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Los haitianos necesitan la protección de su estatus
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Hace más de una semana, escribí una carta al presidente George
W. Bush y a cada uno de los senadores y representantes de la
Florida, solicitándoles urgentemente que nuestro gobierno
otorgue el estatus de protección temporal a los inmigrantes
haitianos en los Estados Unidos.
Decidí escribir dicha carta para apoyar una solicitud similar
hecha por el presidente haitiano René Préval, y también dada la
grave crisis humanitaria que nuestros vecinos continúan
padeciendo en Haití, la nación más pobre del Hemisferio
Occidental.
En la carta indiqué que nuestro propio Departamento de Estado
advierte a los americanos sobre los viajes hacia Haití, dado “el
peligro de crímenes violentos, especialmente los secuestros”
perpetrados por pandillas criminales. Dicha advertencia cita “la
falta de protecciones civiles en Haití, así como la limitada
capacidad de las fuerzas de seguridad” para ocuparse de dicho
elemento criminal.
A pesar de ello, continuamos deportando a los haitianos de
regreso a dicho ambiente, sin importar si tienen niños que sean
ciudadanos estadounidenses. Estas deportaciones obligan a los
padres a tomar una decisión horrorosa: abandonar a sus hijos
aquí, o y llevárselos a un lugar que nuestro propio Departamento
de Estado considera extremadamente peligroso, para mantener sus
familias intactas.
Aparte de la violencia criminal, Haití también sufre la
violencia de la naturaleza. Las lluvias torrenciales de la
tormenta tropical Noel, en octubre de 2007, provocaron
inundaciones y deslizamientos de tierra que mataron a 66
personas y destruyeron unos 20,000 hogares. El pueblo haitiano
aún no se ha recuperado de la destrucción ocasionada por la
tormenta tropical “Jeanne” en 2004, que causó la muerte de 2,500
personas y dejó desamparadas a otras 250,000.
Como señalé en mi carta, cuando el pueblo de El Salvador
enfrentó una tragedia similar en 2001, el gobierno de los
Estados Unidos consideró necesario otorgarle el estatus de
protección temporal. No sería difícil hacer lo mismo por los
haitianos.
Nuestras leyes de inmigración dan al secretario de la Seguridad
Nacional el derecho de otorgar el estatus de protección temporal
a cualquier grupo de inmigrantes, si considera que las
condiciones extraordinarias y temporales en el otro país hacen
que el regreso de los extranjeros sea inaceptable por razones
humanitarias [Sección 244(b)(1)(C) del Decreto de Inmigración y
Nacionalidad].
Tristemente y sin duda alguna, Haití es una nación agobiada por
condiciones humanitarias “inaceptables”. No sólo nos referimos a
la hambruna, a la pobreza y a la falta del cuidado de la salud
que imperan entre la mayoría del pueblo haitiano. Ahora hablamos
de la violencia impredecible y sin sentido, tan alarmante que el
presidente Préval ha solicitado a las Naciones Unidas que envíe
sus pacificadores para enfrentar a las pandillas criminales que
aterrorizan a los residentes de Port-au-Prince.
No hay otra manera de expresarlo: hasta que las condiciones de
vida mejoren significativamente, es moralmente incorrecto enviar
a la gente de regreso a Haití.
Mientras continuamos nuestra jornada de Cuaresma, recordemos que
el pueblo haitiano ha sufrido su propia versión de la pasión de
Cristo por más de dos décadas. Otorgar a los haitianos el
estatus de protección temporal en los Estados Unidos nos
permitirá aliviar su carga, de la misma manera que Simón el
Cirineo ayudó a Jesús a cargar la cruz hasta el Calvario.
Oro para que nuestros funcionarios electos opten por hacer lo
que es justo, misericordioso y moralmente correcto. Oro también
para que el peso insoportable de la violencia desenfrenada, la
inestabilidad política y la pobreza aplastante pronto sean
eliminados, para que el pueblo haitiano aquí y en la isla pueda
nuevamente experimentar la liberación gloriosa de la Pascua.
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