R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

4 de noviembre de 2007
3
1er Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Sábado 3: Día de Jubileo por la Educación Religiosa

Lectura del Evangelio según San Lucas 19:1-10 En aquel tiempo, llegando a Jericó pasaba Jesús por la ciudad. Allí había un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuestos y muy rico. Quería ver cómo era Jesús, pero no podía hacerlo en medio de tanta gente, por ser de baja estatura. Entonces corrió adelante y subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Cuando llegó a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que quedarme en tu casa”. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Todos entonces se pusieron a criticar y a decir: “se fue a alojar a casa de un pecador”. Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: “Señor: voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien haya exigido algo injustamente, le devolveré cuatro veces más”. Jesús le respondió: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa; en verdad, éste también es hijo de Abraham. El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Comentario breve:
Lucas es el único evangelista que narra este encuentro que destaca una vez más la preferencia de Jesús por los marginados y los pecadores. Zaqueo era la persona que todos repudiaban y no consideraban capaz de convertirse.¿Cómo se convertiría un hombre de esta clase, acostumbrado a los negocios sucios? ¿Qué castigo le enviaría Dios? Y Dios, en vez de castigarlo, vino a su casa. Zaqueo demostró tanto interés en ver a Jesús que no le importó hacer el ridículo subiéndose a un árbol delante de todos sus vecinos. Él sabía que era envidiado y odiado, pero no había perdido el sentido del bien y admiraba secretamente al profeta Jesús. Jesús vió en él a un hijo de Abraham, y Zaqueo, al ser tratado como tal, reaccionó con generosidad. Dió la mitad de sus riquezas a los pobres y restituyó lo robado en una proporción mayor a lo que estipulaba la ley. La historia de Zaqueo contrasta el encuentro con el joven rico que aparece en el capítulo anterior (18:18-30). El joven, que había cumplido los mandamientos desde niño, no pudo dejar las riquezas para seguir a Jesús, mientras que el pecador reconoció la presencia de Dios y cambió su vida radicalmente.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús inició la visita a la casa de Zaqueo de la misma manera que el pastor buscó la oveja perdida y la mujer su moneda.

  • Una vez más Jesús demostró su poder destruyendo el mal y salvando al pecador.

  • La comunidad de la Iglesia está compuesta de pecadores que han descubierto la alegría de conocer a Dios.

Para la reflexión:

  1. ¿Cómo me siento al leer sobre la visita de Jesús a la casa de un pecador? ¿He tenido alguna experiencia similar? Explica.

  2. ¿Estoy dispuesto a hacer el ridículo si fuera necesario para poder “ver” a Jesús?

 

11 de noviembre de 2007
32º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según San Lucas 20:27-38 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos, quienes niegan la resurreccióm de los muertos, y por eso le preguntaron: “Maestro, Moisés nos enseñó lo siguiente: ‘Si uno tiene un hermano casado que muere sin dejar hijos, debe casarse con la viuda para tener con ella hijos que llevarán el apellido del difunto’. Había pues, siete hermanos. Se casó el primero, y murió sin dejar hijos. El segundo y después el tercero se casaron con la viuda. Y los siete murieron igualmente, sin dejar hijos. Finalmente, murió también la mujer. Esta mujer, si hay resurrección de los muertos, ¿de cuál de ellos va a ser esposa, puesto que los siete la tuvieron por esposa?” Jesús les respondió: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan. Pero los que merezcan tener la otra vida y resucitar de entre los muertos, ya no se casarán. Y tampoco morirán, porque serán semejantes a los ángeles. Y son hijos de Dios, pues El los ha resucitado. En cuanto a saber si resucitan los muertos, ya Moisés lo dio a entender en el pasaje de la Zarza en el que llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; pues para Él siguen viviendo”.

Comentario breve:
Los Saduceos, los jefes de los sacerdotes, eran los dirigentes del pueblo de Dios. No creían en cosas espirituales ni en la resurrección, innovaciones funestas, según ellos, que debilitaban el espíritu nacionalista y el poder del aparato central. Su Biblia se reducía al Pentateuco, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, donde se habla mucho de los sacerdotes y nada de la resurrección. En la lectura de hoy, trataron de usar una historia absurda para ridiculizar la creencia en la resurrección de los muertos. Al cuestionar a Jesús en público, lo forzaron a ponerse de parte de ellos o a quedar como un tonto aceptando una situación increíble. La ley a la que se referían se encuentra en Deuteronomio 25, 5-10 y Ruth 3,9-4,12, pero al igual que otras prescripciones legalistas, son absurdas cuando se toman “literalmente”. Como el propósito fundamental de esta ley era asegurar la continuidad del apellido, Jesús les indica que este argumento es ilógico en la vida celestial, pues allí, al no haber muerte, ¡no hay razón para la procreación! Jesús también les enseña que aún Moisés creyó en la resurrección pues habló de Abraham, Isaac y Jacob “vivos” delante de Dios.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los saduceos trataron de aplicar conceptos humanos al misterio de la resurrección. Eran incapaces de imaginarse una vida diferente a la terrena.

  • La resurrección significa, no una supervivencia de «algo de nosotros», sino una transfiguración de toda nuestra persona. Y esto se hará por gracia y obra de Dios: vamos a renacer de Dios mismo.

  • Dios es el Dios de los vivos y la relación de amor que tiene con nosotros no terminará con la muerte corporal.

Para la reflexión:

  1. ¿Crees en la resurrección? ¿Cómo afecta tu vida esta creencia? Explica.

  2. ¿Has tratado alguna vez de ridiculizar a alguien haciéndole preguntas absurdas en público?

 

Concierto por el Jubileo en la Catedral

18 de noviembre de 2007
33er. Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 21:5-19 [Léase en voz alta] En aquel tiempo, algunos hacían notar a Jesús las hermosas piedras y los ricos adornos que habían sido regalados al Templo. Jesús dijo: “Llegará el tiempo en que de todo lo que ustedes admiran aquí no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Le preguntaron entonces: “Maestro, dinos cuándo sucederá eso. ¿Cuál será la señal de que va a suceder?” Jesús contestó: “Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: ‘Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios’.  No lo sigan.  Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se asusten, porque primero tiene que pasar eso, pero el fin no vendrá enseguida”.  Después les dijo: “Se levantará una nación contra otra, y una raza contra otra. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en una y otra parte. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo. Pero antes de eso, a ustedes los tomarán presos y los perseguirán, los entregarán a los tribunales judíos y los llevarán a las cárceles; los harán comparecer ante los reyes y gobernadores porque llevan mi nombre. Esta será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí. No se olviden entonces de lo que ahora les advierto, de no preparar su defensa. Porque yo mismo les daré palabras tan sabias que ninguno de sus opositores las podrá resistir o contradecir.  Ustedes serán denunciados por sus padres, hermanos, parientes y amigos y algunos de ustedes serán ajusticiados a causa de mi nombre. Sin embargo, no se perderá ni uno de sus cabellos. Manténganse firmes, y se salvarán”.

Comentario breve: Desde que el Rey Salomón construyó el primer templo (986 A.C.), hasta la conquista de Babilonia en 586 A.C., los israelitas creían en la promesa que Dios le había hecho a David de una descendencia eterna, y veían el templo como el símbolo de la protección divina. Incluso algunos de los profetas les habían advertido no confiar demasiado en un templo de piedras (vea Jeremías 7:4). En el tiempo de Jesús, el templo de Herodes era también magnífico, y el pueblo puso su confiana en la solidez de sus paredes. En la mentalidad popular, sólo el fin del mundo podría destruirlo. Cuando Lucas escribió su evangelio alrededor del año 85, sus lectores ya habían sido testigos de la destrucción del templo por los romanos y sabían que era vano poner sus esperanzas en un edificio. Lucas narra los signos apocalípticos (guerras, terremotos, plagas) que ya se habían cumplido. Cuando Jesús habló de la destrucción del Templo, los apóstoles pensaron en el fin de la historia. La respuesta de Jesús es clara: se acerca la tragedia que culminará con la destrucción de Jerusalén, pero ése no será el fin de la historia.

La lectura de hoy nos presenta tres ideas importantes:

  • En tiempos de guerra y temor, prestamos gran atención a los mensajes de los falsos profetas. Lucas nos recuerda que estos signos han aparecido en cada época, pero que no indican ni el día ni la hora del regreso de Jesús. 

  • Jesús promete la protección espiritual a todos los que sufren en su Nombre.

  • Las palabras de Jesús relatadas aquí les recordó a los cristianos perseguidos que creer en Él causaría divisiones, y que los que creían en su Santo Nombre sufrirían mucho.

Para la reflexión personal o comunitaria:
Despu
és de una pausa breve para reflexionar en silencio, comparta con otros sus ideas o sentimientos.

  • A pesar de que todas las predicciones sobre el fin del mundo han fallado, la gente sigue tratando de adivinar. ¿Pierdes el tiempo escuchando a los falsos profetas?

  • ¿Se han burlado de tí alguna vez por causa de tu fe? ¿Qué pasó?

Lecturas recomendadas: Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 670-677.

 

25 de noviembre de 2007
Jesucristo, Rey del Universo (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 23:35-43 [Léase en voz alta] En aquel tiempo, la gente y los jefes se burlaban de Jesús diciendo: “ Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo para ver si es el Cristo de Dios, el Elegido”. Los soldados también se burlaban de él. Cuando le ofrecieron de su vino agridulce para que lo tomara le dijeron: “Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo”.  Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: “Este es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificado, insultándolo, le dijo: “¿Así que tú eres el Cristo?  Entonces sálvate tú y sálvanos también a nosotros”.  Pero el otro le reprendió diciéndole: “¿No temes a Dios, tú que estás en el mismo suplicio?  Nosotros lo tenemos merecido, por eso pagamos nuestros crímenes. Pero él no ha hecho nada malo”. Y añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Respondió Jesús: “Realmente te digo que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”.

Comentario breve:
Todos los años, en el último domingo del tiempo Ordinario,  la Iglesia celebra la solemnidad de Cristo Rey. Esta fiesta fue añadida al Calendario Litúrgico por el Papa Pío XI, el 11 de diciembre de 1925. La imagen del Rey Mesías aparece en todas partes del Antiguo Testamento, y los cristianos alaban a Cristo como Rey del universo. Pero la narrativa de hoy no deja lugar a dudas de que Jesús es un rey especial. Reinó desde la cruz, un instrumento de tortura que sirvió como su trono en medio del ridículo y las risas.

    El episodio de los dos ladrones aparece sólo en el Evangelio de Lucas. El pecador penitente recibió la salvación a través del perdón de Jesús crucificado, y las palabras de Jesús mostraron con claridad que su muerte había abierto el camino a la salvación hoy. “La palabra paraíso era un término persa para describir un parque cerrado y fue utilizado en el Génesis para describir el Jardín del Edén. Los escritos hebreos posteriores consideraban el paraíso como un estado temporal de felicidad para los justos antes del juicio final. Este es el significado que tiene aquí la palabra.” (The Collegeville Bible Commentary. The Liturgical Press, 1988).

La lectura de hoy nos presenta tres ideas importantes:

  • La celebración litúrgica de Cristo Rey destaca la tensión entre el rey pobre y sufriente y la gloria del rey escatológico (fin de los tiempos). ¡El Reino de Dios ya está aquí, pero aún queda por ser revelado en su plenitud!

  • Jesús acogerá consigo a cuantos le reconocen humildemente como su único rey y Señor.

  • Jesús no se ajusta a los esquemas tradicionales de la realeza. Su Reino no es de poder sobre los demás, sino de compasión y comunión con todos.

Para la reflexión personal o comunitaria:

Después de una pausa breve para reflexionar en silencio, comparta con otros sus ideas o sentimientos.

  1. Muchos tienen dificultad con la imagen de Cristo reinando desde una cruz. ¿Cómo te sientes  siguiendo a un rey tan distinto a los de este mundo?

  2. ¿Cuándo fue la última vez que le pediste humildemente a Jesús que se “acordara de tí”?

Lecturas recomendadas: Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 440; 668; 671; 680; 1021; 1060; 2616.