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P.S. I love you / Posdata: Te amo

Preparen los pañuelos, porque este filme los hará llorar de
principio a fin. La primera escena, inteligentemente
seleccionada, nos presenta a Holly (Hilary Swank) y su esposo,
el irlandés Gerry (Gerard Butler). Casados durante 9 años, no
pueden evitar pelear por sus frustraciones, su viejo apartamento
y las dificultades de tener hijos cuando el dinero falta. Estos
problemas parecen muy reales para las parejas de hoy en día; sin
embargo, después de la pelea, Holly y Gerry caen inevitablemente
uno en los brazos del otro y se demuestran mutuamente que se
aman a pesar de todo.
Hasta ahí todo muy bien: esta pareja parece genuina y
encantadora, pero después los problemas empiezan, no sólo para
ellos sino también para la película.
Abruptamente, pasamos al funeral de Gerry, que ha muerto de un
tumor en el cerebro. Días después, cuando Holly tiene que
enfrentar la cruda realidad, empieza a recibir una serie de
cartas y hasta un paquete de viaje que su fallecido esposo,
asombrosamente y a pesar de su terrible enfermedad, pudo planear
antes de morir. En las cartas, Gerry le dice qué hacer, cómo
vivir, qué comprar, etc. Pero, si antes ella se oponía a hacer
algunas cosas, como cantar karaoke, después de la muerte
de su esposo, y ante la pérdida de su felicidad, comienza a
hacer estrictamente todo lo que Gerry le escribe.
Como era de esperar, estas cartas fueron escritas para ayudar a
Holly a salir de su dolor y empezar a vivir nuevamente. Pero, a
pesar de que Swank es muy buena para llorar, la cinta no logra
crear y desarrollar la etapa de duelo que ella debería estar
viviendo. En ningún momento vemos a Gerry enfermo, sino más
bien, y por medio de flashbacks que van narrando cómo se
conocieron y se enamoraron, lo vemos siempre cantando y
bebiendo, como un típico irlandés.
Al parecer, el guionista Steven Rogers y el director Richard
LaGravanese pensaron que no valía la pena malograr esta
edulcorada cinta con algo tan deprimente como el cáncer. Además,
en el único momento en que vemos a Holly encerrada y sufriendo
por su esposo, ella está nada más y nada menos que cantando
canciones de viejas películas hollywoodenses, un cliché muy
usado para mostrar a los personajes pasando un buen rato. Así,
la pobre viuda se convierte en una de especie de “viuda alegre”
que hasta tiene un romance con un joven irlandés, casualmente
amigo de su esposo, mientras también es cortejada por Daniel,
interpretado encantadoramente por Harry Connick Jr. Él y Liza
Kudrow, una amiga de Holly en busca de esposo, se roban los
mejores y más graciosos momentos de la película.
Lamentablemente, el filme contiene una ofensa a los sentimientos
religiosos, pues Holly se pregunta por qué Dios “mató” a su
esposo, y Daniel le responde: “Tal vez porque eras muy feliz o
muy bonita”, como si Dios fuera envidioso y vengativo.
Volviendo a Swank, qué pena que esta talentosa actriz haya sido
desperdiciada. A pesar de ser una de las mejores actrices del
momento, ella es, tal vez, el principal problema de la cinta.
Sus gestos, la profundidad de su mirada y hasta su cara
funcionan muy bien al interpretar escenas dramáticas, pero ésta
es una cinta romántica, y el resultado es bastante desigual.
De todas maneras, la película tiene sus buenos momentos, y el
público femenino al que está principalmente dirigida, la va a
apreciar; pero, si tomamos en cuenta el potencial mal
aprovechado de la cinta, que cuenta con actores de primera línea
(cabe mencionar también a Katy Bates como la madre de Holly) y
con los hermosos escenarios de Irlanda y Nueva York donde fue
filmada, hay que concluir que el resultado es un tanto
decepcionante.
Reportera y crítica independiente.
solnarvaez@yahoo.com
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