. José L. Hernando, P. Enrique San Pedro,
Mons. Agustín Román, P. Ángel Villalba OMI, P. Mario
Vizcaíno Sch.P, Marta Sáenz-Shcroeder, P. Fernando Compaired,
Ricardo Briz, Graciela Rodríguez, Jorge Briz, Noel O'Campo,
Xiomara Pagés, P. Maximiliano Herraíz, OCD., Araceli
Cantero, Manuel Fernández, Elena Muller García, Sixto
García, Mary Casuso, Alberto Cardelle, Teresa Fernández-Soneira,
P. Pedro Lleó, P. John Catoir, Hno. John de Taizé, Rogelio
Zelada, Jesús Arina, P. Eusebio Gómez, OCD, P. Segundo
Galilea, Adela González, P. Pedro Corces, P. Lucio del
Burgo, OCD, P. Casiano Floristán, Alicia Marril, P. Eduardo
Barrios, SJ, Ricardo Garzone, Dora Amador, Josefina Chirino,
Ondina García-Menocal, P. Alvaro Pinzón, Mons. Felipe J.
Estévez, Emilio de Armas, Noris Capín, María Cristina
Herrera, P. René Parra, Mons. Siro González, Dagoberto
Valdés, P. Alfred Cioffi, Max Barbosa, Soledad Rothstein,
Jorge Díaz, Rogelio Zelada, Pedro Romañach, Nini y Antonio
Fernández, Guillermina Damas, Ed Asper, Christy Romero,
Ignacio M. Ruiz, Sammy Díaz, Elaine Marrero Syfer, William
Thorhill, P. Ricardo Antoncisch SJ, Mons. Thomas Wenski,
Luis Ferrer, Teresa Jantus, José Mestre, Mons. Edward A.
McCarthy, P. José L. Vázquez, Arz. John C. Favalora, Rev P.
Alberto Cutié, Conny Palacios, Jorge Porta, Hna. Sagrario
Núñez, Hna. Ondina Cortés, Javier Casas, Juan Romagoza,
Eugenio Torres, Emma Espinoza, Zulema Biasi, Eva
Leiva-Andino, Fabiola Ortiz, María Cristina Acosta, Gerson
Enrique Ruiz, Aurelio Fernández, Jesús Vega, Carlos Alberto
Vélez Venegas, P. Alfredo I. Hernández, Sammy Díaz, Mario J.
Paredes, P. René Parra R., Dr. Luis E. Raez, Claudio de
Castro, y seguramente otros, a quienes pedimos excusas
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