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Dios nos encontrará en medio del silencio
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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¿Qué les parece si apagamos el televisor durante esta semana?
¿O quizás si conducimos sin el teléfono celular?
¿Qué tal si apagamos la radio durante nuestros viajes hacia el
trabajo y de regreso al hogar?
Éste es el inicio de la Semana Santa, la culminación de la época
de Cuaresma. ¿Estamos preparados espiritualmente? ¿Hemos
escuchado a Dios durante estos 40 días?
Al principio de la Cuaresma, ofrecí algunas sugerencias para
mejorar nuestra preparación espiritual, como asistir a la Misa
diariamente y dedicar más tiempo a la oración.
Pero como sucede con las resoluciones de Año Nuevo, las
resoluciones de la Cuaresma tienden a ser abandonadas según pasa
el tiempo.
Por eso esta semana es tan importante. Los próximos días nos
ofrecerán una oportunidad para volver a concentrar nuestros
esfuerzos y nuestra energía de manera que podamos verdaderamente
experimentar una nueva vida en la Pascua.
Eso no se logra con facilidad en nuestro agitado mundo. Es
particularmente difícil para quienes deben cumplir con distintas
responsabilidades entre el trabajo y la familia, como lo hacen
muchas parejas en nuestros días. Los televisores permanecen
encendidos en los hogares 12 horas al día. Escuchamos la radio
en el automóvil. Nuestros jóvenes parecen estar conectados
permanentemente a sus iPods o a los juegos de vídeo, o
enviando constantes mensajes de texto a sus amistades y
charlando en la Internet.
Aunque todos estos aparatos modernos son convenientes, nos roban
la tranquilidad. Y es en el silencio, precisamente, donde
encontramos a Dios.
Estoy convencido de que Dios no compite con la tecnología. Cada
ruidoso aparato que conectamos a nuestros cuerpos ahoga su voz
en nuestras vidas.
Los Evangelios nos dicen que Jesús se retiró a orar en el
desierto. Hace 2,000 años, antes de los celulares, los iPods,
los reproductores de CD y las computadoras, antes de los
comerciales, los anuncios en las vallas y las luces de neón, el
Hijo de Dios buscó el vacío y la soledad del desierto. Cuando
deseaba estar cerca de su Padre celestial, dejaba atrás a sus
discípulos y a la muchedumbre que le seguía, y buscaba a Dios…
en el silencio.
Nosotros debemos hacer lo mismo.
Varios autores espirituales han expresado que Dios es el único
que puede llenar nuestro vacío, y que debemos vaciarnos de
nosotros mismos para encontrar a Dios.
Por eso es que la gente asiste a los retiros. Acude a un lugar
apartado, lejos de las preocupaciones y las distracciones de la
vida diaria, para acercarse a Dios.
Hagamos un esfuerzo para que esta Semana Santa sea similar a un
retiro espiritual. Disminuyamos los decibeles. Reduzcamos el
ritmo. Busquemos al Altísimo en el silencio de nuestros
corazones. Allí Él espera el momento para hacer que su voz se
escuche. Allí espera hasta que reservemos tiempo para
dedicárselo a Él.
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