|
Herbert von Karajan: Un director polémico y genial

Cada año nos reserva un conjunto sorprendente de efemérides en
el mundo musical. Y el 2008 no se queda detrás, especialmente
por la conmemoración del centenario del natalicio (5 de abril de
1908) de quien fue y es –a pesar de que ya forma parte del
Walhalla wagneriano– uno de los conductores orquestales más
amados, odiados y reverenciados del mundo: Herbert von Karajan.
Aunque su debut como director, al frente de una orquesta
estudiantil, se remonta a la Academia de Música de Viena en
1928, su estreno oficial con una institución profesional, la
Orquesta de Salzburgo, se llevó a cabo al año siguiente,
coincidiendo con su nombramiento de conductor de la agrupación
instrumental del modesto teatro de la Ópera de Ulm, cargo que
ocupó durante seis años que le sirvieron, según el propio
Karajan, de basamento práctico para lograr la experiencia y la
técnica fundamentales en la realización de otras misiones más
ambiciosas, que a la vez le acarrearían la reprobación de gran
parte de sus colegas.
Con el advenimiento del Tercer Reich, mientras directores
insignes como Erich Kleiber, Bruno Walter y Otto Klemperer se
vieron obligados a emprender el camino del exilio, Karajan se
convirtió en “la nueva promesa” de la escuela de directores
alemanes.
En esos años debutó en las óperas de Viena (1937) y Berlín
(1938), la segunda de las cuales dirigió como titular desde 1939
hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero estos logros
implicaron, a la larga, el pago de un precio bien alto. Con la
derrota final de Alemania, su evidente vinculación con el
régimen de Adolfo Hitler se trasformó en un freno total a su
carrera. Al igual que ocurrió con el poeta norteamericano Ezra
Pound (colaborador del fascismo y defensor del antisemitismo) a
Karajan se le cerraron las puertas de todas las orquestas del
mundo.
Sin embargo, un hecho que paradójicamente le salvó la carrera
fue su fracaso, en 1939, durante un concierto de gala para los
reyes de Yugoslavia, donde, al dirigir sin partitura Los
maestros cantores de Nuremberg, se equivocó, provocando un
desastre y la conocida orden de Hitler: “El Sr. von Karajan
jamás dirigirá en Bayreuth mientras yo viva”. Lo cierto es que
en 1947 se levantaron las prohibiciones impuestas al eminente
director, quien resurgió con más fuerza que antes, haciendo que
“el fenómeno Karajan” adquiriera su más amplia magnitud. Ejemplo
de ello es que en 1948, a instancias del productor discográfico
británico Walter Legge, fue elegido como titular de la Orquesta
Filarmónica de Londres, con la cual realizó una larga serie de
grabaciones que lo convirtieron en estrella internacional.
A la muerte del también mítico Wilhelm Furtwängler en 1954,
Karajan concluyó su trabajo con la Filarmónica de Londres, y
pasó a dirigir la Filarmónica de Berlín, un cargo que había
anhelado desde hacía mucho tiempo, además de que ya había
debutado al frente de la misma en 1938. Desde 1955 hasta 1989,
cuando presentó su dimisión por motivos de salud, fue titular de
esta institución musical, una de las más prestigiosas del mundo.
Además, fue director artístico de la Opera Estatal de Viena de
1957 a1964, y del Festival de Salzburgo de 1956 a 1960.
La trayectoria de Herbert von Karajan hasta su muerte, en 1989,
estuvo matizada de logros, pero también de desaciertos, como su
megalomanía, su estética conservadora y su defensa de la espiral
inflacionaria en los sueldos de músicos y directores. Pero su
capacidad para lograr la mayor sonoridad de las orquestas (el
“sonido Karajan”, según los estudiosos), su apoyo a las técnicas
de grabación y al disco compacto, además de su patrocinio
sostenido de grandes intérpretes –como la eminente violinista
Anne-Sophie Mutter–, su conocimiento del mercado discográfico y
su extensa colección de grabaciones antológicas, pesan lo
suficiente como para disipar cualquier grisura en el cielo
inmensamente azul de su legado.
Crítico independiente.
djvega@bellsouth.net
|