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Oh Cruz, Esperanza nuestra

Entrevista a Mons. Felipe J. Estévez, Obispo Auxiliar de Miami,
sobre Spe Salvi, la más reciente encíclica papal,
publicada el 30 de noviembre de 2007.
Yédica Leal
La Voz Católica
¿Por qué Benedicto XVI escribe su segunda encíclica?
El Papa publica la encíclica el 30 de noviembre de 2007, el día
antes de la Misa de Vigilia de Adviento. El adviento es un
ejercicio de esperanza, en el que se prepara el camino de la
venida del Señor, y la encíclica es sobre la esperanza; es una
encíclica con una tonalidad del Adviento. Él ya había escrito
sobre la caridad, que es la primera virtud teologal, y este gran
teólogo le dedica la segunda encíclica a la esperanza, segunda
virtud teologal.
¿Cuál es el contenido de la encíclica y cómo ayuda al fiel
laico?
Lo que más le ayuda al fiel laico es la segunda parte de la
encíclica, en que se habla sobre cómo ejercitarse en la
esperanza. El fiel laico puede ejercitar la esperaza a través de
la oración, la aceptación positiva del sufrimiento y la
preparación para el Juicio Final. A través de la encíclica hay
enseñanzas muy preciosas sobre el valor de la esperanza en
nuestras vidas. Después del evento del 11 de septiembre de 2001,
la humanidad tiene miedo; algunos pensadores piensan que no
tenemos futuro, y esta encíclica busca renovar la esperanza
fundada en Cristo.
¿Qué es lo que Benedicto XVI desea cambiar en los católicos?
El Papa hace una reflexión muy interesante sobre la esperanza
vivida de una forma individualista; como “mi cielo”, “mi
premio”, “mi salvación”. Él considera que esta actitud, que ha
existido en poblaciones católicas, ha traído desastrosas
consecuencias, como fanatismos e ideologías perversas, tal como
el marxismo, o ideologías destructoras, como el terrorismo. El
Papa nos muestra caminos… Cómo la esperanza ha de ser para
todos, y da el ejemplo de San Agustín. Cómo San Agustín, una
persona más bien solitaria, fue creciendo en su compromiso con
la comunidad, con la sociedad, y fue descubriendo que la
esperanza tenía que involucrar a todos.
¿Qué aporta esta encíclica a la sociedad civil?
Benedicto XVI tiene un impacto global con sus encíclicas. Sus
palabras movilizan millones de iniciativas, pues la Iglesia
tiene una presencia numérica y espacial inmensa. Él hace una
critica seria sobre las secuelas de la modernidad, de pensar que
la ciencia puede resolverlo todo, o que el progreso puede darnos
la felicidad intraterrestre, en este mundo, y hace una crítica
lúcida a la idea de que la felicidad pueda lograrse sin Cristo,
revelador del rostro de Dios, que es nuestra verdadera
felicidad.
¿Cómo, según el Papa, puede uno crecer en la esperanza?
El Papa tiene una inspiración muy profunda de San Agustín, y
para San Agustín la oración se ejercita sobre todo por el deseo,
por el gemido profundo del ser humano, por sus ansias de más de
lo que es y de lo que encuentra, y por eso él enfatiza que la
oración nos ayuda a esperar el Reino, a esperar a Cristo. Sus
páginas más conmovedoras son sobre el sufrimiento, a lo que le
dedica un análisis detallado. La esperanza cristiana tiene la
mejor respuesta al sufrimiento humano, porque, aunque las
pequeñas esperanzas puedan no existir, por enfermedades,
pérdidas, situaciones de injusticia, el creyente tiene una gran
esperanza, que el amor sabe purificar, y por eso es que
Benedicto XVI muestra cómo este camino de la esperanza puede
ejercer una gran influencia sobre la forma en que uno vive.
Porque el sufrimiento nunca va a desaparecer de nuestro
horizonte humano, y da dos ejemplos. El de una mujer africana,
Santa Josefina Bakhita, del Sudán, que sufrió una inmensa
violencia contra su dignidad de mujer, y cómo se sanó y fue un
ejemplo para la Iglesia. El otro ejemplo es el del Cardenal
Nguyen Van Thuan, prisionero del comunismo en Vietnam; gracias a
la esperanza, el Cardenal Van Thuan superó situaciones
espantosas en una prisión por más de 10 años.
En cuanto al tema del Juicio Final, veo a Benedicto XVI como un
gran catequista, un gran predicador, porque explica la verdad
del Credo. “Él vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos”. A
nosotros nos cuesta entender el Juicio Final, pero, leyendo a
Benedicto, todo resulta más sencillo, porque él nos explica la
necesidad del Juicio Final, debido a lo incompleta que es la
justicia terrenal y a la necesidad del purgatorio como una
exigencia de la integridad de la unión con Dios, que exige una
transparencia total, y cómo sólo Cristo nos revela la verdad de
nosotros mismos en esa totalidad de nuestra vida que es nuestra
muerte. Nosotros, los predicadores, no predicamos con frecuencia
sobre el Juicio Final; pensamos que a la gente le da miedo oír
hablar de estas realidades últimas, y a veces a nosotros mismos
nos cuesta; no tenemos la imaginación religiosa para hablar de
estas verdades; hemos sido educados en una imaginación
secularista y pragmática, y Benedicto nos hace un bien al hablar
de estas verdades con tanta elocuencia y hasta precisión.
¿Por qué recurre a María como ejemplo?
El Santo Padre termina su encíclica evocando la imagen de María,
Estrella del Mar. Escoge el mar como símbolo de la vida, y habla
de Maria como una estrella luminosa que nos guía y nos conforta
delante de una vida, la mayor parte de las veces conflictiva y
difícil, como las nuestras, y con María nos invita a vivir con
mucha confianza en que el fin es bueno, porque Dios es Amor.
A los seres humanos nos cuesta creer en la esperanza, ya que
vivimos en un mundo de guerras, pobreza, injusticias y dolor.
¿Cómo podemos ver esta encíclica como algo viviente?
La esperanza es un don, un don gratuito de Dios, y todo ser
humano es digno de recibir ese don. Benedicto insiste mucho en
la palabra “sustancia”, como para decir que es una realidad
tangible y real en el alma, en el ya no, en el todavía
no. A pesar de una situación de desesperación, el don de la
esperanza es luz y fortaleza. Los primeros cristianos escribían
en la catacumbas: “Oh cruz, esperanza nuestra”. La esperanza era
lo que les animaba a afrontar y a asumir la cruz.
Benedicto nos sorprende siempre, porque tiene la obra del
Espíritu en él; el Espíritu es creativo, es como la vida, no se
puede encasillar.
Para leer la encíclica en su totalidad, visite el sitio web del
Vaticano en español:
http://www.vatican.va /phome_sp.htm, o búsquela en la
edición digital de LVC correspondiente a diciembre de 2007.
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