Santa Lucía

 

 

Virgen y mártir de Siracusa, en Sicilia, cuya fiesta se celebra el 13 de diciembre.

Se afirma que nació de padres ricos y nobles alrededor del año 283. Su padre era de ascendencia romana, pero la temprana muerte del mismo la dejó dependiente de su madre, cuyo nombre era Eutychia, lo cual sugiere su posible ascendencia griega.

Como muchas de las primeras mártires, Lucía había consagrado su virginidad a Dios, y deseaba dejar todas sus pertenencias terrestres al servicio de los pobres. El ejemplo de la virgen y mártir Ágata, que fue ejecutada cincuenta y dos años antes, durante una severa persecución contra los cristianos, atraía por entonces a numerosos visitantes, que iban a honrar sus cenizas en Catania, a menos de cincuenta millas de Siracusa. A Santa Ágata se le atribuían muchos milagros, y esto animó a Eutychia a realizar un peregrinaje a Catania, con la esperanza de curarse de unas hemorragias de las que venía sufriendo desde hacía años.

Realizada la peregrinación, la curación deseada ocurrió, y Lucía aprovechó la oportunidad para persuadir a su madre de que le permitiera distribuir gran parte de sus riquezas entre los pobres. Se dice que este gesto motivó la oposición y el enojo de un joven merecedor con el cual Lucía, en contra de su voluntad, había sido comprometida, y que el mismo la denunció a Pascasios, gobernador de Sicilia, en el año 303, durante la intensa persecución anticristiana desatada por el emperador Diocleciano.

Según la tradición, Lucía sufrió el martirio al ser decapitada con una espada, forma de ejecución que parece confirmar su origen romano y noble.

La Iglesia primitiva rindió honor a su memoria con oraciones y antífonas. Se le considera protectora de la vista, y a su intercesión se atribuyen numerosas curaciones.

En Suecia, el 13 de diciembre, es costumbre celebrar un Festival de las Luces en honor de Santa Lucía.