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Cuando el terror golpea a las madres
El día 11 de julio del 2005, el periódico español El Mundo
recogía el testimonio de Marie, la madre de Anthony, quien murió
en Londres el 7 de julio de aquel año.
Así se expresaba Marie: “Me decía siempre: ‘Mamá, no quiero
morir. Quiero vivir para cuidarte, para lograr cosas buenas para
ti. Te voy a hacer muy feliz, mamá’. Él es mi único hijo varón,
la esperanza de la familia. Necesito saber qué ha pasado, dónde
está”.
Las declaraciones de Marie, la madre nigeriana de Anthony Fatayi-William,
de quien se cree que murió en el autobús que explotó en
Tavistock el 7 de julio, conmovieron al mundo en su momento.
Esta buena mujer hablaba entre lágrimas en el lugar de la
explosión, apoyada por decenas de amigos de su hijo.
Los padres de Anthony llegaron procedentes de Lagos. Habían
convocado una rueda de prensa en frente de la plaza de Euston.
Marie, vestida con un típico vestido africano de color marrón
claro, salió del coche con un dedo apuntando al cielo y diciendo
algo ininteligible, probablemente una plegaria. “Éste es
Anthony, mi hijo, y está perdido. Tememos que estuviese en el
autobús que explotó el jueves”, empezó, mientras sujetaba la
foto del tercero de sus vástagos, el “protector de sus dos
hermanas pequeñas”.
“Es mi único hijo varón, la cabeza de mi familia. La sociedad
africana se aferra a sus hijos, que tienen sueños e ilusiones.
Vinimos después de los atentados y todavía no sabemos nada. Su
madre quiere saber lo que pasó, sus hermanas quieren saber lo
que pasó, millones de amigos quieren saber lo que pasó”, exclamó
emocionada.
“Soy su madre. Él es el amor de mi vida. Prometí que le iba a
proteger hasta que me muriera. Necesito saber lo que pasó”,
prosiguió, “para poder proteger sus valores, su memoria”,
insiste Marie, una cristiana trabajadora de la marca Elf, en
Nigeria, y casada con un médico musulmán que se mantuvo junto a
su mujer mientras ésta leía el mensaje que traía escrito. “Me
decía que tenía la única preocupación de hacerme feliz, y lo
era”, siguió ella. “Estoy orgullosa de él”.
La madre del desaparecido no quiso pasar de puntillas sobre los
terroristas que perpetraron la masacre. “Dicen que son
guerreros, pero no son guerreros. ¿Está su causa ya servida? No.
La causa del Divino es tener piedad; dar la vida, no quitarla”,
señaló. “El terrorismo no es la manera de llegar a la paz,
matando a gente. “A lo largo de la historia”, explicó, “aquellos
que han contribuido a la paz lo han hecho sin violencia. Eran
disciplinados e hicieron sacrificios por la paz. Así han
conseguido que la gente apoye su causa, como Nelson Mandela,
Martin Luther King, Gandhi”, precisó. “La violencia no es el
camino. Tuvimos Nueva York, tuvimos Madrid, tuvimos Londres.
¿Cuánta sangre más hay que derramar? ¿Cuántas madres rotas más?
¿Cuántas lágrimas? Alguien tiene que parar esta espiral de
violencia”.
Marie, imagen de los familiares de todas las víctimas del
terrorismo, hizo entonces un alegato por la unidad de las
culturas contra el terror, alegato que hoy sigue vigente. “Mi
hijo es un nigeriano nacido en Londres”, indicó. “Aquí hay
amigos suyos que son cristianos como él, musulmanes, judíos… Y
todos están unidos por el amor a Anthony. Estoy destrozada,
destrozada. Él no hizo nada a nadie. Amaba a tanta gente...
Ayudó a la gente de los ataques y, pese a que era difícil llegar
a su trabajo, prometió no faltar a la cita. ¿Por qué ahora no
puedo verlo más? Por favor, que alguien me lo explique”.
Al concluir sus palabras, se hizo el silencio durante varios
segundos. Marie no admitió preguntas. Se fue entre lágrimas.
El imán de la mezquita de Aylesbury, Abdul Dayan, insistió en
que ninguna religión de la tierra apoya la violencia y el
extremismo. “Mi Dios no está sediento de sangre. Nadie que crea
en mi Dios, o en otro, puede matar a gente inocente”, afirmó.
“Nadie puede usar el nombre de su Dios para cometer
atrocidades”.
Después de su visita a los heridos por los atentados de Londres,
dijo la Reina Isabel II que los terroristas no iban a cambiar el
modo de vida de su país. Pero ojalá el dolor de tantas madres y
de tantas familias destrozadas por el terrorismo, sirva para
crear un mundo de hermanos, donde el odio, el rencor, la
indiferencia, no logren hacer mella.
Sacerdote carmelita descalzo
eugona46@hotmail.com
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