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Miles de rosarios para miles de manos
“La Dama del Rosario” busca a jóvenes y adultos
que hagan rosarios para las misiones.
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
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Julia
Winters, “la Dama del Rosario”, de la parroquia St. Charles
Borromeo, en Hallandale, busca a personas que hagan rosarios en
sus hogares o en sus parroquias. Ella ofrece todos los
materiales gratuitamente y garantiza que los rosarios terminados
sean enviados a misioneros de todo el mundo. Ana Rodríguez-Soto |
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Julia Winters tiene un armario repleto de cuentas.
Las cuentas plásticas, rosadas y amarillas, azules y verdes,
rojas y blancas, llenan casi una docena de recipientes
Rubbermaid y esperan en el armario de Winters hasta que
dedos ágiles las amarren y conviertan en oraciones.
“Me conocen como la Dama del Rosario”, dijo la feligresa
de 87 años, de la parroquia St. Charles Borromeo, en Hallandale.
Ha pasado las últimas dos décadas supliendo materiales y
entrenando a personas para que hagan los rosarios, y
asegurándose de que sean entregados “hasta los confines más
remotos del mundo”.
“Donde exista la necesidad, allí los enviaremos”, dijo sobre los
rosarios, que cuestan unos 15 centavos cada uno.
No hay escasez de misioneros alrededor del mundo que estén
dispuestos a distribuirlos como cartas de presentación para el
catolicismo. Pero la maestra retirada de la escuela elemental
tiene un problema: “me faltan quienes los hagan”.
El número de grupos parroquiales dedicados a hacer rosarios ha
disminuido de 15 a 8, ya que los miembros se han mudado o han
fallecido. Muchos de los que aún hacen rosarios se encuentran,
como dice Winters, “llegando a los 90” o más. Una voluntaria
tiene 93, y otra 95.
Preguntó: ¿“Cuánto tiempo piensas que vamos a durar?” Winters
también desea encontrar a alguien que la sustituya. “Todavía no
estoy lista para irme, pero debo mantener esa posibilidad en
mente”.
Hace años, la pérdida de la visión la obligó a retirarse de la
fabricación de rosarios, pero la edad no ha disminuido su
determinación o sus destrezas para la organización.
“Quiero iniciar más grupos.
Quiero que más personas fabriquen más rosarios”, expresó Winters,
una resuelta italiana del Bronx que se casó con un polaco,
veterano y héroe de la guerra, con quien se mudó al Sur de la
Florida en 1967. Su esposo falleció hace 11 años.
Se convirtió en coordinadora del ministerio del rosario en 1987,
cuando fue nombrada directora del Comité de Asuntos
Internacionales, del Concilio de Damas de St. Matthew, en
Hallandale, la parroquia a la que pertenecía en aquel tiempo. El
grupo recaudaba fondos para construir pozos en remotas villas
africanas, casas en el Caribe, e iglesias en Siberia.
“En aquel tiempo, hacer los rosarios fue fortuito, pero más
tarde se convirtió en algo muy importante”, recordó.
Cuando se dio cuenta de la demanda, tanto a nivel local como
desde el extranjero, convenció a un feligrés de la iglesia de
Little Flower, en Hollywood, para que apoyara la causa. Antes de
fallecer, él estableció un fondo para su ministerio, y un grupo
de Louisville, KY, llamado Our Lady’s Rosary Makers, le
suministra las cuentas, los cordones y las cruces.
Gracias a ese fondo, Winters puede ofrecer el material libre de
costo a los grupos parroquiales o a los individuos. Todo lo que
la gente tiene que hacer es armarlo en su hogar y devolver el
producto una vez terminado, o presentar evidencia de que los
rosarios fueron entregados a los misioneros.
Una de sus mejores clientes es Mary Ann Lynch, miembro de la
parroquia de St. Malachy, en Tamarac. “Estimo que unos 100,000
rosarios han salido de mi garaje este año”, dice Lynch, que
antes de retirarse, en 2001, entregó personalmente miles de
rosarios a los misioneros que viajaban a través de Tierra Santa.
Sólo en este año, ha enviado rosarios a 30 países, desde
Mozambique a Myanmar, de Bolivia a Bermuda, de Ecuador a Egipto,
de Colombia a Cuba. “Lo que el Señor ha organizado ha sido
milagroso”.
Otra de los clientes más fieles de Winters es la Hna. Mary Loyce
Newton, de las religiosas de St. Joseph de St. Augustine, que
trabaja en el departamento de cuidado pastoral en el hospital
Mercy, en Miami.
Se reparten entre los pacientes católicos, y los doctores y las
enfermeras que viajan en misiones médicas alrededor del mundo, a
los niños de las escuelas católicas pobres y hasta a las
personas que se encuentran en la cárcel.
“Me ha entregado hasta 10,000 rosarios de una vez”, dijo la Hna.
Newton, refiriéndose a Winters. “Ella solía enviar rosarios a
Rusia cuando aún se encontraba bajo la Cortina de Hierro”.
Winters indicó que los niños tienen mucha destreza para hacer
los rosarios, y también es un gran ministerio para los ancianos
y las personas que viven solas.
“Cada vez que la Santísima Virgen aparecía en la Tierra, pedía
que rezáramos el rosario”, dijo Winters, al añadir que su
apostolado ha perseverado todos estos años sólo por la
intercesión de la Virgen.
“Le hablo mucho”, aseguró. “Somos muy amigas”.
Para solicitar los materiales y las lecciones para hacer los
rosarios, establecer un grupo en su parroquia o escuela, o para
ofrecerse como voluntario para llevar los rosarios a las
misiones, llamar a Julia Winters: 954-458-7206.
La página web del grupo Our Lady’s Rosary Makers es
http://www.olrm.org/.
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