“Quiérelo un poco más…”

Un recuerdo del P. Sardiña.

Emilio de Armas
La Voz Católica

Conocí al P. Jorge Sardiña y García-Menocal en 1999, cuando me incorporé al cuerpo de profesores del Colegio de Belén para enseñar español y literatura hispanoamericana a los alumnos del décimo grado.

Su presencia irradiaba afecto. Su voz mesurada trasmitía confianza. Su figura ascética se animaba de calidez. Creo que por estas tres cualidades, que se sumaban a su amplia formación sacerdotal, al P. Sardiña acudían los “muchachos” en busca de apoyo, sobre todo cuando se “habían metido en problemas” con algún profesor. No los apañaba, pero sabía poner las cosas en su justa perspectiva, como un buen abuelo que trae consigo el perdón si hace falta la reprensión, y que sabe sanar las heridas que abre el contacto cotidiano entre los miembros de una familia demasiado numerosa y diversa.

Sus Misas eran una Cena del Señor donde todos se sentían acogidos. Sus prédicas, sencillas y breves, iban en busca del corazón. Su humor de cubano fino y hondo sabía despertar  las sonrisas dormidas.

Una mañana, en el salón de la facultad, varios profesores comentaban sobre cómo hablarles de las “penas del purgatorio” a los alumnos. Entró el P. Sardiña, se sentó y escuchó durante unos minutos. Después dijo: “Ha de ser como contemplar el Cielo desde la otra orilla, sabiendo que todavía hay que esperar para llegar a él, porque no lo quisimos lo suficiente. Ha de ser como si nos dijeran: Todavía no. Va a ser tuyo, pero todavía tienes que quererlo un poco más… Quiérelo un poco más”.

El P. Jorge Sardiña lo quiso con toda su alma, y enseñó a quererlo.

Allí ha de estar.