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Para aprender de San Pablo
La historia de su conversión es una lección
para los cristianos de hoy, dice un sacerdote.
Ana
Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
Cuando Saulo cayó de su caballo, ¿cambió su vida?
La conversión del Apóstol de los Gentiles no es tan simple como
parece, de acuerdo con un sacerdote local que ofreció una
disertación sobre San Pablo.
El P. Miguel Gómez, párroco de Santa Bárbara, en Hialeah Gardens,
se dirigió a quienes asistieron a una reflexión de Cuaresma el
16 de febrero, en anticipo del Año Paulino –del 28 de junio de
2008 al 29 de junio de 2009–, para celebrar el aniversario 2,000
del nacimiento del apóstol.
El Día de Reflexión fue patrocinado por la Universidad St.
Thomas, Pax Romana y las Hijas de San Pablo. Fue
anunciado casi exclusivamente a través de la Internet, y atrajo
a un gran número de jóvenes.
Eso no fue casualidad, explicó el Obispo Auxiliar Felipe J.
Estévez. “Pensamos que los jóvenes adultos necesitan renovar su
fe a la manera de Pablo, para que se conviertan en
evangelizadores en sus distintos ambientes”.
“El Papa Benedicto XVI nos ha dicho que necesitamos renovar el
espíritu (paulino) en la Iglesia”, dijo la Hna. Tracey Dugas, de
las Hijas de San Pablo, congregación religiosa dedicada al uso
de los medios de comunicación para la evangelización, como lo
hizo Pablo en su época.
El Año Paulino “es una buena excusa para regresar al origen,
porque él escribió la mayor parte del Nuevo Testamento y casi
siempre lo escuchamos sólo una vez a la semana, en la Misa”,
añadió la Hna. Dugas.
Aunque la mayoría de la gente está familiarizada con la historia
de la conversión de San Pablo –quedó ciego en el camino hacia
Damasco y escuchó a Jesús preguntarle: “Saulo, Saulo, ¿por qué
me persigues?”–, interpretar su conversión como la de un pecador
que cambió su vida, o la de un hombre que cambió de alianza (del
judaísmo al cristianismo) es tener “un entendimiento abreviado”
sobre el mismo, indicó el P. Gómez.
Después de todo, San Pablo no se veía a sí mismo como un
pecador. “Se consideraba sin culpa, sin faltas”, un judío que
defendía su fe. Sin embargo, “la actitud que tenía hacia Dios
estaba totalmente equivocada”, explicó el P. Gómez. “Pablo no
vivía el evangelio de la gracia, sino el de la santurronería”.
Eso le llevó a verse “no como el servidor, sino como el amo, el
poseedor de la verdad”, dijo el sacerdote. Le llevó, como lleva
a muchos en la actualidad, “a toda clase de acciones
despreciables” y a la “violencia ideológica”.
Añadió que “Pablo nunca hubiese confesado que era débil o que
era frágil. En eso consiste la hipocresía religiosa, [creer] que
eres el agente de tu propia salvación”.
Eventualmente, se da cuenta de que presumía de su propia
rectitud y de que se había convertido en el verdugo de personas
inocentes. Entonces tuvo que rehacer su vida desde el principio.
San Pablo experimentó una conversión profunda, y se dio cuenta
de que la fe no es una posesión, sino una gracia, dijo el P.
Gómez. “Era un don, no el resultado de sus esfuerzos”.
El sacerdote añadió que la lección que los cristianos de hoy
pueden recibir de San Pablo es que deben evaluar su vida
espiritual y preguntarse: “¿Qué hay en mí que sea similar o
diferente a la experiencia de Pablo? ¿Qué es lo que me hace ser
como soy ante Dios? ¿Cuál de mis posesiones evita que yo acoja
con absoluta libertad el don que Dios me da?”
Mons. Stephen Bosso, profesor de Escritura del Seminario
Regional St. Vincent de Paul, en Boynton Beach, y segundo orador
del día, ofreció un consejo distinto.
“Cuando se trata del lenguaje, Pablo es un genio”, dijo Mons.
Bosso, y explicó que su manera de escribir es “muy descriptiva…
repleta de imágenes”.
Sugirió a la gente leer las Epístolas de San Pablo “línea por
línea, imagen por imagen”.
“Cada vez que encuentren una imagen distinta, deténganse y
reflexionen”, dijo Mons. Bosso. “Utilicen las imágenes para su
propia reflexión espiritual”.
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