Glenn Gould: Música y enigma

La vida del pianista y musicólogo canadiense Glenn Gould
(1932-1982) está llena de enigmas y raras coincidencias. Una de
ellas tiene que ver con las fechas de su nacimiento y muerte. En
septiembre se cumplieron precisamente 75 años de su nacimiento,
y menos de un mes más tarde, 25 de su fallecimiento, en una
especie de raro juego de cifras y etapas de apertura y cierre de
una existencia definida por la rareza y la trascendencia.
Gould nació en una familia con profundas tradiciones musicales,
pues su abuelo era primo nada menos que de Edvard Grieg. Pero,
independientemente de esta envidiable ascendencia, su talento lo
definió desde muy temprana edad. A los diez años matriculó en el
Conservatorio Real de Música, para convertirse poco después en
el alumno más famoso del maestro y pianista Alberto Guerrero. Le
siguió una carrera meteórica marcada por su primer concierto en
1945, tocando el órgano, y posteriormente su primera
presentación al año siguiente con la Orquesta Sinfónica de
Toronto, ejecutando el exigente ConciertoN. 4 para piano
de Beethoven. En 1957 viajó a la ya extinta Unión Soviética,
convirtiéndose en el primer pianista norteamericano que visitó
esa nación después de la Segunda Guerra Mundial.
Pero cuando todo parecía indicar la consecución de una carrera
pianística de alto vuelo, caracterizada por un estilo
apasionado, revolucionario y excéntrico, con actitudes enemigas
de lo convencional (como su selección de sillas bajas y casi sin
respaldo que lo ubicaban en una posición extraña ante el
teclado, y los murmullos y tarareos con que acompañaba sus
interpretaciones, además de su atuendo tan personal) Glenn Gould
tomó una decisión que dejó sin aliento a simpatizantes y
detractores por igual. El 10 de abril de 1964 realizó su última
presentación pública, y anunció que se retiraba para siempre de
los escenarios y salas de concierto.
¿Qué secreta motivación obligó a Gould a abandonar una carrera
exitosa para sumirse en la oscuridad aparente, dejando a un lado
una posición envidiable y envidiada por muchos artistas?
Simplemente, se cansó de la vida itinerante y repetitiva del
concertista, y llegó a la conclusión de que su arte gozaría de
mayor utilidad y perdurabilidad en el mundo de la grabación. Un
punto de vista que, con el tiempo, y sobre todo luego de su
inesperado fallecimiento, demostraría lo acertado de su
elección.
Lo que siguió fue una trayectoria de intenso trabajo y grandes
logros, pues, con la misma pasión que dedicaba a todas sus
empresas, se transformó en un purista de los métodos de
grabación, logrando en poco tiempo una indiscutible perfección
ante los micrófonos, y un espíritu revolucionario y osado que lo
llevó a experimentar con las tecnologías más novedosas de aquel
momento, y ser uno de los primeros ejecutantes de música
“clásica” en acogerse a las técnicas digitales. ¿Resultado? Un
repertorio de grabaciones únicas en su tipo, donde el detalle
preciosista es palabra de orden, lo cual no quiere decir
necesariamente que siguiera instrucciones precisas, sino todo lo
contrario. Cada obra, cuando se llevaba finalmente al salón de
grabaciones, había sido objeto de un profundo estudio y
adaptación al estilo revolucionario y diferente del intérprete,
quien les dio más de un dolor de cabeza a los técnicos del
estudio.
Gould logró grabar más de sesenta discos con su novedoso método
interpretativo, abarcando un extenso y disímil repertorio, desde
Bach (cuyo legado estudió e interpretó intensamente) a
Shostakovich, siempre con su estilo característico, y sin volver
a la misma pieza una vez grabada, pues consideraba que la
versión en cinta matriz era definitiva. La única excepción que
hizo al respecto fue su aproximación a las míticas y misteriosas
Variaciones Goldberg de Bach, una obra monumental cuya
forma de ser ejecutada revolucionó totalmente. Los estudiosos de
la música afirman que, para bien o para mal, después de Gould
las Variaciones no han sido jamás las mismas. El genial
pianista canadiense grabó la primera versión en 1955, al inicio
de su carrera, y finalmente en 1981, de forma totalmente
diferente y con tecnología digital.
El 4 de octubre de 1982 falleció en Toronto, tras sufrir una
embolia cerebral, dejando a su partida de este mundo toda una
mitología musical, además de sus valiosas grabaciones y
experimentos, así como una sustancial obra ensayística donde
acometió desde varios ángulos el fenómeno de la interpretación,
y valiosos programas radiales en los que demostró siempre su
profundo conocimiento de la música y su talento inimitable, que
también sirvió de inspiración al escritor austriaco Thomas
Bernhard en su novela El malogrado, y a diversos
documentales como Les Variacions Gould; Thirty Two Short
Films About Glenn Gould, y Glenn Gould, Hereafter.
A más de dos décadas de su muerte, varios estudios científicos
aseguraron que Gould padecía del “síndrome de Asperger”,
caracterizado por un intenso nivel de concentración-obsesión en
temas específicos, que se considera generalmente como una
cualidad especial. Una aseveración discutible pero también
posible, para la cual el genial pianista y musicólogo tendría
seguramente una respuesta como ésta: “Lo que ocurre entre mi
mano izquierda y mi mano derecha es un asunto privado que le no
importa a nadie…”
Crítico independiente.
djvega@bellsouth.net


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