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Misión en el corazón de África
Un obispo auxiliar de Miami encuentra en África un continente de
profunda espiritualidad y gran potencial.
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
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El
Obispo Felipe J. Estévez viajó hasta África, donde dirigió un
retiro para los seminaristas (en la foto) en formación, con los
Padres de las Misiones Extranjeras de Quebec.
Fotos: Cortesía del Obispo Felipe Estévez |
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Un retiro, una ordenación y un safari: eso fue lo más destacado
del viaje de un mes que realizó el Obispo Auxiliar de Miami
Felipe J. Estévez, a Kenya y Camerún, su primera visita al
continente africano.
Antes de su ordenación como sacerdote para Miami, el Obispo
Estévez estudió teología con los Padres de las Misiones
Extranjeras de Quebec. Sus antiguos compañeros de clase lo
invitaron para que fuera a dirigir un retiro en África, en julio
pasado, con los seminaristas de Nairobi.
También fue invitado a la ordenación en Camerún del primer
sacerdote de los Padres de las Misiones Extranjeras de Quebec
nacido en África. Esto le dio la oportunidad de presenciar la Fe
viva de los africanos, y de las muchas vocaciones que surgen en
dicho continente.
El misionero se encontraba entre 25 sacerdotes –diocesanos y
religiosos, todos nativos– ordenados el mismo día por el
arzobispo de Yaundé, la capital de Camerún. Otros 12 fueron
ordenados una semana más tarde, simplemente porque el santuario
de la Basílica solamente podía acoger a 25 a la vez.
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El
Arzobispo Víctor Bakot, de Yaundé, Camerún, ordenó a 25 nuevos
sacerdotes durante una ceremonia a la que asistió el Obispo
Auxiliar de Miami, Felipe J. Estévez, en julio de este año. |
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“Fue una celebración increíble”, dijo el Obispo Estévez. “La
Basílica de Yaundé, que es inmensa, estaba completamente llena,
y la gente la rodeaba hasta en las calles”.
Al menos 150 personas participaron en el coro, todas con sus
atuendos y sus instrumentos tradicionales.
“Los africanos llevan la liturgia en su cuerpo. Sobresalen en
religiosidad. Dios está muy presente en sus vidas”.
Eso, combinado con la vitalidad de la Iglesia en África, es lo
que fomenta tantas vocaciones, dijo el obispo.
“La Iglesia realmente está viva en las comunidades cristianas,
en el trabajo de la Iglesia por la justicia y la paz, por el
cuidado y la salud de la gente. La Iglesia está involucrada en
todas las áreas y ofrece una respuesta a las grandes necesidades
de las sociedades”.
El obispo lo pudo corroborar cuando visitó varios proyectos
patrocinados por Catholic Relief Services (CRS).
En Camerún, visitó una comisión de Justicia y Paz donde un grupo
de jóvenes abogados y sus ayudantes, bajo la dirección de una
religiosa danesa, ofrece representación legal a los encarcelados
que no pueden pagar un abogado.
“Quedé muy impresionado”, dijo el Obispo Estévez, al destacar la
importancia del apoyo económico de dichos proyectos, ya que los
jóvenes abogados podrían devengar mejores salarios al trabajar
en las corporaciones privadas de la región.
Más tarde, visitó una prisión en Yaundé “donde hay mucho
hacinamiento. Esa población penal debería estar en cuatro o
cinco instalaciones”.
También visitó a los reclusos del pabellón de la muerte.
“Me sentí muy conmovido al verles y darles la bendición, y al
visitar a las mujeres encarceladas” en la misma prisión, señaló
el Obispo Estévez, quien supervisa el Ministerio Arquidiocesano
de Prisiones.
Ya sea en Miami o en África, “cada prisión es un lugar de
sufrimiento”, añadió.
En Kenya, el Obispo Estévez visitó el hospital Nazareth, al cual
describió como un modelo en el tratamiento de personas con el
síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), una epidemia que
afecta a un gran número de africanos.
Con la ayuda de los fondos donados a CRS por los católicos
estadounidenses, el hospital Nazareth ofrece servicios
ambulatorios las 24 horas del día, cuenta con una clínica médica
y quirúrgica y un centro de partos, que evita que las madres
transmitan el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) a sus
hijos recién nacidos.
“Gracias a CRS, cuentan con la tecnología más avanzada para
cumplir con esta misión”, expresó el obispo.
También visitó una parroquia administrada por los misioneros
combonianos en uno de los barrios pobres más extensos de Kenya.
Allí, los misioneros dirigen una escuela cuya meta es enseñar a
los niños a resolver los conflictos pacíficamente.
“Ese barrio ha sufrido de mucha violencia, de pandillas, de
muchos asesinatos”, dijo Mons. Estévez. “La parroquia, con el
apoyo de CRS, ha desarrollado los programas para mantener la paz
y educar sobre la democracia, para demostrarle al pueblo que
existe otra manera de hacer las cosas”.
El patio de la escuela tiene una sección donde se siembran
árboles en nombre de la paz.
“Cada vez que se siembra un árbol, hacen como una catequesis
pública sobre la paz y la colaboración, y sobre cómo evitar la
violencia”, recordó el obispo. “Es muy hermoso. Sólo necesitan
ayuda para contratar a maestros y personal para ese proyecto, de
manera que puedan realizar la obra de fomentar la paz”.
En general, dijo el Obispo Estévez, regresó de África con la
impresión de que es un continente que prospera.
“Es un continente muy joven”, explicó. “Muchas de sus naciones
obtuvieron su independencia hace 50 años, así que es una
sociedad en desarrollo. Están reconstruyendo las instituciones y
aprendiendo cómo funciona la democracia”.
Esto no quiere decir que se ignore la gran pobreza y la intensa
miseria en muchas partes del continente. Pero se les oponen los
fuertes vínculos de los africanos a sus tradiciones, su “gran
amor” por los niños y su profunda espiritualidad.
“Ésa es la experiencia que tengo de África”, manifestó. “Sus
problemas son espectacularmente difíciles, pero también tienen
un potencial extraordinario. Tienen mucha vitalidad. Son muy
capaces… son fuertes. Tienen tradición. Tienen un gran sentido
de la celebración. Su cultura es muy poderosa”.
Sobre su safari en Kenya, no fue como el narrado en la novela de
Ernest Hemingway Las nieves del Kilimanjaro, pero sí le
inspiró admiración. Durante tres días, él y un amigo sacerdote
estuvieron en un hotel, y los jeeps los recogían en la
mañana para llevarlos hasta la selva, donde pudieron ver “toda
clase de animales exóticos” en su hábitat natural.
“Fue un contacto con la belleza de la naturaleza en África”,
explicó Mons. Estévez, al destacar que desde su cuarto en el
hotel “veía el Kilimanjaro cuando me despertaba en la mañana.
Fue una experiencia inolvidable”.
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