R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

3 de febrero de 2008 
4to Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

DÍA DE JUBILEO PARA LOS RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS

(MISA CATEDRAL 10:00 AM)

Lectura del Evangelio según san Mateo 5:1-12a En aquel tiempo, Jesús, al ver a toda esa muchedumbre, subió al cerro. Allí se sentó y sus discípulos se le acercaron. Comenzó a hablar, y les enseñaba así: “Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Felices los que lloran, porque recibirán consuelo. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia. Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo”.

Comentario breve:
Esta proclamación es conocida como el “Sermón del Monte” y está estrechamente relacionada con el sermón del llano que narra Lucas en su Evangelio, aunque aquí, el sermón es mucho más largo. A través de toda la Biblia, las montañas aparecen como un lugar privilegiado de encuentro con Dios. Mateo sitúa este discurso de Jesús en algún lugar de las colinas que bordean el lago de Tiberíades, un monte que nos recuerda al monte Sinaí donde Moisés había recibido la Ley (Ex 19). En este primer "Discurso”, Mateo presenta a Jesús como el Maestro que da a Israel y a todo el mundo la nueva y definitiva Ley. La fórmula: “pero yo les digo…” aparecerá seis veces para recalcar la oposición entre la Ley de Moisés y la nueva ley. Según Mateo, Jesús es el nuevo Moisés. La sección que leemos hoy describe a aquellos que serán bendecidos (felices): Los pobres (en el Antiguo Testamento: ănăwîm, los pobres de Yahvé), los que no poseen nada y ponen toda su confianza en Dios, porque el Reino será de ellos. Los que lloran y sufren, porque el mismo Dios los confortará. Los que tienen hambre y sed de justicia y sólo desean que se cumpla el plan de Dios, porque podrán disfrutarlo en toda su plenitud. Sólo aquellos que muestran misericordia la recibirán, y sólo los que tienen el corazón limpio podrán ver a Dios. El salmista aseguraba que los de corazón puro eran los únicos que podían participar en el culto del templo. Jesús añade que no sólo “verán” a Dios en el templo, sino en su Reino que ya ha llegado. Finalmente, Mateo anima a los primeros cristianos con estas palabras de Jesús: “Dichosos cuando sean perseguidos por causa mía… Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande”. Recordemos que cuando el Evangelio se escribió, los primeros cristianos sufrían persecuciones por causa de su fe.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • El propósito de las bienaventuranzas no es disculpar ni ensalzar el sufrimiento y la pobreza, sino asegurarnos que como seguidores de Cristo podemos vivir confiados en el amor de Dios y en sus promesas, y en esto está la verdadera felicidad.

  • Jesús nos dice que ha empezado una nueva era: Dios está en medio de nosotros y su Reino está ya a disposición de aquellos que tienen puro el corazón.

  • Las bienaventuranzas trastornaron los valores de la época que proclamaban que la riqueza y la felicidad eran signos de la bendición de Dios.

Para la reflexión:

  1. ¿Con cuál de las bienaventuranzas me identifico más? Explica.

  2. ¿Soy un agente de paz en mi familia, trabajo, y comunidad, o estoy siempre provocando y alimentando actitudes violentas?

10 de febrero de 2008
1er Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según san Mateo 4:1-11 En aquel tiempo, el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo. Y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Entonces, se le acercó el tentador y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, ordena que esas piedras se conviertan en pan”. Pero Jesús respondió: “Dice la Escritura que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Después de esto, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa, y lo puso en la parte más alta del templo, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí para abajo. Puesto que la Escritura dice: ‘Dios ordenará a sus ángeles que te lleven en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna’”. Jesús replicó: “Dice también la Escritura: ‘No tentarás al Señor tu Dios’”. Enseguida lo llevó el diablo a un cerro muy alto, le mostró toda la riqueza de las naciones y le dijo: “Te daré todo esto si te hincas delante de mí y me adoras”. Entonces Jesús le respondió: “Aléjate de mí, Satanás, porque dice la Escritura: ‘Adorarás al Señor tu Dios, a él solo servirás’“. Entonces lo dejó el diablo y acercándose los ángeles se pusieron a servir a Jesús.

Comentario breve:
Hace unos pocos domingos leímos acerca del Bautismo de Jesús, momento en que fue revelada su identidad como el Hijo amado de Dios. Hoy escuchamos cómo Jesús, lleno del Espíritu Santo, inició su ministerio sometiéndose a una prueba durísima: cuarenta días de soledad total y de ayuno. En ese retiro Jesús experimentó su fragilidad como criatura y sus dudas antes de enfrentar lo desconocido, pues dejaba la vida de Nazaret para entregarse a la voluntad del Padre en una misión que, en pocos meses, lo llevaría a la muerte. Y en él habló el diablo, el que siempre critica. Nos lleva a acusar a Dios y, cuando nos ha hecho caer, nos acusa y trata de convencernos de que nuestra caída no tendrá perdón. Jesús, que disponía ahora de la fuerza del Espíritu que obra milagros, ¿no podía haber aprovechado esa fuerza cuando su cuerpo desfallecía por el hambre? ¿Y no hubiera podido, en su día, bajar de la cruz para salvarse? Jesús se niega a servirse a sí mismo y mira más alto. Las tentaciones y las respuestas que da Jesús muestran la clase de Hijo que es, confiado y obediente. Hay un agudo contraste entre la forma en que el antiguo Israel respondió cuando fueron tentados en el desierto durante su huida de Egipto y la forma en que Jesús lo hace. Israel fracasó, Jesús triunfó. Jesús fue tentado por el demonio para que se rebelara contra Dios, y en cada caso se negó utilizando citas del Libro del Deuteronomio (8:3; 6:13-16). Es interesante notar que el demonio también utilizó las citas de las Sagradas Escrituras para apoyar sus propuestas. Podemos aprender de esto que conocer las Escrituras “sólo con la cabeza” y memorizar sus pasajes no es suficiente para ser seguidores de Jesús.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús es tentado a exhibir su posición y su poder.

  • También es tentado para que ponga a prueba a Dios al pedirle una intervención milagrosa.

  • Finalmente es tentado a asociarse con el demonio para ganar control y autoridad política.

Para la reflexión:

  1. ¿Caigo en alguna de estas tentaciones? Por ejemplo: Vanagloriarme de mi poder o de mi autoridad, poner a prueba a Dios o ceder a una necesidad exagerada de riqueza material.

  2. ¿Le presto demasiada atención a ganar poder e influencia sin importarme la justicia y la moral? Explique.

 17 de febrero de 2008 
2do Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según san Mateo 17:1-9 En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó a un cerro alto, lejos de todo. En presencia de ellos, Jesús cambió de aspecto: su cara brillaba como el sol y su ropa se puso resplandeciente como la luz. En ese momento, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús. Pedro tomó entonces la palabra y dijo a Jesús: “Señor, qué bien estamos aquí! Si quieres, voy a levantar en este lugar tres chozas: una para ti, otra para Moisés y la tercera para Elías”. Pedro estaba todavía hablando cuando una nube luminosa los envolvió y una voz que salía de la nube decía: “Este es mi Hijo, el Amado, al que miro con cariño; a él han de escuchar”. Al oír la voz, los discípulos cayeron al suelo, llenos de gran temor. Jesús se acercó, los tocó y les dijo: “levántense, no teman”. Ellos levantaron los ojos, pero no vieron a nadie más que a Jesús. Mientras bajaban del cerro, Jesús les ordenó: “No le hablen a nadie de lo que acaban de ver, hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos”.

Comentario breve:
La narrativa de la Transfiguración le confirmó a Mateo y a sus lectores que Jesús era el Hijo de Dios. La voz del cielo repitió la proclamación bautismal acerca de Jesús y añadió otro mandato: “escúchenlo”. Jesús había recibido la comunicación divina al empezar su ministerio y ahora, en la transfiguración, recibe otra, pues está para empezar una nueva etapa: la pasión. Jesús lleva ya dos años predicando, pero no se ve esperanza de que Israel supere la violencia que lo lleva a su ruina. Ya que ni siquiera los milagros logran convencer a sus compatriotas, a Jesús sólo le queda enfrentar las fuerzas del mal; su sacrificio será más eficaz que sus palabras para encender el amor y el espíritu de sacrificio en todos los que en adelante continuarán su obra salvadora. Tomó consigo a Pedro, a Santiago, y a Juan, quienes formaban el círculo íntimo entre los discípulos y fueron también a los que Jesús llamó aparte en el Jardín de Getsemaní. Por tanto, Mateo estaba muy interesado en sus reacciones a esta manifestación de la gloria de Dios. La historia nos dice que Pedro pidió permiso para construir tres tiendas en la esperanza de que se pudieran quedar con Jesús en ese maravilloso lugar hasta la llegada del Reino. Era una reacción humana natural después de ver algunos de los cambios externos de Jesús y de experimentar una chispa de su Reinado. Jesús hizo trizas sus esperanzas al exigirles que bajaran de la montaña (de nuevo a la realidad) y a no tener miedo. La presencia de Moisés y Elías representaba la Ley y los profetas del Antiguo Testamento.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • La Transfiguración fue una experiencia histórica de carácter visionario.

  • Sólo a la luz de la resurrección de Cristo puede entenderse a cabalidad el significado de este evento.

  • Cuando los discípulos se atemorizaron Jesús los animó a no tener miedo.

Para la reflexión:

  1.  ¿Soy el tipo de católico que espera pasar la vida en la cima de una montaña disfrutando de visiones de gloria?

  2.  ¿A qué le tengo miedo si bajo de la montaña? ¿Demasiado trabajo? ¿Tener que cambiar mi vida? ¿Las expectativas que tiene la gente de mí como cristiano?

24 de febrero de 2008 
3er Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según san Juan 4:5-42 (La mujer samaritana) En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, en la tierra que el patriarca Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado por la caminata, se sentó sin más, al borde del pozo. Era cerca del mediodía. Una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. En ese momento se habían ido sus discípulos al pueblo a hacer compras. La samaritana le dijo: “¿Cómo tú que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” (hay que saber que los judíos no se comunican con los samaritanos). Jesús le contestó: “Si conocieras lo que Dios te quiere dar, y quién es el que te pide de beber, tú misma me pedirías a mí, y yo te daría agua viva”. Ella le dijo: “Señor, no tienes con qué sacar agua y este pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir esa agua viva? ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro antepasado Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, su familia y sus animales?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua, vuelve a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se hará en él manantial de agua que brotará para vida eterna”. La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua, para que no sufra más sed, ni tenga que volver aquí a sacarla…

Comentario breve:
Los 4 primeros capítulos del Evangelio de Juan nos ofrecen varios ejemplos de lo novedoso de la vida y el mensaje de Jesús. Los capítulos del 1 al 3 narran el milagro de Caná, la purificación del Templo y la visita de Nicodemo en medio de la noche. Hoy leemos sobre el poderoso encuentro, demoledor de barreras, entre Jesús y la Samaritana. Los judíos odiaban a los samaritanos. Por otra parte, era muy mal visto entablar conversación con una mujer en un lugar público. Jesús, sin embargo, supera los prejuicios de raza y las conveniencias sociales y empieza a conversar con ella. En la persona de esta mujer acoge a la gente común de Palestina. Es verdad que no era judía, sino samaritana, es decir, que era de una provincia diferente, con una religión rival de la de los judíos. Pero tanto samaritanos como judíos creían en las promesas de Dios y esperaban un Salvador. Jesús inició la conversación pidiendo agua, y después le reveló a la mujer atónita que él era el Cristo que debía venir. Este encuentro en el pozo de Jacob es la historia de nuestro propio encuentro con Jesús; los caminos por los que Jesús lleva a esa mujer a reconocerlo y a amarlo son los caminos por los que lleva a cabo nuestra conversión paso a paso. Al final la mujer se hace discípula de Jesús, y por su propia experiencia se hace también su apóstol. El conocimiento de Jesús es la fuente del apostolado. Evangelizar es compartir nuestra experiencia con otros.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • ·“Yo soy él” puede traducirse por el “Yo soy” con que el Antiguo Testamento designa a Yahvé.

  • ·El agua de vida es la revelación de Dios que trae Jesús.

  • ·El Reino de Jesús no es de paredes, sino de puentes. Le encargó su misión a una extranjera, una marginada que estaba fuera del círculo religioso de su tiempo.

Para la reflexión:

  1. ¿Acojo en mi vida a los extranjeros, a los pecadores, y a los marginados?

  2. ¿He tenido alguna experiencia parecida a la de la mujer samaritana con Jesús? ¿Qué pasó?

Lecturas recomendadas: Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 544-545; 574; 679; 694; 728; 2557; 2652.