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Viniste a rescatarme
Yédica Leal
La Voz Católica
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Thomas
Awiapo, funcionario de Catholic Relief Services en su natal
Ghana, les habla a los empleados de la Arquidiócesis el 6 de
febrero, durante una reflexión de Cuaresma. Awiapo trabaja
alrededor de nueve semanas al año en una gira por los Estados
Unidos, contando su historia y agradeciendo a los católicos del
país su generosidad con el programa de Cuaresma “Plato de Arroz”
y otros proyectos de CRS. Ana Rodríguez-Soto/TFC |
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Cuando Thomas Awiapo y sus tres hermanos eran niños, peleaban
constantemente. No peleaban por juguetes o por quién ganó o
perdió un juego, sino por un plato de comida. “Nos íbamos a la
cama con hambre; no sabíamos lo que era desayunar o almorzar y
eran pocos los días que teníamos algo de comer”, recuerda Awiapo,
coordinador superior de Catholic Relief Sevirces (CRS por su
sigla en inglés) en Ghana, organización caritativa de la
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB
por su sigla en inglés) para el extranjero.
La visita de Awiapo a Miami es parte de una gira por diferentes
entidades católicas del país para promover la importancia de
cooperar con CRS y su programa de Cuaresma “Plato de Arroz”.
“Yo soy la cara de África, un continente herido por la pobreza,
la inanición, las enfermedades, las guerras y los conflictos”,
explicó Awiapo, agregando: “Yo soy un testimonio viviente de los
resultados de esta cajita”. La cajita es una alcancía de cartón
del tamaño de un plato: durante la Cuaresma, los católicos
ayunan, y el dinero que no usan para comprar alimentos para
ellos mismos, lo depositan en esa cajita y lo donan a CRS.
Awiapo nació en una pequeña y remota aldea en Ghana. Antes de
cumplir los 10 años de edad quedó huérfano, al fallecer sus
padres –y sus dos hermanos menores– en un período de tres años.
“Mis hermanos sufrieron una muerte lenta, una muerte de hambre e
inanición”, explicó Awiapo, recordando cómo tenían que dividir
un pequeño plato de comida entre los cuatro. Su hermano mayor
desapareció, dejándolo solo y desamparado. “Mi hermano huyó
porque ya no podía soportar el hambre y la miseria, y hasta el
día de hoy, treinta años después, no sé nada de él”, explicó.
Awiapo hubiera corrido el mismo destino de su familia si no
hubiera sido por la ayuda de CRS. “Ellos me trajeron el mensaje
de Dios, un mensaje de amor, esperanza y justicia”, señaló
Awiapo, quien hoy en día posee una maestría en administración
pública de California State University.
CRS construyó un colegio en la aldea de Awiapo y, como incentivo
para que los niños asistieran a clases, les ofrecían merienda y
almuerzo diariamente. “Nunca fue mi intención ir a la escuela;
nadie en mi familia había ido a la escuela, pero era el único
lugar donde me podía alimentar para subsistir”, recordó,
agregando: “Esa merienda me trajo esperanza, me trajo justicia,
restableció mi dignidad, mi humanidad; esa merienda me trajo
vida”.
Casi 7,000 personas mueren diariamente en África a causa del
Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH/SIDA), lo que ha causado
la ausencia de una generación completa y ha dejado a millones de
niños huérfanos. Tres mil personas, en su mayoría niños, mueren
diariamente de malaria en África, enfermedad causada por la
picada de un mosquito, y cientos de miles mueren de hambre todos
los días. “La solución no es construir más orfanatos, sino
promover la educación. Es la única manera de romper el ciclo de
sufrimiento”, explicó Awiapo.
Según CRS, que llegó a recaudar diez millones de dólares en
2007, diez niños comen con un dólar al día. “Cuando se sientan
tentados a botar comida, piensen en mí. No es mi intención
hacerlos sentir culpables de las bendiciones que Dios les ha
dado, pero es importante que extendamos esas bendiciones a
nuestros hermanos”, expresó Awiapo durante su presentación.
“Muchas cosas buenas están sucediendo gracias a su apoyo y
generosidad. Yo vengo a darles las gracias de parte de todos
esos niños de África, cuyas vidas se han transformado gracias a
ustedes”, concluyó Awiapo.
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