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No más secuestros en Colombia
Desde que yo tengo uso de razón, en Colombia ocurrían cosas que,
para mis ojos de entonces, tenían un sabor extraño.
Un bombazo que destruyó el Centro Comercial de la 93; el padre
de un amigo mío, herido de bala; una pareja de esposos asesinada
a balazos en la calle; un comando guerrillero que cruza una
avenida aledaña a la Universidad Nacional, en Bogotá, y asesina
con una ráfaga a un infante de marina que estaba de guardia ante
la puerta de la casa de un oficial… Todos esos eventos
ocurriendo en mi entorno, en diferentes momentos de mi vida en
Bogotá.
Al llegar a la universidad me maravillé de cómo, en la misma
alma mater, colegas míos llegaban contando el secuestro de
los miembros de su familia, o sus desapariciones.
Hoy, cuarenta años después, el fenómeno se mantiene igual. ¿Por
que?
Consuelo de Perdomo, recién liberada, dice: “¡Tenemos que hacer
algo!”
Así se lo expresó al alcalde mayor de Bogotá, Samuel Moreno. “No
puede ser que a la gente se la coma la selva y nadie haga nada”,
añadió.
Cada historia es peor que la anterior
Cada historia de los testimonios de vida que trajeron las dos
mujeres liberadas –Consuelo Perdomo y Clara Rojas–, es peor que
la anterior.
Hombres vistiendo cadenas como esclavos, con candados cerrados
en el cuello. Madres de familia resignadas a vivir en campos de
concentración de prisioneros. Enfermos que se arrastran por el
fango para ir al baño, como lo narra el coronel Mendieta en la
carta a su esposa e hijas.
Muchos medios de comunicación colombianos, conmovidos, lanzaron
la pregunta al público: ¿Cuál es la solución? Caracol Televisión
mostró a un vendedor de seguros que se lanzó a la calle con la
idea de buscar 5 millones de firmas para un plebiscito, con el
fin de que el presidente actúe, y obtenga la libertad de los
secuestrados.
Una familia preparó un manifestación multitudinaria… Pero, hasta
ahora, nada de lo que se ha hecho ha sido suficiente para
liberar a los secuestrados, y éste es, evidentemente, el sentir
del pueblo colombiano.
Está visto que la guerrilla no tiene corazón; está confirmado
que la incomunicación, en el interior de las diferentes alas de
la misma guerrilla, es tan evidente que actúan como ruedas
sueltas en muchos de los casos.
Los días transcurren, y aunque hemos celebrado la liberación de
Consuelo y Clara, eso no es suficiente. Son 40 los llamados
secuestrados “canjeables”; 700 los secuestrados para extorsionar
a sus familias, y en total, hay más de 3,000 secuestrados en
todo el país.
¿Debemos seguir siendo simples y horrorizados testigos,
quedarnos callados y dejar que esos pobres secuestrados sigan
viviendo su drama y muriendo en la selva, pues nosotros –tú y yo
entre ellos, amigo lector– tenemos otras muchas cosas que hacer?
Dios nos creó libres; la esclavitud fue abolida en el mundo hace
mucho tiempo. Tú y yo –amigo lector– somos capaces de luchar
por la creación de nuevos esquemas que garanticen la libertad
elemental de nuestro prójimo. Demostremos nuestra solidaridad
con los secuestrados en Colombia.
¡No más secuestros en el país del Sagrado Corazón!
Director de Operaciones de Pax Net-Radio Paz Satelital.
penagos@paxcc.org
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