Disfrutar de los años

 P. Eusebio Gómez, OCD

Un loco sirvió al rey de Polonia por más de veinte años. Pero un día el loco hizo comentarios que disgustaron a su Majestad. El rey dio orden de que lo ejecutaran.

La víspera del día previsto, el rey mandó llamar al loco y le dijo que escogiera la manera de morir, en reconocimiento a los servicios que había prestado.

“Señor”, exclamó Mendl el Loco, “si no te parece mal, escojo morir de viejo”.

Todos quisieran morir de viejos, pero en buena forma y sin dolores.

Al cantante Julio Iglesias le preguntó un periodista : “Para ti, Julio, ¿qué es el cielo?”

“Cantar”, respondió el artista.

“¿Y el infierno?”, inquirió el periodista. “El infierno”, contestó Iglesias, “es todo cuanto me rodea”.

Por desgracia, ésta puede ser la respuesta de muchas personas: en infierno se convierten los otros, la convivencia.

Una señora bien equilibrada y orgullosa, de 92 años de edad, se mudó a una residencia de ancianos al fallecer su marido. Después de esperar un tiempo para que le dieran la habitación, cuando le dijeron que ésta se encontraba lista, respondió: “Me encanta”. Y lo dijo con el entusiasmo de un chiquillo de 8 años al que acaban de mostrarle un cachorro. “Señora Jones, usted aún no ha visto el cuarto… espere”.

“Eso no tiene nada que ver”, dijo ella. “La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste”, continuó, “no depende de cómo esté arreglado el lugar; depende de cómo yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encantaría. Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme”.

Nuestra incapacidad para disfrutar de lo que tenemos nos viene porque ponemos la riqueza en el poseer, en el poder, en la belleza física, en la salud, en el dinero. Y es cierto que todo esto nos puede ayudar, pero ahí no radica la fuente de la felicidad, porque el dinero, concretamente, no es un pasaporte a la felicidad. El triunfo, la felicidad, consisten en la superación de las dificultades. Es necesario aprender a aprovechar las dificultades para gozar de lo que se tiene, para triunfar. Tenemos que aprovechar las dificultades como instrumentos para el triunfo.

A cualquier edad se puede ser feliz o desgraciado. Podemos pasarnos todo el día quejándonos por lo que nos falta, o, por el contrario, dando gracias por todo lo que tenemos. Dicen que la vejez es como una cuenta bancaria: uno extrae de lo que había depositado en la vida.

No necesitamos muchas cosas para ser felices, sólo:

  • Liberar el corazón de odio.

  • Liberar la mente de preocupaciones.

  • Vivir humildemente.

  • Dar más.

  • Esperar menos.

A todos nos cuesta liberar la mente de preocupaciones y no vivir en un pasado de tristeza, especialmente al anciano. Paulo Coelho nos recuerda que la vida siempre tiene que mirar hacia adelante, nunca hacia atrás: “La vida está adelante, nunca atrás. Si andas por la vida dejando puertas abiertas, por si acaso, nunca podrás desprenderte, ni vivir lo de hoy con satisfacción… Cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque tú ya no encajas allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio”.

“¿Puede engendrar felicidad la adversidad?”, pregunta José Luis Martín Descalzo. Él mismo da esta respuesta: “Puede engendrar, al menos, muchas cosas: hondura de alma, plenitud de condición humana, nuevos caminos para descubrir más luz, para acercarnos a Dios. Por eso no hay que tenerle miedo al dolor. Lo mismo que no le tenemos miedo a la noche. Sabemos que el sol sigue saliendo aunque no lo veamos. Sabemos que volverá. Dios no desaparece cuando sufrimos. Esta ahí, de otro modo, como está el sol, cuando se ha ido de nuestros ojos”.

No hay muchas condiciones para alcanzar la felicidad. San Francisco de Sales decía a la gente: “Hay dos cosas que hay que tratar de conseguir en la vida, y que si se consiguen producen muy alta felicidad: La primera es lograr realizar los buenos deseos que se tienen. Y la segunda es disfrutar de lo bueno que se ha conseguido”. A veces ponemos todo nuestro empeño en alcanzar una meta, y luego, una vez lograda, no disfrutamos de ella.

Sacerdote carmelita descalzo.
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