Trabajadores agrícolas reclaman a Burger King un centavo adicional por libra

Pero los acuerdos con McDonald’s y Taco Bell
se encuentran en peligro
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César J. Baldelomar y Marlene Quaroni
Especial para La Voz Católica

 La coalición de trabajadores de Immokalee realizó una protesta ante las oficinas centrales de Burger King en Miami, el 30 de noviembre. Los trabajadores le piden a Burger King el pago de un centavo más por libra de tomates recogida. Los participantes en la protesta exhibieron un pelele llamado Exploitation King (“El Rey de la Explotación”), frente a las oficinas de Burger King, durante la marcha de protesta.

Los estudiantes llevaban pancartas en las que demandaban justicia para los trabajadores de los campos de tomates de la Florida. Las voces de los líderes religiosos resonaban en los altoparlantes. Líderes de las uniones o sindicatos, miembros de iglesias, personas con limitaciones físicas, en sillas de ruedas y otros manifestantes, se unieron en un solo reclamo frente a las oficinas corporativas de Burger King, el 30 de noviembre.

“¡Un centavo más! One more penny!”, clamaban unas 300 personas que participaron en la manifestación y la vigilia, organizados por la Coalición de Trabajadores de Immokalee, con el propósito de convencer al gigante de la comida rápida de que se una a la competencia en el acuerdo que aumentaría un centavo al salario de los campesinos por cada libra de tomates recogida.

Si Burger King accediera a la propuesta de la organización, con sede en el suroeste de la Florida, se uniría a McDonald’s y a Yum! Brands, compañía a la que pertenece Taco Bell, Pizza Hut y Kentucky Fried Chicken.

 En la protesta de la Coalición de Trabajadores de Immokalee frente a las oficinas de Burger King en Miami, el 30 de  noviembre, Thelma Tucker sostiene una pancarta que dice: “Todas las religiones creen en la justicia”.

Quienes apoyan los acuerdos, entre ellos muchas personas de la Iglesia Católica, aseguran que el dinero adicional ayudaría enormemente a mejorar la calidad de vida de los trabajadores, que cobran unos 45 centavos por cada cesta de 32 libras de tomates que cosechan. De acuerdo con la coalición, cumplir con la propuesta le costaría a Burger King $250,000 anualmente.

Pero, hasta el momento, Burger King se opone a la misma, y la alianza estatal de los agricultores del tomate ha impugnado la legalidad de los acuerdos establecidos con McDonald’s y Taco Bell.

Durante la manifestación, Diane Wilson, portavoz de Burger King, recibió una carta de los activistas, dirigida al presidente de la compañía, John Chidsey. Wilson explicó que la resistencia de Burger King se origina en asuntos legales y técnicos.

“No podemos determinar cómo hacer esto legalmente. ¿Cómo vamos a pagarles a los trabajadores, si no son nuestros trabajadores? No queremos estar en una situación en la que paguemos a trabajadores sobre los que no tenemos control”, declaró recientemente al Miami Herald el vicepresidente de inocuidad de los alimentos, control de calidad y asuntos reguladores de Burger King, Steve Grover. “Éticamente tengo mis reservas sobre acceder a algo que no se podrá poner en práctica. Si, como compañía, acordamos hacer algo, debemos tener toda la intención de cumplirlo”.

Esto coloca a Burger King en la misma posición del Florida Tomato Growers Exchange, que representa al 90 por ciento de los cultivadores de tomates de la Florida. Sus funcionarios han expresado a los medios de comunicación que ninguno de sus miembros apoyará los acuerdos esta temporada, aunque algunos de ellos participaron en el acuerdo establecido con Taco Bell en el pasado.

Esto presenta una gran interrogante: si las compañías de comida rápida han prometido que sólo comprarán tomates de los cultivadores que participen en el acuerdo, pero ninguno de los cultivadores participa, ¿dónde se obtendrán los tomates para las hamburguesas y los “burritos”?

En su portal de Internet, los cultivadores indican que los acuerdos podrían violar las leyes federales sobre competencia desleal, derecho laboral y chantaje sistematizado. En múltiples declaraciones a los medios, el director del grupo, Reggie Brown, ha descrito como “antiamericano” el hecho de que un tercer grupo, como la coalición, se interponga entre los cultivadores y sus empleados. La coalición sostiene que tuvo que acudir directamente a las compañías de comida rápida porque el Florida Tomato Growers Exchange nunca expresó interés en negociar.

Pero lo que parece haber enojado a los defensores de los trabajadores, como los que participaron en la manifestación del 30 de noviembre, es la afirmación de los cultivadores de que la coalición “continúa engañando al público sobre el trabajo y las condiciones de vida de los trabajadores”. Los cultivadores sostienen en su sitio de Internet que a los trabajadores se les garantiza el salario mínimo, y que algunos hasta llegan a recibir $12.46 la hora. “Ellos viven en condiciones miserables, y duermen en colchones descubiertos; 12 personas hacinadas en un remolque, sin aire acondicionado. El alto costo del alquiler es obsceno”, manifestó el P. Patrick O’Connor, de los Oblatos de San Francisco de Sales, y párroco de Our Lady of Guadalupe, en Immokalee, quien condujo a lo largo de Alligator Alley con su perro, Tequila, para asistir a la manifestación. O’Connor fue uno de los sacerdotes y feligreses católicos que llegaron desde diversos puntos del estado para apoyar a los trabajadores.

El sacerdote informó que Immokalee es una de las comunidades más pobres del país, y añadió que casi la mitad de la población trabaja en los campos. “La vida cristiana consiste en compartir, no sólo en dar”, dijo el P. O’Connor. “Lo mejor que podemos hacer como católicos es hacernos amigos de Immokalee”.

Denise O’Toole Kelly, de The Florida Catholic, contribuyó a este reportaje.