La Justicia Juvenil en la Florida:
Crucifixión sin resurrección

Yédica Leal
La Voz Católica
 

Si su hijo adolescente comete una “travesura” y es arrestado, le puede costar su futuro. Según la ley de la Florida, si un menor es arrestado, sus huellas digitales son puestas en el sistema del Departamento de Policía de la Florida (FDLE, por su sigla en inglés); su expediente penal se vuelve casi permanente, su información personal se hace pública y muchos de sus derechos son revocados.

“La adolescencia es la etapa donde muchos jóvenes se meten en problemas, pero eso no debería afectarlos por el resto de sus vidas”, explica Carlos Martínez, defensor público adjunto principal del condado Miami-Dade. “Un delincuente adulto tiene derecho a recibir clemencia por su crimen después de cumplir su sentencia, y un delincuente juvenil no puede recibir clemencia y tiene que seguir cargando con su crimen”, explica.

En el estado de la Florida, 90,000 adolescentes son arrestados anualmente. De esa cifra, 10,000 son arrestados en los condados de Miami-Dade y Broward, respectivamente. Treinta por ciento de estos casos son desviados (no son llevados a corte), y los expedientes son sellados. “El resto de los casos no califican para ser desviados, y casi siempre son los jóvenes de familias de bajos recursos los que sufren, ya que los padres no pueden dejar de trabajar para asistir a las audiencias del tribunal”, explica Martínez, quien –junto con un grupo de 25 comisionados– es coautor de un proyecto de ley que propone cambios a las leyes de Justicia Juvenil. El proyecto fue presentado al gobernador de la Florida, Charlie Crist, el pasado 5 de febrero.

Una de las sugerencias presentadas al gobernador de la Florida por el proyecto de ley Charting a Path to Redemption (“Trazando el camino a la redención”), es la implementación de una edad mínima para que un niño sea encausado. En la Florida, si un adolescente es arrestado por cometer un delito grave a partir de los 14 años, puede ser juzgado como adulto, y al recibir una sentencia como adulto, queda inmediatamente descalificado para obtener la beca académica estatal Bright Futures Scholarship.

Un expediente juvenil también los excluye de obtener ciertas licencias ocupacionales o de negocios en la Florida. “Varias leyes y reglamentos impiden que personas adultas, que quizás cometieron un crimen cuando tenían 15 años, y que no han cometido otro delito desde entonces, lleguen a ser algo tan común como barbero, fumigador o masajista”, explica Martínez, agregando: “Eso les impide obtener más de 700,000  empleos”.

El proyecto de ley tiene como enfoque principal la prevención y la rehabilitación de los delincuentes juveniles para reducir la reincidencia, mejorar la competencia educacional y producir resultados positivos. “Las estadísticas confirman que los adolescentes que entran en el sistema judicial tienen más probabilidad de volver a cometer delitos. La clave es la prevención”, señala Martínez.

La oficina del Defensor Público coordina talleres para orientar a ex delincuentes que califican para sellar o borrar su expediente penal, para restituir sus derechos de empleo y para obtener clemencia por parte del gobernador. Estos talleres, establecidos por Martínez, también incluyen un programa educativo de prevención para padres y estudiantes de diferentes colegios públicos y privados, donde se les presentan las consecuencias de un arresto.

Uno de los colegios que ha recibido este taller es el colegio católico para varones Belen Jesuit Preparatory School, de Miami. “Casi todos los estudiantes con los que hemos hablado tienen la misma reacción. Se sienten indignados con la dureza de la ley y consideran que sus consecuencias son injustas”, señala Martínez. “Si como sociedad previniéramos e interviniéramos más, estaríamos ayudando a rehabilitar a los delincuentes y a reducir el número de víctimas”, explica Martínez.