Navidad: ¿Qué hay de nuevo?

 P. Eduardo M. Barrios, SJ

El mundo cristiano se encuentra ya en plena atmósfera de Navidad. Cada diciembre llega puntual el 25, día que actualiza la división de la historia humana en un antes y un después. Vivimos en el gran después justamente llamado Era Cristiana.

Muchos dirán que la celebración navideña se ha convertido en rutina, pues siempre se hace lo mismo.

¿Qué se come? Unos, cerdo asado; otros, pavo horneado. Y ambos platos acompañados con las guarniciones típicas de nuestras culturas gastronómicas.

¿Qué se bebe? La mayoría brinda con vinos; otros con cerveza o refrescos.

¿Qué hay de postre? Predominan ciertas frutas, como uvas y manzanas, y ciertos dulces como turrones españoles y cake de fruta.

¿Qué se canta? Se oyen cantos alusivos al Nacimiento, conocidos como villancicos.

¿Qué decoración hay? La mayoría sólo pone arbolitos iluminados y engalanados con variedad de bolitas y guirnaldas multicolores. Los más evangelizados montan réplicas de la Navidad, o sea, nacimientos o pesebres con los personajes históricos de los Evangelios.

¿Qué hay en las iglesias? Ese día la liturgia católica tiene tres formularios diferentes de Misas, destacándose la primera, la de media noche, que el pueblo ha bautizado como “Misa de Gallo”.

¿De modo que no hay nada nuevo? Sí, hay algo nuevo. Lo nuevo somos nosotros y el mundo que nos rodea. Y lo siempre nuevo es Jesús.

No somos los mismos del año pasado. El paso del tiempo marca a los jóvenes y a los viejos; todos evolucionamos en fortalecimiento o en deterioro. Tampoco el mundo es el mismo. Año tras año cambia el panorama mundial en lo social, político, cultural, religioso y económico. Con cada vuelta de almanaque hay que actualizar las estadísticas y analizar la situación global, incluyendo el clima meteorológico.

Lo nuevo es que cada diciembre el hombre y el mundo experimentan la necesidad de salvación. De ahí que en cada Navidad se sienta con nueva urgencia la necesidad de un Salvador. Aquí entra Cristo recién nacido como la gran novedad.

A pesar de que según los sociólogos vivimos en una aldea global, aumentan el separatismo, el nacionalismo a ultranza, y el número de los conflictos armados. Se necesita el “Príncipe de la Paz”, que dijo: “La paz les dejo, mi paz les doy; una paz que el mundo no les puede dar” (Jn. 14, 27). El mundo sólo entiende de treguas tácticas; la paz de Cristo llega a la raíz de lo conflictivo, pues desaloja el odio de los corazones.

A pesar de los adelantos tecnológicos, no hay tanto adelanto en felicidad. Cada año aumentan los suicidios en el mundo: más de tres mil cada día. Señal de vacío existencial. Se necesita el apoyo del Salvador: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt. 11, 28). A los que caminan a oscuras les dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas” (Jn. 8, 12).

La importancia de Cristo para la salud del mundo la expresó elocuentemente el Papa Pablo VI en una inolvidable homilía: “Él nos ha revelado al Dios invisible… Él es nuestro maestro y redentor… Él es el centro de la historia y del universo. Nos conoce y nos ama; compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza… Él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados, en el que los que tienen hambre y sed de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos”. (Manila, Filipinas, 29 de noviembre de 1970.)

Sacerdote jesuita
Ebarriossj@aol.com