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4 de noviembre de 2007
Sábado 3: Día de Jubileo por la Educación Religiosa Lectura del Evangelio según San Lucas 19:1-10 En aquel tiempo, llegando a Jericó pasaba Jesús por la ciudad. Allí había un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuestos y muy rico. Quería ver cómo era Jesús, pero no podía hacerlo en medio de tanta gente, por ser de baja estatura. Entonces corrió adelante y subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Cuando llegó a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que quedarme en tu casa”. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Todos entonces se pusieron a criticar y a decir: “se fue a alojar a casa de un pecador”. Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: “Señor: voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien haya exigido algo injustamente, le devolveré cuatro veces más”. Jesús le respondió: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa; en verdad, éste también es hijo de Abraham. El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.
Comentario breve: Tres ideas importantes de la lectura:
Para la reflexión:
11 de noviembre de 2007
Lectura del Evangelio según San Lucas 20:27-38 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos, quienes niegan la resurreccióm de los muertos, y por eso le preguntaron: “Maestro, Moisés nos enseñó lo siguiente: ‘Si uno tiene un hermano casado que muere sin dejar hijos, debe casarse con la viuda para tener con ella hijos que llevarán el apellido del difunto’. Había pues, siete hermanos. Se casó el primero, y murió sin dejar hijos. El segundo y después el tercero se casaron con la viuda. Y los siete murieron igualmente, sin dejar hijos. Finalmente, murió también la mujer. Esta mujer, si hay resurrección de los muertos, ¿de cuál de ellos va a ser esposa, puesto que los siete la tuvieron por esposa?” Jesús les respondió: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan. Pero los que merezcan tener la otra vida y resucitar de entre los muertos, ya no se casarán. Y tampoco morirán, porque serán semejantes a los ángeles. Y son hijos de Dios, pues El los ha resucitado. En cuanto a saber si resucitan los muertos, ya Moisés lo dio a entender en el pasaje de la Zarza en el que llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; pues para Él siguen viviendo”.
Comentario breve: Tres ideas importantes de la lectura:
Para la reflexión:
Concierto por el Jubileo en la Catedral
18 de noviembre de
2007
Lectura del Evangelio según san Lucas 21:5-19 [Léase en voz alta] En aquel tiempo, algunos hacían notar a Jesús las hermosas piedras y los ricos adornos que habían sido regalados al Templo. Jesús dijo: “Llegará el tiempo en que de todo lo que ustedes admiran aquí no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Le preguntaron entonces: “Maestro, dinos cuándo sucederá eso. ¿Cuál será la señal de que va a suceder?” Jesús contestó: “Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: ‘Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios’. No lo sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se asusten, porque primero tiene que pasar eso, pero el fin no vendrá enseguida”. Después les dijo: “Se levantará una nación contra otra, y una raza contra otra. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en una y otra parte. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo. Pero antes de eso, a ustedes los tomarán presos y los perseguirán, los entregarán a los tribunales judíos y los llevarán a las cárceles; los harán comparecer ante los reyes y gobernadores porque llevan mi nombre. Esta será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí. No se olviden entonces de lo que ahora les advierto, de no preparar su defensa. Porque yo mismo les daré palabras tan sabias que ninguno de sus opositores las podrá resistir o contradecir. Ustedes serán denunciados por sus padres, hermanos, parientes y amigos y algunos de ustedes serán ajusticiados a causa de mi nombre. Sin embargo, no se perderá ni uno de sus cabellos. Manténganse firmes, y se salvarán”. Comentario breve: Desde que el Rey Salomón construyó el primer templo (986 A.C.), hasta la conquista de Babilonia en 586 A.C., los israelitas creían en la promesa que Dios le había hecho a David de una descendencia eterna, y veían el templo como el símbolo de la protección divina. Incluso algunos de los profetas les habían advertido no confiar demasiado en un templo de piedras (vea Jeremías 7:4). En el tiempo de Jesús, el templo de Herodes era también magnífico, y el pueblo puso su confiana en la solidez de sus paredes. En la mentalidad popular, sólo el fin del mundo podría destruirlo. Cuando Lucas escribió su evangelio alrededor del año 85, sus lectores ya habían sido testigos de la destrucción del templo por los romanos y sabían que era vano poner sus esperanzas en un edificio. Lucas narra los signos apocalípticos (guerras, terremotos, plagas) que ya se habían cumplido. Cuando Jesús habló de la destrucción del Templo, los apóstoles pensaron en el fin de la historia. La respuesta de Jesús es clara: se acerca la tragedia que culminará con la destrucción de Jerusalén, pero ése no será el fin de la historia. La lectura de hoy nos presenta tres ideas importantes:
Para la reflexión
personal o comunitaria:
25 de noviembre de 2007
Lectura del Evangelio según san Lucas 23:35-43 [Léase en voz alta] En aquel tiempo, la gente y los jefes se burlaban de Jesús diciendo: “ Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo para ver si es el Cristo de Dios, el Elegido”. Los soldados también se burlaban de él. Cuando le ofrecieron de su vino agridulce para que lo tomara le dijeron: “Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: “Este es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificado, insultándolo, le dijo: “¿Así que tú eres el Cristo? Entonces sálvate tú y sálvanos también a nosotros”. Pero el otro le reprendió diciéndole: “¿No temes a Dios, tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo tenemos merecido, por eso pagamos nuestros crímenes. Pero él no ha hecho nada malo”. Y añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Respondió Jesús: “Realmente te digo que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”.
Comentario breve: El episodio de los dos ladrones aparece sólo en el Evangelio de Lucas. El pecador penitente recibió la salvación a través del perdón de Jesús crucificado, y las palabras de Jesús mostraron con claridad que su muerte había abierto el camino a la salvación hoy. “La palabra paraíso era un término persa para describir un parque cerrado y fue utilizado en el Génesis para describir el Jardín del Edén. Los escritos hebreos posteriores consideraban el paraíso como un estado temporal de felicidad para los justos antes del juicio final. Este es el significado que tiene aquí la palabra.” (The Collegeville Bible Commentary. The Liturgical Press, 1988). La lectura de hoy nos presenta tres ideas importantes:
Para la reflexión personal o comunitaria: Después de una pausa breve para reflexionar en silencio, comparta con otros sus ideas o sentimientos.
Lecturas recomendadas: Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 440; 668; 671; 680; 1021; 1060; 2616.
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