|
Consejos de Amigo
No tomes decisiones en medio de una tormenta emocional.
Querido Padre Alberto:
Estoy casada desde hace 24 años, y soy una persona de fe. Aunque
no soy muy allegada a las cosas de la Iglesia, de vez en cuando,
asisto a Misa.
Me casé muy enamorada de mi esposo, pero con el paso del tiempo,
todo cambió. Después de tantos años de matrimonio y de haber
tenido dos hijas, se ha terminado el amor; al menos de mi parte.
Mi esposo es un hombre sumamente grosero conmigo y con nuestras
hijas. A ellas no les quiere dar ni para sus estudios, y las
pocas veces que lo hace, después les reclama y con esto las
ofende constantemente.
Yo estoy cansada de esta situación, además de que él y yo toda
la vida hemos peleado mucho. Nuestra hija mayor ya no tolera la
situación; es a ella a quien más él ataca, como si ella fuese
responsable de todo lo que pasa.
Yo me pregunto si tengo que soportar esta cruz para siempre, por
el simple hecho de haberme casado para toda la vida.
No creo que sea justo vivir amargados, nosotros como pareja, y
lo peor, que mis hijas vivan este infierno.
Espero su respuesta.
Clarisa,
la amargura de mi matrimonio
Estimada Clarisa:
¿Cuándo comenzaron tus problemas matrimoniales? Comienzo con esa
pregunta porque muchas parejas esperan hasta que los problemas y
las dificultades las estén ahogando para comenzar a buscar una
solución. Ahora, por tanto tiempo de frustración y agobio, te
parece que la única salida es el divorcio.
Antes de actuar, debes identificar claramente cuáles son tus
verdaderos sentimientos. Me parece que estás ofuscada y que no
puedes ver tu situación con claridad. No creo que tu dilema sea
si debes o no soportar esa cruz que llevas por tanto tiempo, más
bien, debes cuestionarte sobre tus sentimientos reales hacia tu
esposo y hacia tu matrimonio de tantos años.
Yo sé que nadie quiere vivir en una situación negativa y
frustrante –ni creo que exista persona que se lo merezca. Pero
debes tener mucho cuidado de no tomar una decisión en medio de
una tormenta emocional. Las decisiones que se toman en estas
condiciones, casi siempre se convierten en errores y malos
pasos.
Ten calma. Habla con tu esposo sobre tus dificultades con su
actitud hacia ti y su comportamiento destructivo hacia tus
hijas. Si no trata de cambiar o no te presta atención, entonces
sí puedes proceder con una separación. Pero no actúes de
momento. Es importante saber que has hecho todo lo posible por
salvar tu matrimonio.
En casos como el tuyo, un consejero matrimonial los podría haber
ayudado a resolver sus conflictos cuando comenzaron; pero ahora
son ustedes quienes tienen que tener la humildad de aceptar
ayuda y orientación –si es que todavía la desean.
Un abrazo,
Padre Alberto
El Padre Alberto responde a sus problemas e inquietudes con
consejos propios de un buen amigo. Envíe sus cartas a:
Consejos de Amigo, Rev. Padre Alberto Cutié, Radio Paz 830 am,
PO BOX 421500, Miami, Fl 33142. También puede escribirle a
consejosdeamigo@padrealberto.net.
Visite su página en Internet:
www.padrealberto.com
|