El Padre Pío en Miami

Daniel Soñé
Especial para La Voz Católica

El Padre Pío, el famoso santo italiano del siglo XX, “visitó” la parroquia de Our Lady of Lourdes, en Miami, cuando el P. Ermelindo DiCapua expuso unas rarísimas reliquias de primera y segunda clase del santo, y compartió sus recuerdos personales sobre la vida con su hermano capuchino.

“Los ocho millones de peregrinos que visitan el santuario del Padre Pío anualmente, no llegan a ver esto”, aseguró el P. DiCapua a las casi 1,200 personas que llenaron la iglesia para la Misa y el cenáculo organizados por las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, una comunidad arquidiocesana de religiosas.

El P. DiCapua convivió con el Padre Pío desde 1965 hasta 1968, y sirvió de intérprete a las personas de habla inglesa que visitaban al santo.

Aunque los estigmas que tuvo durante 50 años son considerados característicos del santo, el Padre Pío era conocido como un excelente, pero estricto confesor.

“Pasaba unas 12 horas al día escuchando confesiones. Tampoco temía regañar a los pecadores, de ser necesario. Era particularmente estricto con los jovencitos que desobedecían a sus madres, porque él amaba muchísimo a la Santísima Virgen”, dijo el sacerdote.

Las horas que pasaba escuchando confesiones eran sólo una parte de la vida que llevaba el Padre Pío. El santo estaba muy comprometido con el pueblo y no se aislaba de sus hermanos o de la gente.

Ni siquiera los largos días en el confesionario ponían en riesgo su vida de oración, dijo el P. DiCapua. “Rezaba unos 40 rosarios al día. Su amor por la Madre de Dios era impresionante. Decía que ‘si amas a Cristo, también debes amar a Su madre’”.

El P. DiCapua trajo un guante del Padre Pío y restos de las llagas de sus estigmas. El guante, considerado una reliquia de segunda clase, fue utilizado por el Padre Pío sobre las vendas que cubrían sus estigmas. Las llagas, colocadas dentro de una pequeña cruz dorada, eran de los estigmas de sus manos.

El sacerdote bendijo con las reliquias tanto a los sanos como a los enfermos, y oró por sus intenciones. También bendijo una cesta que contenía las intenciones de oración de quienes no pudieron asistir.

“El Padre Pío caminó entre nosotros, en cuerpo y alma. Aquí tenemos una muestra del cielo”, expresó el P. Eric Zeeger, vicario parroquial de Our Lady of Lourdes.

Pero el verdadero impacto de la experiencia fue más allá de las reliquias. La inmensa popularidad del Padre Pío se puede deber a la sencillez de su relación espiritual con Dios.

“Fue un hombre de oración comprometido con el pueblo. No pasó la mayor parte del tiempo a solas. Estuvo con la gente”, dijo el P. DiCapua.

“Busco algo sencillo, una vida espiritual que pueda emular. El Padre Pío fue un hombre común, y puedo imitar algunas de las cosas que hizo”, comentó Jeff Zirkle, feligrés de la iglesia de St. Raymond, en Miami.

“Los santos nos dan esperanza. Eso es lo que puedes ver en los rostros de la gente que se encuentra aquí esta noche. Si mantenemos nuestros ojos en Cristo, podemos llegar al cielo, como llegaron ellos”, dijo el P. Fernando Isern, párroco de Our Lady of Lourdes.