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Bendecidos, no merecedores
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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¿Por qué expresaremos nuestro agradecimiento a Dios durante la
cena de Acción de Gracias este año? ¿Por nuestras vidas? ¿Por
nuestra salud? ¿Por nuestra familia? ¿Por nuestras amistades?
Si nos detenemos a reflexionar un momento, lo que más valoramos
no son las cosas materiales. El automóvil, el bote, la casa, las
prendas, los muebles, la ropa de marca, todo lo que hemos
comprado palidece al ser comparado con lo que Dios nos ha dado.
La propia vida es un regalo del Creador. No la “ganamos”, pues
no hemos hecho nada para “merecer” la vida. Si nos fuera
arrebatada, todas nuestras posesiones materiales perderían su
significado.
Son muchas las personas que han luchado contra una enfermedad
grave, y que afirman que el diagnóstico ha cambiado sus vidas,
que sus ojos se abrieron a lo verdaderamente importante.
Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el que lo material
parece ser lo esencial. Con mucha frecuencia nos encontramos
abrumados por nuestras posesiones, ya que es mucho lo que
debemos cuidar, asegurar, reparar, reemplazar. Con el control
que la tecnología tiene sobre nuestras vidas, pareciera que
nuestras posesiones nos poseen.
¿Cuántos relojes y alarmas tuvimos que ajustar cuando cambiamos
la hora hace unas semanas?
¿Cuántas tarjetas de crédito llevamos en nuestras carteras y,
como consecuencia, cuántas facturas hay que pagar cada mes?
Los teléfonos celulares son una maravilla, y no podríamos vivir
sin las computadoras. Pero, ¿cuánto tiempo pasamos con las
máquinas? ¿Con qué frecuencia interrumpen nuestros momentos de
descanso o de oración?
El Día de Acción de Gracias es un momento maravilloso para
recordar lo que es verdaderamente importante en nuestras vidas.
Es un tiempo para reunirnos con nuestros seres queridos y,
simplemente, pasarlo juntos. Es un momento para recordar que,
sencillamente, existir es el mejor regalo de todos.
Es por eso que el Día de Acción de Gracias es una tradición
religiosa que se remonta a la época del Antiguo Testamento. Es
una oportunidad para reconocer al Dios que nos creó por amor, y
que continúa amándonos, a pesar de nuestra falta de
reciprocidad.
En estos tiempos de yo primero, cuando nos sentimos merecedores
de todo, el Día de Acción de Gracias es un recordatorio oportuno
de que somos bendecidos, no merecedores. Nuestras vidas, nuestro
amor, nuestras familias son regalos de Dios Todopoderoso e
infinitamente amoroso, que también nos ha dado el talento de
disfrutar del éxito, en el sentido material de la palabra.
Como expresó Jesús a sus discípulos: “Por eso les digo: No se
inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su
cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la
vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los
pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en
graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los
alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de
ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo
instante al tiempo de su vida?” (Mt. 6: 25-27.)
Recordémoslo –y a nuestros niños–: la próxima vez que tengamos
la urgencia de comprar un nuevo automóvil, una nueva
computadora, un nuevo juego de vídeo, un iPod nuevo, u otro
ajuar de marca.
“Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que
está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen
primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por
añadidura.” (Mt. 6:32-33.)
Que tengamos tiempo en este Día de Acción de Gracias para
reflexionar verdaderamente y agradecer a Dios por todas nuestras
bendiciones. Que aprovechemos este día de fiesta para cultivar
una disposición de agradecimiento para que dure más allá de un
solo día. Reconocer nuestras bendiciones, y a Aquel que nos
bendice cada día, es la clave de la felicidad verdadera.
¡Feliz Día de Acción de Gracias!
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