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“Porque he pecado”
Expertos aclaran la confusión
sobre el sacramento de la penitencia.
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
El P. Jesús Bohórquez nunca pensó que escucharía la confesión de
su párroco.
Pero tanto él como Mons. Kenneth Schwanger, párroco de St.
Jerome, en Fort Lauderdale, tuvieron que hacerlo un sábado en
Adviento, cuando programaron un servicio comunitario de
reconciliación seguido de confesiones individuales.
“Nadie vino”, recordó el P. Bohórquez.
Ambos sacerdotes decidieron realizar el servicio de todas
maneras, y escucharon sus respectivas confesiones.
La experiencia del P. Wilfredo Contreras en la parroquia de St.
Brendan, en el vecindario de Westchester, Miami, y en St. John
Bosco, en la Pequeña Habana (donde sirvió previamente) ha sido
completamente distinta.
El P. Contreras recordó que, durante los fines de semana, la
cola para confesarse antes de las Misas era tan larga que la
gente sabía que debía llegar temprano. “Son comunidades muy
conscientes sobre el pecado”.
Por otra parte, eso representa un problema para el sacerdote.
“Sólo tienes 30 minutos y afuera hay una cola con más de 20
personas”, explicó el P. Contreras. Para economizar tiempo, no
todo puede hacerse estrictamente de acuerdo con el nuevo rito de
la penitencia, emitido por el Vaticano en 1974.
Eso no es extraño, dijo el sacerdote benedictino Ephrem Carr,
profesor del Pontificio Instituto Litúrgico, en Roma. Uno de los
problemas en la actualidad es que “el nuevo rito de la
penitencia no ha sido puesto en práctica del todo por la mayoría
del clero y las parroquias”.
El P. Carr fue uno de los oradores principales, ambos
benedictinos del Instituto Pontificio, que participaron en el V
Simposio Litúrgico anual realizado el 23 de febrero y
patrocinado por el instituto, la Universidad St. Thomas y la
Oficina Arquidiocesana del Culto.
Su homólogo en español fue el P. Juan Javier Flores, presidente
del instituto. Ambos se presentaron ante más de 100 personas, la
mayoría estudiantes del programa de ministerios laicos.
Antes de iniciar su presentación, Mons. Terence Hogan, rector de
la Catedral St. Mary y director de la Oficina Arquidiocesana del
Culto, explicó por qué seleccionó el sacramento de la penitencia
como el tema del simposio de este año.
Hace dos años, el Consejo Presbiteral realizó un estudio entre
los sacerdotes y los laicos de la Arquidiócesis. Los resultados
fueron “muy fuertes y claros”, expicó Mons. Hogan. “Existen
muchas diferencias culturales sobre la comprensión de este
sacramento”.
De acuerdo con el P. Carr, además de dichas diferencias existe
un problema mayor: la gente no entiende claramente el propósito
y el significado del sacramento. El primer error es creer que la
confesión es un asunto privado entre el pecador y Dios, o entre
el penitente y el sacerdote.
El P. Carr explicó que “cuando pecamos, nos causamos daño a
nosotros mismos y causamos daño a los demás, y no podemos
curarnos nosotros mismos” más de lo que podemos automedicarnos
para los padecimientos físicos o sicológicos.
Como el pecado grave siempre ocasiona daño a toda la comunidad
de creyentes, “la reconciliación es con Dios y con la Iglesia.
La reconciliación no puede ser algo privado entre Dios y yo”.
Advirtió que otra de las ideas equivocadas que tienen muchas
personas en estos días es pensar: “sólo es un pecado venial”.
Pero “los pecados veniales son importantes. Vale la pena ir a
confesar los pecados veniales. Son una fuente de infección en
nuestras vidas, un veneno que afecta nuestra vida cristiana todo
el tiempo”.
Para más información
• El Código de Derecho Canónico trata el sacramento de la
reconciliación en el Libro 4, Capítulos 1-3, Canon 959 al
991. Puede encontrar la versión oficial en distintos idiomas
en el portal digital del Vaticano:
http://www.vatican.va/archive/cdc/index_sp.htm.
• El Catecismo de la Iglesia Católica también trata el
sacramento de la penitencia en los números 1422 a 1498.
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