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Para construir puentes hacia Nicaragua
Las nuevas generaciones reciben educación en un viaje misionero
para ayudar a las escuelas nicaragüenses
Daniel Soñé
Especial para La Voz Católica
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Un
niño sin camisa se adelanta para ver cuánto le falta por
recorrer en la cola para recibir alimentos en el Hogar de
Ancianos, en Chinandega.
Fotos: Daniel Soñé |
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“Educar bien a los niños”. El tema de una antigua canción capta
el espíritu de los esfuerzos misioneros de la Arquidiócesis de
Miami en Nicaragua, la segunda nación más pobre en el hemisferio
occidental.
“Estamos aquí para construir puentes”, manifestó la religiosa
Juana María Sánchez, Sierva de los Corazones Traspasados de
Jesús y María, quien coordina el trabajo de la Asociación de la
Santa Infancia en la Arquidiócesis.
La Hna. Sánchez y el P. Jean Pierre, director de la Oficina
arquidiocesana de Misiones, dirigieron un grupo de 13 misioneros
laicos de la Arquidiócesis en un viaje de nueve días a Nicaragua
el pasado verano, con el propósito de visitar docenas de
parroquias, escuelas y orfanatos en ciudades como Chinandega,
León y Managua, la capital.
El propósito: establecer vínculos entre las escuelas de
Nicaragua y las de la Arquidiócesis de Miami, con el fin de
“promover la universalidad de la Iglesia, y ayudar a satisfacer
las necesidades de los niños”, informó la Hna. Sánchez.
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La
misionera Nina Tomlinson junto a la iglesia de San Nicolás, en
León. |
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“En muchos casos, todo lo que esta gente tiene es su fe en
Dios”, observó el P. Pierre. “Cuando duermes en el suelo, o
tratas de aprender sin libros, y no tienes alimentos, cada día
de vida es un milagro. Muchos de estos niños no verán el segundo
grado. Estamos aquí para cambiar eso, para ofrecer una
oportunidad a esos niños”.
Nicaragua necesita urgentemente una población bien educada, ya
que el nicaragüense promedio tiene menos de cinco años de
escolaridad. La sobrepoblación escolar en realidad no es un
problema, ya que más de 500,000 niños se encuentran fuera del
sistema educativo.
Pupitres rotos, falta de libros, tizas, electricidad y baños son
sólo algunos de los desafíos que los educadores y los
estudiantes enfrentan en Nicaragua, explicó la Hna. Sánchez.
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Un
niño se lleva un CD a la boca mientras camina por el patio del
Hogar de Ancianos, en Chinandega |
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La severa pobreza es persistente a través del país:
aproximadamente el 75 por ciento de los nicaragüenses vive con
menos de $2 al día, casi tres veces menos que el salario mínimo
por hora en los Estados Unidos.
Cerca de la mitad de la población nicaragüense se encuentra
desempleada o sin trabajo suficiente, lo que disminuye el
crecimiento económico. Docenas de estudios realizados por las
Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional han demostrado que mejorar la educación es vital
para el desarrollo y la prosperidad económica del país.
La pobreza en Nicaragua no sólo afecta al pueblo de esta nación
profundamente católica; también pone a prueba a los sacerdotes,
que carecen de los recursos necesarios para servir a sus rebaños.
“Mi parroquia sirve a 42,000 personas. Sin embargo, dada la
pobreza, podemos hacer muy poco, aparte de la Misa y los
sacramentos”, dijo el P. Hans Bendixen, párroco de la iglesia
San Luis Gonzaga, en Managua. “Ahora mismo sólo podemos ofrecer
almuerzo a 95 niños. Tengo planes de construir una instalación
más grande para alimentar a unos 150, pero sin dinero eso tendrá
que esperar”.
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Un
residente local reza durante la Adoración Eucarística en la
iglesia de San Nicolás. |
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Una de las paradas más importantes durante el viaje fue para
realizar una reunión entre los misioneros de Miami y el
Arzobispo de León, César Bosco Vivas Robela, quien se mostró
eufórico al escuchar la propuesta de la Arquidiócesis.
“Verdaderamente están haciendo la obra de Dios. Estoy contento
de que todos ustedes hayan venido aquí para ver las necesidades
del pueblo nicaragüense. Nuestros niños han necesitado esto
desesperadamente. La diócesis está abierta a cualquier ayuda que
nos puedan enviar”, expresó el Arzobispo Robelo.
De hecho, durante su breve viaje, los misioneros de Miami
encontraron distintas áreas necesitadas de ayuda. Aunque hay
zonas donde la pobreza es desalentadora, especialmente en
Chinandega, los misioneros llevaban la esperanza de poder ayudar
a las familias de Nicaragua tanto en el nivel espiritual como en
el práctico.
“Mi clase recogió cuatro maletas llenas de artículos escolares
para los niños. Estamos aquí para entregárselas”, dijo Susan
Dotten, maestra de religión de la escuela Our Lady of the Holy
Rosary, en Perrine. “Están deseosos de establecer contacto con
los niños y ayudarles en la medida que sea posible. Espero traer
a algunos de mis estudiantes la próxima vez que los visitemos”.
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