La espiritualidad y la técnica al servicio
de las diócesis del mundo

Entrevista al P. Fidel Suárez, director general del
Movimiento por un Mundo Mejor.

Carlos Alberto Vélez Venegas
Especial para La Voz Católica

 El P. Fidel Suárez, invitado por la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, de Miami, en un momento de su exposición.
Cortesía de Carlos Alberto Vélez Venegas
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Cien diócesis del mundo han puesto en marcha un nuevo sistema de animación y de control de gestión liderado desde Roma a través del Servicio de Animación Comunitaria, del Movimiento por un Mundo Mejor.

“Una constante en pastoral es el desfase entre la doctrina y la realidad, entre lo que se desea y lo que se realiza”, dijo el P. Fidel Suárez, director general del movimiento, asociación privada de fieles reconocida por el Pontificio Consejo para los Laicos del Vaticano y fundada por el jesuita Ricardo Lombardi en 1952.

Invitado por la Cofradía de la Virgen de Chiquinquirá de Miami, el P. Suárez explicó el proyecto de renovación diocesana, el cual parte de un análisis de la realidad, tanto sociocultural como pastoral de las diócesis, y luego “hace el salto cuántico propio de la metodología prospectiva, para crear la imagen ideal de diócesis y definir después un itinerario de evangelización”.

El sacerdote Suárez citó como ejemplos el proceso desarrollado por la diócesis de San Gil, Colombia, y la de Chulucanas, en el noroeste del Perú. En esta última, después de 30 años, se cuenta con 33 mil servidores de la comunidad entre catequistas, mensajeros, coordinadores de sector, responsables de pastoral de la niñez y de la juventud, entre otros.

“La clave de este proyecto es la espiritualidad de comunión, la cual pide traducir la conversión no solamente en proyectos personales, sino también en proyectos comunitarios, uniendo espiritualidad, reflexión teológico-pastoral y metodología. Con este trípode es posible llevar adelante procesos de renovación eclesial y social con la participación de todos y con la posibilidad de evaluar los resultados”.

En entrevista con La Voz Católica, el P. Suárez, doctor en teología, se refirió a temas que son hoy preocupación de la Iglesia, como la formación de sacerdotes, las maneras de realizar la obra pastoral en el mundo, y la religiosidad popular, entre otros.

¿Usted considera que actualmente en el mundo se está haciendo un buen ejercicio de pastoral? ¿Qué prevalece?

Prevalece todavía en la Iglesia esa visión más racionalista, que lleva a que muchas cosas se queden en documentos, pero sin pasar a la parte operativa ni traducir en lo concreto toda esa doctrina maravillosa. El cuello de botella sigue siendo en muchos casos la traducción a procesos concretos y evaluables.

¿Cómo lograrlo, y qué metodología se propone?

Nosotros, en el proyecto, manejamos la metodología prospectiva. El énfasis se coloca en el ideal de diócesis que se quiere lograr. En este sentido coincide con el esquema general de la Biblia. La Biblia siempre tiene el sentido de futuro: la esperanza de lo nuevo y de lo que ha de venir es una de las claves fundamentales. La mirada puesta en la Tierra Prometida, en los Tiempos Mesiánicos, en el Reino… Pero con la conciencia clara de la realidad actual, de lo concreto, de lo cotidiano, de lo local… Esto es lo que hace posible una fe histórica y encarnada en la realidad. De esta manera es posible asumir compromisos concretos de renovación y transformación de la historia y de las culturas.

¿Qué se prevé desde el Vaticano, y cuál es la preocupación actual?

Una preocupación grande de este pontífice, por ser un papa teólogo, es el tratar de clarificar la verdad. Por eso con frecuencia ha hablado de la fe y la razón, y del peligro del relativismo. Pero a esa inquietud del Papa habría que añadir justamente otra: cómo traducir operativamente la verdad doctrinal. Este año, en octubre, se va a realizar el Sínodo sobre la Palabra. Tema importante para la pastoral, porque el estilo de pastoral depende del enfoque y comprensión que se tenga de la Palabra. Hoy en la Iglesia hay una fuerte tendencia al fundamentalismo, con debilitamiento de la tendencia histórico-salvifíca, más característica de la Biblia, en la que se buscaba interpretar y leer la acción de Dios en la historia. Se desvanece la práctica de la lectura de los “signos de los tiempos” reasumida por el Concilio Vaticano. Confiemos en que el Sínodo sobre la Palabra recupere la gran conquista del concilio, de creer en la acción salvadora de Dios aquí y ahora, leerla, interpretarla y proclamarla a través de la evangelización, entendida como “proclamación de la Buena Noticia” de la presencia y acción de Dios en la historia.

¿Cómo se realiza esa integración?

Asumiendo de nuevo en serio la lectura de los signos de los tiempos, para percibir y proclamar la acción salvadora de Dios en la historia, teniendo como luz y apoyo los criterios de la revelación bíblica y de la tradición de la Iglesia. Sobre esta base, y con la fuerza atrayente de una nueva imagen de Iglesia y de sociedad, surge el compromiso de todos los bautizados para convertirse en “sujetos” y “protagonistas” del cambio eclesial y social.

¿Cómo entender la formación de los futuros sacerdotes y servidores de la Iglesia dentro del proceso de renovación diocesana?

Ése es un punto serio que hay en la vida de la Iglesia actual. El modelo de seminario todavía vigente, fundamentalmente, es el del Concilio de Trento. Es urgente repensar el modelo de seminario que corresponda al Concilio Vaticano II. Fue la pregunta que nos hicimos cuando tuvimos claro el Proyecto de Renovación Diocesana: ¿cómo formar a los futuros ministros laicos y presbíteros, con capacidad para promover procesos de renovación y transformación tanto de la Iglesia como de la sociedad?

¿Cuál es el nuevo modelo de Iglesia que se busca con el Concilio Vaticano II?

Es el modelo de comunión que surge del misterio trinitario, que es de “interrelación” y que se parece más al de una “familia”. Contrasta con el modelo de Iglesia del Concilio de Trento, que es el de “sociedad perfecta”, más de corte piramidal.

Y ese modelo de Iglesia, ¿lleva por consiguiente un modelo de sacerdote? ¿Cuál es?

El presbítero tendría que ser más un servidor de la comunidad, de tal manera que sea capaz de promover el protagonismo de todos los bautizados. El nuevo modelo de sacerdote no es el que hace todas las cosas, y el que dirige y el que ordena todo, sino el que coordina, anima y promueve, a fin de que todo el pueblo de Dios sea sujeto y protagonista de la renovación de la Iglesia y de la sociedad.

¿Cómo ve usted esos casos de sacerdotes vinculados a la música, a los medios de comunicación? A su juicio, ¿es un buen ejercicio de pastoral?

Yo lo leería con la terminología del documento de Aparecida: son los nuevos areópagos en el mundo actual, y me parece que incursionar por ahí es importante, porque la Iglesia no puede descuidar ningún ámbito, y debe buscar una presencia a través de todas las formas de la cultura.

Y el laicado, ¿qué papel juega allí?

Fundamental, porque es la base del pueblo de Dios. El Concilio Vaticano II cambió la pirámide. Siempre se hablaba primero de la jerarquía, después de los religiosos y, finalmente, de los laicos. El Concilio dice: primero hay que hablar del conjunto; todos somos Pueblo de Dios. En el interior de lo que es común a todos, está el servicio de la jerarquía en la edificación del Pueblo de Dios, que en su mayoría es laical. Una iglesia que no quiera ser laical, está fuera de contexto.

 Periodista independiente.
michicolovelez@gmail.com